Lactancia y verano: pautas y tips para transitarla de manera segura

Todos los temas que rodean a la lactancia (tanto a la madre que amamanta como al/la bebé que lacta), están llenos de mitos; muchos de ellos no hacen ni bien ni mal, mientras que otros tienen el poder de convencernos sobre ciertas prácticas que no siempre son beneficiosas.

PH: Lets Family

¿Qué cuidados tener?

La hidratación de la mujer que amamanta es un tema siempre, y especialmente en verano, por eso muchas veces surgen preguntas como ¿cuánta agua tiene que tomar? ¿la cantidad de agua que toma determina su producción de leche?

Amamantar puede generar sed (principalmente en los primeros meses). ¿Lo indicado? Sentarse a amamantar con líquido cercano. No esperar a que aparezca la sed.

Indicar tantos litros de líquido no nos parece adecuado ya que la producción de leche no depende de los líquidos ingeridos.

Es importante que la mujer que amamanta tenga una alimentación equilibrada, variada y en sintonía con la estación del momento.

Amamantar genera un gasto de energía y por lo tanto calor, por lo que es posible que los requerimientos de la madre sean mayores en verano. Evitar las bebidas azucaradas y preferir el agua y los jugos naturales.

Buscar un lugar fresco de la casa. Evitar la exposición a sol en los horarios no recomendados.

Descansar en la medida de lo posible.

Por otro lado están los cuidados de los/las bebés, que se establece según el tiempo de vida.

De 0 a 6 meses

Los/las bebés que aún no han iniciado el proceso de incorporación de sólidos no tienen necesidad de hidratarse con agua ya que la leche con la cual se alimentan cubre todos los requerimientos.

Alimentados con leche materna: No requieren agua extra para estar bien hidratados. La leche materna contiene un 88% de agua y su osmolaridad semejante al plasma, permite al niño/a mantener un perfecto equilibrio electrolítico.

 

Fuente: Perfil – Marie Claire

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Chicos sin clases, ¿niños aburridos?

Arrancan las vacaciones y, para aquellas familias que no empalman la rutina escolar diaria con la colonia de verano, los días de los niños en casa son un desafío. ¿Los «entretenemos»? ¿Buscamos actividades? ¿O los dejamos descansar? La inminente frase «estoy aburrido/a» puede condicionar las decisiones, o hacer aparecer la tablet o el celular. Es que la sugerencia es, siempre, «más aire libre» pero el sol intenso de verano también hace buscar sombrita para esquivar los rayos UV.

PH: Clarín Entremujeres

¿Sirve para algo el aburrimiento?

Al terminar las actividades escolares y extraescolares del año, los chicos se enfrentan con tiempo libre​. «Ese tiempo está destinado al descanso, a la diversión, al desarrollo de la personalidad y a la sociabilidad, por lo que tenemos que contemplar el descanso activo, es decir, libertad para poder divertirse o tener actividades en las que puedan sentirse entretenidos y sean valiosas», dice a Entremujeres Clarín Ángela Nakab, médica especialista en pediatría, presidente de la subcomisión de medios y comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Para Héctor Pedicino, médico pediatra y presidente de la SAP Córdoba, sugiere no recargar con nuevos horarios y actividades a los niños. «Durante el periodo escolar se vieron obligados a cumplir miles de rutinas (escuela, idiomas, deportes, etc.), por lo que estaría bueno un poco de libertad. Por ejemplo, distender un poco los horarios de sueño».

«Los niños son activos por naturaleza y tenemos que evitar que se vuelvan adultos sedentarios y la pasen lo mejor posible; para eso, hay muchas actividades que los padres, abuelos, tíos o cuidadores pueden proponer, porque el tiempo de ocio permite la creatividad, la posibilidad de pensar y reflexionar, y eso es lo que tenemos que intentar hacer con los chicos en los momentos en los que no tienen actividades formales y organizadas», menciona Nakab.

Por eso, la médica resalta los aspectos positivos del aburrimiento, que tienen que ver con la estimulación de la creatividad, la reflexión y la imaginación. Les da la posibilidad de pensar qué les gustaría hacer. «Es una manera de que el niño esté consigo mismo, vea qué puede hacer con ese tiempo disponible, y cómo puede utilizarlo mejor, es parte del crecimiento», asegura.

Tiempo de calidad: jugar con ellos

«Lo primordial en los niños es el juego», dice Ángela. «Mediante el juego, el niño -dependiendo la etapa de desarrollo en la que se encuentra- desarrolla el lenguaje, la simbolización, la psicomotricidad y todo lo que tiene que ver con lo emocional y lo cognitivo. No tiene que ver solamente con juguetes sofisticados, sino con el momento compartido con el otro».

Rutinas, trabajos, obligaciones… Hacerse un tiempo para jugar con ellos es clave. Media hora o 45 minutos de juego diario, con un adicional los fines de semana, es la sugerencia que se repite. La psicóloga Mercedes Faiad, especialista en trastornos de ansiedad y psicodiagnóstico infantil y miembro del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA), dice que «lo más importante es que el adulto se pliegue al juego, porque muchas veces están pensando tanto en las tareas que tienen que hacer que no se permiten sentarse a jugar con los chicos. Les da culpa, sienten que están perdiendo el tiempo: se ocupan de lo académico, de la salud, de lo cotidiano (cocinarles, bañarlos…), pero no se ocupan de jugar con ellos, y es súper importante, porque los niños establecen el vínculo, aprenden y establecen la confianza a través del juego. Ellos siempre van a querer jugar, lo importante es que nosotros dediquemos ese tiempo en hacer una actividad que ellos disfruten».

La soga, el elástico, la pelota. La vuelta a los juegos tradicionales también es una opción recomendada. Pedicino sugiere volver a los juegos en familia, como los juegos de mesa. «A los niños les gusta compartir con los padres y hermanos actividades conjuntas. Para los más chicos, dibujar, jugar con plastilina (no tóxica) o pintar».

También es bueno incentivar actividades al aire libre, con las precauciones para evitar quemaduras solares y golpe de calor, dice Pedicino. Esto es:

  • Hidratarse, beber agua segura con mayor frecuencia aún sin sed.
  • Elegir lugares frescos, ventilados y mojarse frecuentemente.
  • Aumentar la frecuencia de las mamadas en los más chiquitos; estimular siempre la lactancia materna.
  • No realizar deportes o actividad física al aire libre los días de mucho calor.

Limitar las pantallas

La idea es que las pantallas no sean la única alternativa, ya que se recomienda limitar su uso a dos horas diaria en total. «Las nuevas tecnologías -teléfono, TV, pantallas- forman parte de nuestra vida cotidiana y no hay que renegar de ellas, pero sí hay que tener en cuenta que irrumpieron con mucha fuerza en el tiempo libre de los chicos y muchas veces reemplaza al juego activo, al deporte, la conversación, a la lectura e, inclusive, restan horas de sueño en las diferentes etapas de la vida», comenta Nakab.

Entonces, «la idea no es sacarles las pantallas, sino mejorarles la utilización y acotar el tiempo dedicado a ellas, y que los chicos sepan anticipadamente cuánto tiempo pueden estar, cuál es la decisión familiar respecto a esto, y que pueden compartir lo que hacen en las pantallas con padres, hermanos o tíos para que no genere una situación de aislamiento de los chicos».

