El experimento casero que enseña a tus hijos la importancia de lavarse las manos

Un plato lleno de virus y un poco de jabón es todo lo que se necesita para explicar a los niños la importancia de lavarse las manos. Este comportamiento es esencial para combatir la propagación del coronavirus.

Los expertos llevan semanas recomendando que todos, incluso los más pequeños, se tapen la boca al toser o estornudar con ropa o con el codo; se mantenga la distancia social, de un metro o más, y que se laven las manos de forma recurrente, llegando a situar el tiempo de este acto hasta en un minuto.

Pero muchas veces es muy dificil para los padres y las madres que los niños entiendan la importancia real de esta conducta. Un vídeo de una profesora de Infantil en inglés, mostrando cómo se disuelve la suciedad cuando tienes jabón en un dedo, ha dado la vuelta al mundo y se ha reproducido en varios idiomas, entre ellos el español.

El experimento es sencillo. Se necesita un plato con restos de virus y jabón, se usa pimienta para que sea más claro. Y se comienza la explicación:

“¿Mario, ves cuántos virus hay en este plato? ¿Mete el dedo, por favor?”, le dice un padre a su pequeño. El niño lo introduce y los virus se quedan pegados, permanecen inmóviles. “Ahora, sácalo y échate agua. ¿Qué pasa?”, le pregunta el progenitor. “Qué algún virus queda”, responde el niño con atención.

“Ahora, por favor, ponte jabón en el dedo y mételo en el plato de virus, otra vez”, añade el padre. Tras introducir su dedo con jabón, “las motas de virus se esparcen por el plato alejándose de la zona en la que el pequeño ha introducido su dedo. “¡Ala!”, dice con asombro el menor. A lo que el padre responde contundente: “Esa es la importancia de lavarse las manos”.

El vídeo difundido en Twitter lleva más de 470.000 reproducciones, en su versión española. Aunque parece que la gran difusión se ha producido por WhatsApp. Un experimento didáctico e ilustrativo y, sobre todo visual, para que los niños aprendan lo esencial que es lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o con soluciones alcohólicas y que corrobora lo que llevan diciendo los expertos semanas.

Estos mantienen que el coronavirus se deposita en los objetos y permanece activo en ellos durante varias horas o días. Al tocarlos, nos lo llevamos en nuestras manos y nos contagiamos o lo podemos transmitir a otras personas, entre ellas, nuestros bebés o niños. Por esta razón, es primordial el lavado de manos frecuente y concienzudo.

El experimento casero que enseña a tus hijos la importancia de lavarse las manos

Además de hacer este experimento con nuestros hijos en casa, podemos también contar hasta 20 con los más pequeños, cantar para que parezca un juego o incluso montar uno como el ejemplo que algunos colegios han difundido. Denominado El juego del coronavirus consiste en que padres y madres hagan un dibujo en la mano a sus peques y que, según se la laven durante el día, este vaya desapareciendo. Si por la noche, no queda ni rastro, los peques ganan un punto. El objetivo es conseguir 20.

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Cómo hablar con los niños sobre el coronavirus

Las noticias relacionadas con la enfermedad COVID-19 y el coronavirus están por todos lados, desde las portadas de los periódicos hasta el patio de juegos en la escuela. Muchos padres se preguntan cómo hablar con sus niños sobre la epidemia para que estén tranquilos y no se preocupen más. A continuación encontrará algunos consejos de los expertos del Child Mind Institute.

PH: Child Mind Institute

  • No tenga miedo de hablar sobre el coronavirus. La mayoría de los niños ya han escuchado hablar del virus o han visto personas usando cubrebocas. Por esa razón, los padres no deben evitar hablar del tema. No hablar sobre algo puede aumentar la preocupación de los niños. Considere la conversación como una oportunidad para comunicar los hechos y definir el tono emocional. “Usted se ocupa de informarse y de filtrar las noticias que les llegan a sus hijos”, explica la doctora Janine Domingues, psicóloga infantil del Child Mind Institute. El objetivo es ayudar a que los niños se sientan informados y obtengan datos basados en hechos, que seguramente serán más reconfortantes que lo que les cuentan sus amigos o escuchan en las noticias.
  • Brinde información adecuada para el nivel de desarrollo. No dé demasiada información, ya que esto puede ser abrumador para los niños. En su lugar, intente responder sus preguntas. La respuesta debe ser lo más honesta y clara posible. No es necesario que tenga todas las respuestas; lo importante es estar disponible para escuchar a su hijo.
  • Permita que su hijo se exprese. Pida a su hijo que le cuente qué sabe sobre el coronavirus y cómo se siente al respecto. Dele muchas oportunidades para que haga preguntas y esté preparado para responderlas, sin guiarlas. La idea es evitar estimular las fantasías alarmantes.
  • Calme su propia ansiedad. “Cuando sienta mucho pánico o ansiedad, evite hablar con sus hijos acerca de lo que está ocurriendo con el coronavirus”, advierte la doctora Domingues. Si se da cuenta de que tiene ansiedad, tómese un momento para calmarse antes de tener una conversación con su hijo o responder sus preguntas.
  • Use palabras reconfortantes. Como los niños son muy egocéntricos, tan solo escuchar noticias sobre el coronavirus puede ser suficiente para que realmente piensen que van a contagiarse con la enfermedad. Por ejemplo, para reconfortarlos, podría ser útil explicarles que el coronavirus en realidad es muy poco común (a diferencia de la gripe), y que de hecho los niños desarrollan síntomas muy leves.
  • Enfóquese en las medidas de prevención. Una manera importante de reconfortar a los niños es hacer hincapié en las precauciones que usted está tomando. El doctor Jamie Howard, psicólogo infantil del Child Mind Institute, señala: “Los niños se sienten seguros cuando saben qué hacer para protegerse”. Sabemos que el coronavirus se transmite principalmente por toser y tocar superficies. Como medida principal para cuidar la salud, el Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) recomienda lavarse muy bien las manos. Por eso, recuerde a los niños que para cuidarse deben lavarse las manos con agua y jabón durante 20 segundos (lo que equivale a cantar el “feliz cumpleaños” dos veces) cuando regresan de la calle, antes de comer y después de sonarse la nariz, toser, estornudar o ir al baño. Si hacen preguntas sobre los cubrebocas, explíqueles que los expertos del CDC indican que la mayoría de las personas no los necesitan. Si los niños ven a alguien usando cubrebocas, dígales que lo hacen como medida adicional de seguridad.
  • Mantenga su rutina. “A nadie le gusta la incertidumbre. Por eso, continuar con la rutina y la previsibilidad será de mucha ayuda en este momento”, aconseja la doctora Domingues. Esto es especialmente importante si la escuela o la guardería infantil de su hijo cierra. Asegúrese de ocuparse de lo más básico, tal como lo haría durante las vacaciones de verano o primavera. Programar los días con horarios regulares para comer y dormir es esencial para que sus hijos estén contentos y saludables.
  • Siga hablando. Diga a sus hijos que los mantendrá al tanto conforme vaya teniendo más información. “Hágales saber que los canales de comunicación siguen abiertos”, agrega la doctora Domingues. “Puede decir que, aunque no existen respuestas para todas las preguntas por ahora, cuando papá y mamá sepan algo más, se los van a contar”.

 

Fuente: Child Mind Institute

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3 consejos para los padres de niños quisquillosos a la hora de comer

Puede ser un momento de frustración