«La sociedad que venimos creando deja muy poco margen para la creatividad. Los juegos modernos juegan por los niños. Es muy común que los padres escuchemos la frase ‘Estoy aburrido’. Tal vez nuestra respuesta es conectar el niño a alguna pantalla y así tener la falsa idea de que esto soluciona el problema -dice Pedicino-. La alternativa es dar la oportunidad a que el niño imagine, invente un mundo con sus juguetes o juegue roles (que está jugando la final de la Copa del Mundo, que es maestro de grado o bombero); que los más pequeños hagan lo suyo con un amigo invisible y los más grandes, con uno visible, pero la niñez se distinguió siempre por su creatividad y vivencia de historias. Los papás podríamos hacer memoria, traer nuestros juegos de ayer y compartirlos con los más chicos. Sería un buen comienzo».

 

Fuente: Clarín Entremujeres

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Charlar con nuestros hijos: ¿cómo evitar los monosílabos?

El diálogo fluido y de calidad con los niños es algo difícil de conseguir. En general, los más chicos suelen ser reservados al momento de contar lo que hicieron en el día o de hablar de aquello que piensan, sienten o les preocupa. Pero lograr una comunicación verdadera con ellos resulta fundamental tanto para la comprensión del presente como para la generación de la confianza necesaria pensando en conversaciones íntimas a futuro. Promover el diálogo familiar ayuda a una mejor convivencia y a un mayor conocimiento entre los miembros de la familia. «Por la comunicación pasa la vida porque los vínculos se construyen y se sostienen mediante el diálogo», asegura Marisa Russomando, licenciada en psicología especialista en crianza y maternidad.

PH: La Nación

Comunicación, no interrogatorio

Pero, ¿cómo hacer para promover la comunicación con nuestros niños si ellos suelen responder a nuestras preguntas con monosílabos? En principio se trata de formular las preguntas adecuadas para dejar que ellos se expresen lo máximo posible. «Las preguntas abiertas son un buen inicio para el diálogo. Hay que estar atentos a no confundir una conversación con un interrogatorio de rutina porque la comunicación es mucho más que la información. No es lo mismo recibirlos cuando apenas salen del jardín con un repertorio de preguntas – ¿tomaste la leche?, ¿a qué jugaste?, ¿qué comiste?- que con un simple ¿Cómo estuvo tu día? que invita a contar, a armar un relato», señala Gabriela Nelli, licenciada en psicología de Alojar, institución especializada en maternidad y crianza. En este sentido, Russomando aconseja también apelar al silencio: «Si vamos a buscarlos a jardín los recibimos con una sonrisa y un beso, nos quedamos callados y esperamos que sean los mismos niños los que empiecen a contar de manera natural».

Otra buena estrategia para generar una conversación es iniciarla uno/a mismo/a a partir de un relato de algo que hayamos hecho o nos haya pasado en el día. «Muchas veces cuando les hacemos preguntas los niños no saben qué responder y se quedan callados. En estos casos, una alternativa es comentar cómo nos fue a nosotros para que ellos aprendan a organizar sus propias experiencias y se animen a armar sus relatos sobre aquello que les estamos preguntando», sugiere la licenciada en psicología María de las Mercedes Lotufo, profesora de la Licenciatura en Psicología de la UADE.

El timing

De nada sirve contar con una serie de preguntas jerarquizadas y amplias para hacer a nuestros niños si no logramos dar con el momento adecuado para hacerlas. Las especialistas coinciden en que una de las variables para lograr una buena comunicación con los niños es identificar las ocasiones en las que ellos se encuentran disponibles para conversar. «En las comidas, yendo o volviendo del jardín a casa, mientras se bañan, antes de dormir. Lo que está bueno es estar atentos a los momentos en los que nuestro hijo tiene ganas de conversar tanto promoverlo como para uno estar preparado y disponible», indica Russomando.

Lo cotidiano es el espacio de tiempo en el que se darán las conversaciones con nuestros hijos por lo que cualquier situación es susceptible de convertirse en un momento de diálogo. Y si la idea es promoverlo, entonces, deberemos mostrarnos disponibles a través de los gestos y las actitudes. En este sentido, Lotufo señala que «para una mejor comunicación es aconsejable colocarnos a su altura, ya sea arrodillándonos o agachándonos para ponernos cara a cara. Esta actitud nos hará más accesibles, generando una sensación de igualdad por parte del niño ya que no sólo nos comunicamos con palabras sino que también lo hacemos mediante gestos. Escucharlo con interés y atención, mirarlo cuando nos hable y cuando no nos hable también. No todo lo que quiera decir saldrá de sus palabras».

La comunicación de los sentimientos

«Hablar de lo que se siente no sólo representa un desahogo, también ayuda a identificar sentimientos, a poner las cosas en su justo lugar, a empatizar con el otro, a cambiar puntos de vista y a aliviar ansiedades», señala Nelli para destacar lo importante que es que los niños aprendan a comunicar sus sentimientos.

Si bien todos los posibles diálogos con nuestros hijos son importantes, aquellos referidos a sentimientos resultan cruciales porque aprender a identificarlos con palabras permite gestionarlos mejor. Así lo indica la especialista de la UADE: «En la medida en que podemos nombrar lo que nos sucede, podemos comprenderlo mejor. Como adultos debemos ayudar a los niños a reconocer sus sentimientos para que puedan aprender a regularlos. Esto fomentará el desarrollo de una buena autoestima y les brindará la posibilidad de mejorar el bienestar personal y social».

Y acá se trata de empezar por nosotros mismos como padres. Así lo asegura Nelli cuando dice que » para poder ayudar a nuestros hijos a que se animen a hablar de lo que sienten es fundamental que primero seamos nosotros los adultos los capaces de identificar, aceptar, transmitir y elaborar las situaciones que nos movilizan los sentimientos que nos generan. Sólo así podremos acercarnos a nuestros hijos y darles muestras en hechos concretos de que podemos escucharlos con empatía y de que tenemos genuino interés por enterarnos de sus cosas».

 

Fuente: La Nación

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Las primeras vacaciones del bebé

Llegó el momento de tomarnos unos días y a diferencia de otras vacaciones, éstas serán las primeras con un bebé. Es importante tener en cuenta algunas cosas cuando planifiquemos el tipo de viaje a realizar.

PH: Planeta Mamá

Ahora que la familia se agrandó hay que planear las primeras vacaciones del bebé pensando también en qué será lo mejor para él o ella.

¿Playa o sierra? ¿Le hará mal al bebé viajar en avión? ¿Y un viaje en auto de tantas horas? En fin, surgen un montón de dudas a la hora de estrenar estas primeras vacaciones.

Como primera medida debemos tener en cuenta que los niños menores de un año no pueden estar expuestos al sol, deben estar a la sombra y aún así, debemos protegerlos del reflejo solar colocándoles un protector con factor de protección solar superior a los 50, es decir pantalla total

En las vacaciones solemos despojarnos de la rigurosidad de los horarios, y no nos gusta estar atados al reloj, es decir queremos hacer lo que durante el año no podemos. Pero a los niños pequeños estas modificaciones le cuestan mucho, por lo que es aconsejable tratar de mantener las rutinas del niño. Si conservamos la misma hora de sus comidas, de sus siestas, del baño, lo ayudará a adaptarse mejor al nuevo lugar y a no extrañar su casa.

Ir a la playa o a las sierras

A la hora de elegir el destino hay cuestiones a tener en cuenta. Lo mejor es elegir un único destino para pasar las vacaciones, ya que los chicos sienten los cambios y si estamos cambiando de lugar cada dos o tres días no les damos tiempo a adaptarse.

Si sos de las que gustan estar todo el día en la playa, de la mañana al atardecer, tomar mucho sol y pasar horas frente al mar, la playa es un destino incómodo. Los bebés menores de 6 meses no pueden pisar la playa, porque al estar bajo una sombrilla o una carpa, el simple reflejo del sol puede provocarles quemaduras de sol ya que su piel es muy sensible. Si a eso le sumamos el calor y el viento, los niños en general no lo disfrutan y suelen inquietarse.

Los mayores de 6 meses pueden concurrir pero dentro de un horario limitado: de 9 a 10.30 hs. por la mañana y después de las 16 hs. por la tarde, para evitar los rayos de sol más peligrosos y también el pico de temperatura de ese «horario prohibido». Siempre debemos evitar los rayos directos de sol y ponerlo a la sombra, y aún así con pantalla total, remera y gorrito.

Pueden mojar sus piecitos en el mar si lo desean y jugar con arena, pero siempre controlando que no se la lleven a la boca, situación que resulta bastante difícil de evitar.

Consejo: si la elección es ir a un lugar con playa hay que organizarse muy bien, ir muy temprano a la mañana y volver a la media mañana para que el niño descanse -generalmente hacen una siestita antes de almorzar-. A la tarde se puede optar por volver a la playa luego de las 16 hs. o bien hacer otros paseos. Todos los lugares ofrecen otras alternativas: cuando hay un bebé en casa, hay que ser creativos.

La sierras o las montañas es un lugar ideal para niños menores de 6 meses. De todas maneras también hay que proteger a los niños del sol colocándoles una pantalla total, remera y gorro. Estos paisajes nos dan la opción de realizar caminatas con los niños, sea en el cochecito o en una mochila para llevar bebés acorde a su tamaño.

En este caso, los paseos también deberán ser bien organizados, ya que los niños se cansan al estar todo el día al aire libre. Generalmente en la montaña el clima es seco, por lo que los bebés suelen pedir más líquido.

En síntesis, la sierra o las montañas son un buen destino para las primeras vacaciones.

La playa ¿excita a los bebés?

Este es un dicho popular y en cierto modo verdadero. Hay chicos a los que el sol, el mar y el aire libre pueden estimularlos mucho, es decir que por horas estén inquietos o bien que les cueste dormir. Pero también hay niños que se relajan luego de un día de sol y duermen mejor que nunca, eso depende de cada niño.

Preparando las valijas….

Al preparar las valijas pueden pasar dos cosas: o nos llevamos el placard completo «por las dudas» o por no querer llevar tantas cosas al segundo día nos quedamos sin ropa limpia.

Cuando se viaja con un bebé, la premisa es llevar lo que necesitaremos. Es fundamental averiguar cómo es la temperatura del lugar de destino, si hace calor todo el día o si refresca por la noche, y también si es muy húmedo (porque la ropa no se secará en el tiempo que pensamos).

Si el lugar de destino tiene temperaturas cálidas, durante el día los niños están desnuditos o con poca ropa, por lo que no hace falta llevar todo el guardarropa, pero sí una cantidad importante de batitas o remeritas, ya que es lo que más se ensucia. También es importante llevar algún abrigo -aún en los destinos de playa refresca después del atardecer- o bien alguna campera finita para la lluvia. Además conviene elegir dos o tres conjuntos, y eso nos facilitará las cosas.

No olvides llevar objetos del bebé que él reconozca; puede ser algún muñeco con que él juegue habitualmente, o alguna sabanita, o un sonajero, «su» vaso, etc. Es decir, objetos que le sean familiares. Esto lo ayudará a no extrañar su casa y sus cosas.

No es raro que los niños extrañen, y generalmente los primeros días son de adaptación. Hay bebés que comen menos cuando salen de vacaciones, mientras que a otros les cuesta dormirse o bien están más llorones… Pero a no desesperar!!! Al cabo de dos o tres días ya se habrán adaptado.

En esta nota te contamos qué documentación necesitarás y qué vacunas y chequeos médicos debés tener en cuenta antes de viajar con tu bebé.

¿Que transporte usamos?

Todos los medios de transporte son aptos para los bebés.

Al avión pueden subirse todos los bebés, aunque sean recién nacidos; no hay ningún riesgo. Lo cierto es que el bebé puede presentar cierto malestar en el momento del despegue o del aterrizaje -al igual que nos sucede a los adultos- debido a la diferencia de presiones en el líquido de los oídos. Para aliviar esa desagradable sensación es aconsejable que el niño succione el pecho de la mamá, la mamadera o el chupete, y esto lo aliviará.

Botiquín de viaje

En el botiquín no pueden faltar los siguientes elementos:

  • Termómetro para controlar la temperatura corporal.
  • Antitérmicos: llevar el antitérmico habitual que usa el niño.
  • Antialérgicos y antipruriginosos: es común que los niños sean blanco de los mosquitos, y esto muchas veces puede provocar reacciones alérgicas locales y picazón.
  • Generalmente se utilizan los antialérgicos derivados de la carbinoxamina, pero de todas formas, antes de partir consultá con el pediatra cuál es el más indicado para el niño.
  • Gasas y adhesivos tipo curitas
  • Gotas óticas analgésicas y removedor de cera de oídos.

 

Fuente: Planeta Mamá

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Regalos navideños: ¿es correcto que funcionen como un premio al “buen comportamiento”?

La época de Fiestas enfrentan a los chicos a todo tipo de estímulos: desde la decoración y las múltiples ofertas de regalos, comida suculenta y juguetes caros hasta el armado y presencia en casa del arbolito de Navidad -que funciona como un anticipo y un recordatorio constante de los regalos futuros-. ¿Cómo gestionar esa ansiedad infantil por los obsequios? ¿Es correcto que funcionen como premio al «buen comportamiento» durante el año?

PH: Clarín Entremujeres

Para pensar dónde se origina esta ansiedad que anticipa la Navidad, la licenciada en psicología Susana Maquieira, directora de Centro de Apoyo a la Crianza y la Educación Temprana (CACET), dice que «en nuestra cultura y, por tanto, en nuestra biografía emocional, los regalos que traerán estos personajes de ficción fueron ofertados como un premio a ‘un buen comportamiento’. ¿Quién no recuerda la frase que empezaba a sonar junto a la preparación del arbolito de Navidad, y la escritura de la carta para pedir los ansiados regalos? ‘Ojo que Papa Noel está mirando cómo te portaste para ver qué te trae de todas esas cosas que pedís’. Esta conducta del adulto -que podríamos llamar sanamente extorsiva, y que hoy seguimos repitiendo- persigue un fin (que el pequeño/a piense y reflexione acerca de su conducta) pero, lejos de esto, los y las niñas, deseosos de recibir dichos regalos, prometen un buen comportamiento, pero no desde una reflexión, sino desde una posición sumisa que se ven obligados a tomar».

Susana explica que esta aceptación no es gratuita y tiene un costo emocional, porque conseguir el regalo esperado conlleva una renuncia. ¿Cuál? «Suspender -momentáneamente, al menos- aquello que los y las niñas expresaban como podían, pero no contaban con la aprobación de papá o mamá, ‘aquello que ellos leían como portarse mal’. Esta renuncia con traje de sumisión genera angustia, a causa de una elevación del cortisol, hormona que se produce en las glándulas suprarrenales en situaciones de estrés. Ese aumento descontrolado del cortisol genera malestar, que se expresa en conductas como inquietud, sudoración o desvío de intereses vitales», detalla.

Y aclara que, cuando los niños son más pequeños, todos estos registros fisiológicos se alteran de igual manera, solo que ellos cuentan con menos herramientas para manejar sus emociones, y suelen encontrar en el sueño un refugio para bajar el estrés, por eso, en general se duermen antes de recibir el regalo (aunque hayan dormido la siesta).

Otro factor importante que genera una progresiva situación de estrés en relación a los regalos es la oferta reiterada de publicidad consumista para el público infantil en los programas de la televisión o el cable. «El tono intrusivo con que muchas veces los anuncian (‘no te quedes sin tu XXX’ o ‘te merecés tener este XXXX’) hace que el niño perfile su deseo, queriendo obtener ese objeto que ‘lo hará feliz’. Sin embargo, aunque la mayoría de las veces abren el paquete con gran alegría, a los pocos minutos lo abandonan, lo que nos hace pensar que el niño, en ese fugaz momento, se anoticia de que el ‘tener’ el objeto no lo hace ‘ser’ más ni menos feliz, como le venían anunciando en la tele».

Y cierra Maquieira: «Si miramos este panorama navideño desde una ‘educrianza respetuosa’, nos ubicamos en el lugar del niño como sujeto deseante, necesitado de proximidad corporal, compañía, afecto, respeto, escucha atenta y disponible de otro humano. Un niño que pidió, pide y pedirá que un adulto sensible y afectuoso se conecte, juegue y lo invite a soñar, como es ese mundo de fantasía donde vive un señor que fabrica juguetes durante todo el año para repartir a las 12 de la noche del 24 de diciembre por todas los barrios, países, casas, hospitales, escuelas, parques donde hay niños y niñas esperándolo; no solo por los juguetes que trae, sino porque es alguien que se interesa respetuosamente en los niños/as y les dedica un año de su amoroso trabajo».

 

Fuente: Clarín Entremujeres

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Entender los llantos de un bebé: qué piden, cómo calmarlos y qué generan en la mamá

Cuando el bebé sale de la panza, lo primero que hace es llorar. Comunica su salida al mundo, su encuentro con el aire, su separación del cuerpo que lo nutrió y lo cobijó durante nueve meses. «Con el primer instante de vida, el llanto marca su primera respiración, el cambio de estar en un medio gaseoso por el que antes fue líquido», comenta la puericultora Vanina Schoijett. «La primera inspiración es tan importe como la última porque abre y cierra un ciclo de la vida. El oxígeno es al cerebro aquello que le permitirá que la mente inicie la construcción de significados y sentido de la vida». Es la bienvenida al mundo.

Luego vendrán otros llantos, otras razones, otros motivos, otros sentidos. Vendrán mamás y papás desvelados, soñolientos, tratando de calmar esos gritos, tal vez asustados, si son primerizos y con muchas preguntas. Parte del dramático puerperio tiene que ver con cómo entender a ese nuevo ser, sus necesidades y sensaciones.

PH: Clarín

Vanina Schoijett es puericultora especialista en lactancia y crianza, docente en Carrera de Puericultura en la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP). Cuando la convocamos para responder a estas preguntas, puso en juego los saberes que sistematizó para sus clases, su experiencia como madre y escritora. Es creadora de Duérmete Hannibal y autora del libro La revolución de la crianza.

– ¿Podrías enumerar las causas más frecuentes de llanto? ¿Por qué llora un bebé?

– El llanto es para los bebés una forma vital y legítima de comunicación. Ante la falta de lenguaje, los bebés pueden a través del llanto hacerle saber a sus cuidadores que algo no está bien: sensaciones como el hambre, la sed, el frío, el calor, un dolor físico, la necesidad de cambiar de posición o de estar en movimiento y también aspectos emocionales como el miedo, la necesidad de cercanía, de contacto, de protección.

En el proceso de construcción del vínculo que se arma entre la mamá (como principal figura de apego) y el bebé, ésta lo irá conociendo y aprendiendo a decodificar qué intenta transmitirle su bebé cuando llora. Muchas veces es difícil entender qué es lo que realmente le pasa al bebé y por qué llora. Erróneamente se tiende a pensar, especialmente cuando hablamos de un recién nacido, que siempre que llora es por hambre; esto no es así. Un bebé tiene muchas necesidades que precisan ser cubiertas y diría que la mayoría de ellas tienen respuesta en los brazos de su madre. El cuerpo de la madre es el hábitat del recién nacido y lo será por muchos meses, hasta que el bebé gane autonomía en el desplazamiento y pueda separarse voluntariamente de su madre, por ejemplo, cuando comienzan a reptar o gatear. En esa etapa, precisamente, aparece el llanto como herramienta de comunicación para expresar los temores de lo que se conoce como «angustia de separación».

– Hay bebés que lloran más frecuentemente que otros, ¿con qué relacionás esto? ¿Con el carácter? ¿Con una distinta expresión de las necesidades, mayor contacto con sus padres y tutores? ¿Con una mejor adaptación al entorno?

– Creo que hay, sin dudas, una cuestión relacionada con el temperamento de cada bebé, que lo puede hacer más sensible o reactivo a determinados estímulos y situaciones que pueden desencadenar el llanto (sobreestimulación, ruidos fuertes, separación de su madre, etcétera).

El bebé puede expresar también situaciones de estrés relacionadas con la gestación (cómo atravesó la mamá el embarazo, si estuvo preocupada o angustiada por algo, si ocurrió alguna cuestión imprevista que provocó sentimientos negativos), con el nacimiento (si fue un momento respetado, acompañado, amoroso, o más bien violentado e intervenido, si el bebé fue separado de su madre al nacer o pudo permanecer con ella) y con el estado emocional de la mamá, entendiendo que mamá y bebé comparten el mismo campo emocional, que están fusionados emocionalmente y que lo que a ella le esté sucediendo, por más que lo acalle, podrá ser canalizado y expresado por el bebé a través del llanto. En ese sentido, se dice que «el bebé llora lo que la madre calla».

Fuera de estos aspectos y de las necesidades fisiológicas y emocionales que comentaba al principio, también será importante evaluar aspectos de la salud y si el llanto -en especial si es persistente y prácticamente imposible de consolar- está asociado a un malestar físico (alergias alimentarias, reflujo u otro tipo de cuadro de salud).

– ¿Qué otros signos que acompañan el llanto pueden ser indicadores más específicos de sus necesidades?

– En lo que respecta a la alimentación, por ejemplo, existen lo que llamamos «señales tempranas de hambre». El llanto, en ese caso, es una señal tardía. Antes de romper en llanto, el bebé avisó que necesitaba ser alimentado: agitó sus extremidades, giró la cabeza hacia un lado y hacia el otro, «hociqueó» con su boquita como buscando en el aire, chasqueó los labios, se chupó los puños… Y si nadie respondió a estos indicadores, llegará el llanto y habrá que tratar de tranquilizar al bebé antes de alimentarlo.

En cuanto al sueño, el bebé también da señales: cuando está cansado y llega su momento de dormir, va bajando la actividad física, se aquieta, puede quedarse con la mirada perdida. Signos como ojos vidriosos o restregarse los ojitos son señales tardías de cansancio. Si el bebé sigue siendo estimulado a pesar de dar estas señales, seguramente termine llorando.

En general, los bebés que están en estrecho contacto con sus madres lloran menos, porque esa cercanía hace que naturalmente las madres sean más eficaces a esas señales.

– ¿Cuándo el llanto se vuelve una alarma para ir al la guardia o al pediatra?

– Si el llanto es persistente, difícil de consolar, si no puede asociarse a ninguna razón aparente y no puede resolverse con las respuestas básicas (ofrecer pecho o biberón según el caso, contacto, mirada, palabras, movimiento, etc.), los padres no deberían quedarse con la duda de qué es lo que le puede estar pasando a su bebé, y deben hacerlo ver por su pediatra. Creo que aunque los padres tengan miedo de «pecar de primerizos» no deben temer a la hora de hacer una consulta, si así lo creen necesario.

– ¿Que pasa cuando la ansiedad por calmarlos de las mamás es tal que hay angustia y miedo?

– El llanto está diseñado para molestar, para no pasar desapercibido, para que hagamos algo. Contrariamente a la vieja idea de que el llanto es necesario «para que expandan los pulmones» y que es bueno dejarlos llorar un poco, lo cierto es que el llanto necesita ser atendido. Uno no puede ser indiferente al llanto de un bebé: buscamos ver de dónde viene y qué está pasando. El llanto llama a la acción. El bebé que llora está buscando una respuesta por parte de sus cuidadores y bajo ninguna circunstancia debería ser ignorado. Esto genera terror y confusión en un bebé que no puede decodificar esa falta de respuesta. No es tampoco real la idea de que el bebé deba aprender a autoconsolarse. Este tipo de consejos que promueven, por ejemplo, los métodos de entrenamiento para «enseñar a dormir» a los bebés a fuerza de llanto ya están totalmente desmontados por las neurociencias, que se han ocupado de demostrar las consecuencias neurológicas, psicológicas, físicas y emocionales del llanto no atendido.

La madre puede sentir angustia o frustración si no logra calmar a su bebé. Es, sin dudas, una situación estresante y ella puede experimentar un gran sentimiento de incompetencia. Pero hay que entender que la crianza de un bebé representa una demanda total, una entrega inconmensurable, un poner el cuerpo 24/7 que puede resultar desbordante y agotador, muy especialmente si la madre se siente o está poco acompañada.

La crianza en soledad es una situación cotidiana para muchas madres que atraviesan el puerperio pasando muchas horas al día solas con sus bebés. La madre podrá sostener mejor a su bebé si hay un entorno amoroso que la sostenga a ella. No es una buena idea que una mujer puérpera pase tantas horas del día sola porque es altamente probable que se sienta agobiada. A veces las mujeres no cuentan con nadie: la pareja trabaja todo el día, la madre vive lejos o también trabaja, hermanas o amigas tienen sus obligaciones.

PH: Clarín

(…)

Tips prácticos para tu crianza y puerperio

– La idea de prodigar contacto físico al bebé mientras llora creo que siempre es necesario y positivo. Incluso si el bebé llora por algún rato y cuesta calmarlo -durante los episodios de cólicos, por ejemplo- será siempre mejor que lo haga en brazos de su madre o cuidador.

– El porteo, que es la práctica de llevar el bebé pegado al cuerpo empleando un portabebés ergonómico (fular, bandolera, mochila), es también un gran recurso para contener a un bebé que llora.

 Ofrecer el pecho será siempre una buena opción, si entendemos que dar la teta no es simplemente dar leche saliendo de un pezón. Amamantar es mucho más que solo alimentar a un bebé y, en la mayoría de los casos, la teta es una gran consoladora de llantos y malestares varios.

– Hablarle al bebé, transmitirle tranquilidad y la idea de que estamos ahí para él también aporta contención en esos momentos.

 Reducir los estímulos del ambiente (bajar las luces y los ruidos) o bien cambiar de ambiente también puede ser de ayuda.

– Si la madre está acompañada en ese momento y ella lo siente necesario, cambiar de brazos, para que sea otro quien sostenga al bebé, puede descomprimir un poco a la mamá.

Y sobre todo tener mucha, mucha, mucha paciencia.

 

Fuente: Clarin Entremujeres

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Mucha proteína y dormir poco en los primeros dos años de vida, asociado a mayor riesgo de obesidad

Una ingesta elevada de proteínas, el consumo de bebidas azucaradas y dormir poco durante los primeros dos años de vida de una persona están asociados con una mayor riesgo de obesidad más adelante, durante la infancia. Así lo constata, en un artículo publicado en la revista científica «Nature Reviews Endocrinology» al que ha tenido Ep un grupo de investigadores de cinco países europeos, liderados por Idoia Labayen Goñi, directora del grupo de investigación ELIKOS (ELikadura, arIKeta fisikoa eta Osasuna: Nutrición, Actividad Física y Salud) del Instituto de Innovación y Sostenibilidad en la Cadena Agroalimentaria (IS-FOOD) de la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

PH: ABC España

«Un ambiente obesogénico en edades tempranas de la vida, incluyendo el período de crecimiento y desarrollo intrauterino, contribuye de forma muy importante al riesgo de obesidad. Los estilos de vida de la madre durante la gestación, así como la nutrición temprana del feto y del niño pequeño, se consideran factores muy relevantes de la prevención de la obesidad infantil», ha explicado la profesora del Departamento de Ciencias de la Salud de la UPNA, sobre un artículo que propone estrategias de prevención de la obesidad infantil desde la concepción hasta los dos años de vida.

A juicio de Idoia Labayen, «la obesidad en edad pediátrica presenta una elevada prevalencia tanto en los países desarrollados como en vías de desarrollo y se asocia con múltiples riesgos para la salud».

Según ha detallado, «la genética contribuye de forma muy importante al desarrollo de obesidad». Sin embargo, «los factores ambientales pueden modificar la relación entre el riesgo genético y el exceso de adiposidad».

Por eso, en este trabajo, los investigadores analizan la evidencia científica y proponen estrategias preventivas concretas que abarcan distintos aspectos del estilo de vida de los padres y del entorno en el que crece el niño pequeño «para que puedan ser utilizadas por los organismos de salud pública y los profesionales de la salud».

De este modo, los expertos realizan recomendaciones que tienen que ver con el estado nutricional del padre y de la madre en el momento de la concepción, la ganancia de peso durante el embarazo, la diabetes, la malnutrición y el tabaquismo durante la gestación, la dieta y la actividad física de la madre durante el embarazo, el tipo de parto, el peso al nacer, la lactancia y la composición de las fórmulas lácteas, el crecimiento posnatal, la alimentación complementaria o la duración del sueño. También reconocen que, «a pesar del efecto no concluyente de la lactancia materna en la reducción del riesgo de obesidad en los menores, esta práctica debe promoverse debido a sus muchos efectos beneficiosos».

Las dos autoras principales de este artículo son Elvira Larqué Daza, catedrática de la Universidad de Murcia, y la ya citada Idoia Labayen y en él participan los profesores Carl-Erik Flodmark (Universidad de Lund, Suecia), Inge Lissau (Hospital Universitario de Copenhague, Dinamarca), Sarah Czernin y Kurt Widhalm (Instituto Austriaco de Nutrición Clínica, Austria), Luis A. Moreno Aznar (Universidad de Zaragoza) y Angelo Pietrobelli (Universidad de Verona, Italia).

 

PH: ABC España

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Pantallas en la mira: por qué la OMS estableció nuevas limitaciones a su uso en la niñez

La evolución de plataformas del estilo «a demanda» generó nuevas formas de consumir medios audiovisuales. Además, en el campo de las aplicaciones, se asiste a un «salto» desde la computadora de escritorio a los teléfonos inteligentes, lo que facilitó el acceso a estas en cualquier lugar y momento. Si a eso se le suman valores de obesidad infantil y sedentarismo crecientes en todo el mundo, el combo tecnología + falta de actividad física + sobrepeso parece ser letal.

PH: Infobae

En eso probablemente fundamentó la Organización Mundial de la Salud (OMS) sus primeras recomendaciones sobre el uso de pantallas en la primera infancia, que difundió hoy y que se basan en que los niños de menos de un año no deben ser expuestos a ningún tipo de dispositivo electrónico. Además, aseguran que los niños de dos a cuatro años tampoco deberían tener más de una hora por día de lo que llaman «tiempo de pantalla sedentario», que incluye juegos de computadora o televisión.

En un momento en que la obesidad representa una amenaza creciente para la salud pública y que el 80% de los adolescentes «no son lo suficientemente activos físicamente», la OMS estimó necesario difundir una lista de buenos hábitos para menores de cinco años, un período crucial para el desarrollo de un estilo de vida.

Para los bebés de menos de 12 meses, el organismo recomienda al menos 30 minutos de actividad física diaria, incluyendo en posición ventral para aquellos que todavía no caminen. «No hay que mantener a los bebés en un carrito, en una silla alta o en la espalda de alguien durante más de una hora ininterrumpida, y tienen que dormir entre 12 y 17 horas diarias», según las recomendaciones dadas a conocer hoy.

Para los niños de uno a dos años, la agencia de la ONU aconseja tres horas de actividad física por día, no más de una hora de «tiempo sedentario de pantalla», y al menos 11 horas de sueño.

Y para los de tres a cuatro años, las tres horas diarias de actividad física deben incluir al menos una hora de movimiento «de moderado a vigoroso», en tanto el tiempo dedicado a las pantallas no debe superar tampoco una hora.

En la Argentina, los últimos datos disponibles dan cuenta de que el sobrepeso aumentó de 21,1% a 26,6% y la obesidad, de 14,5% a 22,7% entre las niñas, niños y adolescentes.

En el marco del lanzamiento de la Guía de Entornos Escolares Saludables presentada el pasado mes de marzo por los ministerios de Salud y Desarrollo Social y de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, la directora nacional de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles, Verónica Schoj, de la Secretaría de Gobierno de Salud, advirtió que «la situación epidemiológica de sobrepeso y obesidad infantil en Argentina es muy preocupante. Es una epidemia que está creciendo y que hoy afecta a más de uno de cada tres niñas, niños y adolescentes».

«La recomendación de la OMS es lo que todos pregonamos, pero es difícil de llevar a la práctica. Y lo que ocurre es que más allá del uso de pantallas en los niños el problema es cuánto usan las pantallas los cuidadores de ese niño; porque además, si se quiere que el chico use menos tecnología, por ende el adulto tiene que estar disponible para guiarlo y acompañar el juego». Para la médica pediatra Paula Otero (MN 99348), presidente de la Subcomisión de Tecnología de la Información y Comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), los dos puntos clave de las nuevas recomendaciones radican en el hincapié que hacen en las horas de descanso y la actividad sedentaria.

Según un reporte de la SAP, de 2017, en los niños menores de dos años, «su aparato psíquico se encuentra en desarrollo y por lo tanto son inmaduros y dependen fuertemente de la interacción con adultos para decodificar y significar los estímulos que reciben. Además, necesitan explorar el mundo con otros estímulos sensoriales, como el tacto, la propiocepción, etc.».

«Entre los tres y los cinco años, el desarrollo se basa, fundamentalmente, en la interacción social y en juegos no digitales; por lo tanto, se recomienda no exceder una hora diaria de uso. Al igual que para los niños más pequeños, es primordial la supervisión y el acompañamiento de los adultos a la hora de consumir estas tecnologías», reza el documento Bebés, niños, adolescentes y pantallas: ¿qué hay de nuevo?

«Es fácil hacer la recomendación, pero llevarla a cabo implica redefinir las reglas familiares porque el chico hace lo que ve, por eso hay que empoderarlos a que hagan actividades manuales, que dibujen, que lean, jueguen con masas, que el entretenimiento no sea lo más fácil, pero eso representa trabajo extra para los padres», consideró Otero a Infobae, y  señaló con un «no rotundo» el uso de pantallas a la noche y llamó a que padres, docentes y pediatras estimulen la actividad física.

Para ella, así como el médico en la consulta periódica brinda pautas de alimentación saludable y recomienda prácticas preventivas como la aplicación de vacunas, tiene que «explicar a los padres sobre el uso de pantallas».

PH: Infobae

Consultada por Infobae, la médica pediatra especialista en nutrición Norma Piazza (MN 47901 / MP 47.038) señaló que «los menores de dos años no deberían estar frente a ningún tipo de pantalla y luego se debe pautar la cantidad de horas». «Los niños están en etapa de crecimiento y la masa ósea se fortifica también por el movimiento», explicó la secretaria del Comité de Nutrición de la SAP, al tiempo que reforzó: «El sedentarismo lleva a formación de grasa y al debilitamiento de la masa muscular y, a su vez, de los huesos».

«La composición corporal se modifica de tal manera que si se toma como referencia a nuestros ancestros se verá que eran más fuertes y eso es porque se movían más -enfatizó Piazza-. En el ser humano, la función hace al órgano y además el movimiento y la actividad física liberan sustancias que modifican el estado de ánimo y el humor».

Para la experta, el uso de pantallas en la primera infancia acarrea, asimismo, «otro tipo de patologías más relacionadas con lo mental; se vuelve una conducta adictiva».

En palabras de la médica pediatra Laura Viva (MN 148090 – MP 454065), «el uso de pantallas es todo un desafío de manejar como padres». «Se sabe de sus efectos nocivos pero la tecnología es parte de la vida hoy y muchos recurrimos a ella en distintas situaciones», consideró la especialista, quien recordó que «antes de los 18 meses puede retrasar el lenguaje, alterar el desarrollo de la visión y no favorece la autorregulación de las emociones».

En ese sentido, estableció cuándo sí y cuándo no es admisible utilizar las pantallas en niños. «Nunca al momento de comer, porque el niño no interacciona con la familia ni la comida, tampoco antes de dormir ya que el estímulo lumínico va en contra de la segregación normal de hormonas que favorecen el sueño».

¿Cuándo permitirlas? «Son útiles al viajar en avión, por ejemplo, donde a veces en un vuelo largo los niños están limitados al movimiento y es necesario entretenerlos, siempre seleccionando el contenido adecuado a la edad y el tiempo recomendado, aunque siempre se puede optar por objetos lúdicos, dibujos, masas o stikers para evitarlas».

Y tras puntualizar que «hay aplicaciones con filtros para niños, como rompecabezas, juegos de asociación, memotest y musicales que son más adecuados que los videos híper estimulantes o aquellos dibujos animados donde las palabras y el lenguaje es incoherente para la edad», la especialista finalizó: «El uso de pantallas debe ser consciente y regulado y siempre supervisado por un adulto».

Fuente: Infobae

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Leches vegetales y bebidas azucaradas o dietéticas, desaconsejadas en menores de cinco años

Los bebés deberían tomar sólo leche materna o maternizada, a los seis meses puede agregarse agua y los bebés que toman leche maternizada pueden pasar a la leche de vaca a los 12 meses. Estas indicaciones forman parte de las recomendaciones que dio recientemente un panel de científicos en Estados Unidos. Así, la leche materna, la leche de vaca o fórmula infantil y el agua son las únicas bebidas sugeridas para los niños menores de cinco años. Esto quiere decir que no deberían recibir ninguna bebida con azúcar u otros endulzantes, como bebidas de bajas calorías o con edulcorantes artificiales, leche chocolatada o saborizada, bebidas con cafeína y fórmulas para niños que empiezan a caminar.

PH: Clarín

Las bebidas basadas en vegetales, como la leche de almendras, arroz o avena, también deben ser evitadas. (La leche de soja es la alternativa preferida en el caso de los padres que quieren una alternativa a la leche de vaca.) Con un consejo que podría sorprender a los padres que tienen alacenas llenas de cajas de jugo, el panel también dijo que los niños pequeños deberían beber menos de un vaso diario de jugo 100% natural… Y que no beber nada de jugo es una mejor opción.

Las nuevas recomendaciones fueron elaboradas por Healthy Eating Research, un grupo de asesoramiento en nutrición, y financiadas por la Fundación Robert Wood Johnson. Es probable que estas nuevas pautas tengan influencia en tanto recibieron el respaldo de la Academia de Pediatría de Estados Unidos, la Academia de Nutrición y Dietética, la Asociación de Cardiología de los Estados Unidos y la Academia de Odontología Pediátrica de los Estados Unidos.

Las advertencias acerca de las bebidas azucaradas llegan en momentos de persistente preocupación por la obesidad infantil, que puede abrir la puerta a enfermedades crónicas de por vida. Alrededor del 19% de los niños estadounidenses son obesos.

En Argentina, un tercio de los niños y niñas empiezan primer grado excedidos de peso. Y al terminar el ciclo, la proporción se agranda: la mitad presenta sobrepeso u obesidad, según mostró un estudio realizado entre 2012 y 2017 por el Programa Nacional de Salud Escolar (Prosane), que midió las variaciones antropométricas de casi 11 mil chicos del país.

“En Estados Unidos, cerca de la mitad de los niños de 2 a 5 años toman bebidas azucaradas todos los días, algo que sabemos que eleva su riesgo de obesidad, diabetes y otros problemas de salud”, dijo Megan Lott, subdirectora de Healthy Eating Research. “Estas recomendaciones simplifican todo para los padres: agua, leche y cantidades limitadas de jugo de frutas 100% natural”, agregó.

PH: Clarín

El agua y la fruta, mejor que el jugo

Los niños no necesitan jugos y les hace mejor comer fruta, dijo el panel. El consumo excesivo de jugo puede provocar caries y aumento de peso y está relacionado con una mala nutrición general.

“Cuando hablamos sobre calorías vacías que se consumen a través de las bebidas y la cantidad de calorías que la gente recibe de las bebidas azucaradas, no sólo hablamos de las gaseosas”, dijo el doctor Richard Besser, presidente y director ejecutivo de la Fundación Robert Wood Johnson. “El jugo es otra fuente de calorías que nutricionalmente no son maravillosas”.

Las recomendaciones de limitar los jugos no son nuevas: la Academia de Pediatría desde hace mucho aconseja que los bebés no reciban jugo hasta no tener un año de edad y que la cantidad de jugo se limite a 110 gramos diarios en el caso de los niños de entre 1 y 3 años.

Las leches basadas en vegetales como la de almendras, avena o arroz a menudo contienen edulcorantes agregados o saborizantes artificiales y son menos nutritivas que la leche de vaca. Un vaso de leche de vaca contiene 8 gramos de proteína además de nutrientes como el calcio.

Con la excepción de la leche de soja, las leches basadas en vegetales son pobres en proteínas. Aunque a menudo están fortificadas, los científicos no saben si los seres humanos son capaces de absorber estos nutrientes de manera tan eficiente como los presentes naturalmente en otros alimentos.

Las leches maternizadas comercializadas para los niños que empiezan a caminar habitualmente son innecesarias, dado que la mayoría de estos niños comen alimentos sólidos; los productos suelen ser caros y suelen contener azúcares agregados, dijo Lott.

No hay datos rigurosos de estudios de niños sobre la seguridad de las bebidas con edulcorantes artificiales y otras bebidas endulzadas de bajas calorías, señaló, y los productos pueden condicionar a un niño a que prefiera las bebidas dulces en general.

Un vocero de la Asociación de Bebidas de los Estados Unidos, William Dermody, dijo que las empresas de bebidas coinciden en que “es importante que las familias moderen el consumo de azúcar para garantizar un estilo de vida equilibrado y saludable, y eso es especialmente cierto en el caso de los niños pequeños”.

Un portavoz de la Asociación de Productos de Jugo, sin embargo, dijo que, en el caso de los niños con acceso limitado a los productos frescos, el jugo puede ayudar a aumentar la ingesta de frutas. Las recomendaciones dietarias federales reconocen que tres cuartos de un vaso de jugo 100% natural equivalen a tres cuartos de un vaso de fruta. Pero muchos productos que parecen contener jugo natural en realidad pueden contener sólo una pequeña cantidad de jugo, advirtieron los expertos, agregando que los padres deben leer las etiquetas con cuidado.

Los niños adquieren preferencias por los alimentos y las bebidas a edad temprana, y las recomendaciones se hacen con vistas a moldear un paladar saludable. Alrededor de un tercio de los niños y adolescentes de los EE.UU. tienen sobrepeso o son obesos, trastornos que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la hipertensión, el alto colesterol, la apnea del sueño, diabetes Tipo 2, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y algunos cánceres.

“La expectativa es que, a través de este enfoque, ayude a su hijo a desarrollar el gusto por lo que le hace bien”, dijo Besser. Aunque un vaso ocasional de jugo 100% natural no es nocivo, “lo que conviene que sus hijos beban principalmente mientras crecen es agua”.

Las recomendaciones nutricionales, edad por edad

Las nuevas recomendaciones se desglosan por grupo etario:

– Del nacimiento a los 6 meses: Los bebés deberían beber sólo leche materna o maternizada. No deben beber jugo, leche, leche saborizada, las llamadas fórmulas de transición o destete (también llamadas leches para niños de 1 a 3 años o leches de crecimiento), bebidas endulzadas de bajas calorías (bebidas diet o “light” o aquellas endulzadas con Stevia o Sucralosa).

Estos niños tampoco deberían consumir “leches” basadas en vegetales o no lácteas, bebidas con cafeína (gaseosas, café, té, bebidas energizantes) ni bebidas azucaradas (gaseosas, bebidas de frutas o con sabor a frutas, bebidas isotónicas, agua azucarada o café o té azucarados).

– De 6 a 12 meses: Los bebés aún deben depender de la leche materna o maternizada. Una vez que comienzan a comer alimentos sólidos, pueden empezar a tomar algunos sorbos de agua. Los padres deben evitar el jugo, la leche, la leche saborizada, las fórmulas de transición, las bebidas endulzadas de bajas calorías, las leches basadas en vegetales y no lácteas, las bebidas con cafeína y las bebidas azucaradas.

De 12 a 24 meses: Los niños deberían beber de uno a cuatro vasos de agua por día y pueden empezar a beber leche entera pasteurizada. No deberían beber más de 110 gramos de jugo 100% natural; el jugo puede ser diluido en agua. Los padres deben evitar otras bebidas (leche saborizada, fórmulas de transición, bebidas con cafeína, leches basadas en vegetales y no lácteas, bebidas azucaradas y bebidas endulzadas de bajas calorías).

De 2 a 3 años: Los niños pequeños deberían beber uno a cuatro vasos diarios de agua y hacer la transición a la leche libre de grasa o con bajo contenido de grasa (1%). No deberían beber más de 110 gramos de jugo 100% natural y no deberían recibir otras bebidas.

De 4 a 5 años: Estos niños deberían beber 1,5 a cinco vasos de agua por día, leche descremada o de bajo contenido de grasa y no más de 110 a 170 gramos de jugo de fruta. No se les deben dar otras bebidas.

Por Roni Caryn Rabin. The New York Times. Traducción: Elisa Carnelli

 

Fuente: Clarin Entremujeres

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Consejos para combatir los cinco enemigos más comunes de la lactancia materna

La lactancia materna aporta numerosos beneficios y nutrientes a los bebés en sus primeros meses de vida y en su posterior crecimiento. Sin embargo, la lactancia materna no siempre es sencilla, especialmente para las madres primerizas y los bebés pretérmino. Medela, compañía suiza centrada en comprender las necesidades de las madres y el comportamiento de los bebés, explica los cinco problemas más habituales durante el periodo de lactancia y ofrece sencillas soluciones a los mismos.

PH: ABC España

Producción insuficiente de leche

En un principio las madres generarán una pequeña cantidad de leche materna, pues los cambios que activan su producción se producen lentamente; estos cambios finalizan entre el segundo o cuarto día tras el parto, cuando se produce la subida de la leche. No obstante, algunas madres primerizas pueden tener dificultades para producir suficiente leche materna por cuestiones médicas.

En este sentido, una pérdida de sangre excesiva (más de 500ml) durante el parto o la presencia de fragmentos retenidos de la placenta pueden retrasar la subida de la leche. Asimismo, los trastornos hormonales –como el síndrome de ovario poliquístico, tiroides o diabetes–, o la hipoplasia mamaria –falta de tejido glandular productor de leche en el pecho– pueden influir en que el suministro de leche de la madre sea reducido. No obstante, muchas madres con traumatismos en el pecho o que se hayan sometido a cirugías mamarias anteriores, normalmente, pueden amamantar sin problema.

Asimismo, el modo en que el bebé se alimenta también afecta a la producción. Tras la subida de la leche, los pechos empiezan a producir leche mediante un proceso de oferta y demanda, pues durante la primera semana tras el parto, el bebé querrá alimentarse cada dos o tres horas (entre 10 y 12 veces al día). Estas frecuencias contribuirán a iniciar y establecer el suministro de leche materna.

Además, es aconsejable mantener un mayor contacto piel con piel con el bebé antes y después de las tomas para estimular la hormona oxitocina, que es la responsable de que se produzca la eyección de la leche. Otras soluciones para aumentar la producción son llevar a cabo una alimentación a demanda, sin horarios, y si el bebé no toma suficiente leche durante la toma, utilizar un sacaleches para mantener el suministro regular. En este sentido, la extracción doble eleva el nivel de prolactina, la hormona encargada de la producción de la leche.

Exceso de producción de leche

Por el contrario, en ocasiones las madres sienten que producen demasiada leche, especialmente durante las primeras semanas tras el parto. Entre la cuarta y sexta semana, los niveles de prolactina aumentarán cada vez que salga leche de los pechos, pues es en ese tiempo cuando los senos están aprendiendo la cantidad de leche materna que necesita el bebé y cuánto deben producir a cada hora, por lo que es frecuente que se produzcan pérdidas excesivas, que los pechos se llenen rápidamente y que salgan chorros durante la eyección de la leche.

En este sentido, algunos bebés tienen problemas con el flujo rápido que suele acompañar a un suministro de leche excesivo. Debido a que el bebé está aprendiendo a coordinar el modo en que succiona y deglute, es habitual que tosa y farfulle al inicio de cada toma, agarrándose, mordiendo o sujetándose al pecho sin apretar. Además, si el flujo es rápido puede que se aleje del pecho y empiece a llorar al interrumpirse la toma.

Ante esta situación, se aconseja extraer algo de leche materna de forma manual al iniciar cada toma para reducir la fuerza de la salida de la leche, y utilizar una toallita o un paño de muselina para limpiar la salida brusca de la leche y colocar una copa en el otro pecho para recoger cualquier pérdida.

La posición de la lactancia tumbada o la posición de cuna ayudarán a que el bebé pueda controlar mejor el flujo de leche. Es importante dejar descansar al bebé –tanto durante la toma como después– para que digiera la leche, pues moverlo demasiado o de forma rápida podría provocarle náuseas.

Pérdidas de leche

Las pérdidas de leche durante los primeros días de la lactancia son muy habituales, especialmente tras la subida de la leche. Es probable que mientras el bebé tome leche de un pecho, la madre tenga pérdidas con el otro; lo mismo puede suceder cuando se tumbe hacia abajo para dormir o cuando algo estimule el reflejo de salida de la leche de forma accidental, como otro bebé llorando.

A pesar de que estas pérdidas suelen remitir después de las seis semanas, el uso de discos absorbentes desechables o lavables en el interior del sujetador servirá para absorber las pérdidas de leche y proteger la ropa de la madre durante el día y la noche.

Además, cuando la pérdida es excesiva para los discos absorbentes o si el pezón tiende a gotear mientras se alimenta al bebé con el otro pecho, se aconseja utilizar copas recolectoras de leche, que se colocan dentro del sujetador. Cabe señalar que solo debe utilizarse la leche recogida durante una toma, guardándola en un contenedor estéril; y en el caso de que el bebé no la tome justo después de recogerla, debe guardarse en el frigorífico y utilizarla antes de que pasen 24 horas.

Agarre deficiente del bebé

Para la obtención de leche mientras el bebé toma el pecho es necesario un buen agarre, no obstante, algunos recién nacidos tienen problemas para conseguirlo. Ello puede deberse a que no se sienten bien tras un parto complicado, porque el bebé ha nacido de forma prematura o porque las madres tienen pezones planos o invertidos.

Los bebés prematuros no presentan un patrón constante de movimiento de la lengua o de vacío durante la lactancia, por lo que el uso de una pezonera puede facilitar su proceso de alimentación oral al ofrecerle un objetivo más firme y grande, contribuyendo al agarre del lactante al pecho, a la extracción de leche y a minimizar el dolor en el pezón.

En el caso de que las madres tengan pezones planos o invertidos, el uso de formadores de pezones en el interior del sujetador aplicará una ligera presión que contribuirá a sacarlos hacia afuera, permitiendo la lactancia. Asimismo, el bebé necesita sentirse sujeto, por lo que mantener el contacto piel con piel, adoptar diferentes posiciones contribuirá a mejorar la comodidad del bebé y a que se alimente de forma correcta. Una posición tumbada le ayudará a utilizar sus reflejos innatos y le facilitará la tarea de llegar al pecho y agarrarse.

Dolor y sensibilidad en los pezones

Los pezones de la mayoría de mujeres suelen aumentar de tamaño y estar más sensibles durante el embarazo. Además, cuando el bebé comienza a alimentarse, el bebé puede tomar el pecho hasta trece veces al día y las tomas pueden alargarse hasta una hora, por lo que la saliva, la presión y la succión, pueden provocar dolor en los pezones.

Cabe señalar que, la sensibilidad y el dolor suelen producirse, especialmente, tras la subida de la leche, y aunque no deberían persistir durante mucho tiempo –ya que tanto la madre como el bebé se acostumbrarán a la lactancia– es importante tratarlos cuanto antes para evitar problemas como las grietas.

Para calmar el dolor y sensibilidad, se recomienda limpiar suavemente los pezones con algodones humedecidos en agua después de las tomas para eliminar cualquier suciedad, y secarlos al aire o frotarlos suavemente con una muselina o toallita muy limpia y suave, ya que en condiciones de humedad pueden producirse infecciones.

Además, es importante proteger los pezones. Los protectores de pezones evitarán que la ropa roce las áreas doloridas y aplicar lanolina en crema ultrapura, gotas de leche materna o usar parches de hidrogel contribuirá a aliviar el dolor y la piel reseca.

Por otra parte, el agarre deficiente del bebé también puede provocar sensibilidad y pezones doloridos, así como un mayor riesgo de sufrir obstrucciones en los conductos galactóforos y mastitis. En este sentido, el bebé debe tener una porción importante de la parte inferior de la areola –piel oscura que rodea el pezón– dentro de la boca cuando se alimenta, con el pezón presionado contra el paladar y agarrado suavemente por debajo con su lengua.

Finalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda dar el pecho durante dos años, pues la prolongación de la lactancia, junto a otros factores, tiene un impacto positivo en la salud actual y futura tanto de los bebés como de las madres.

 

Fuente: ABC España

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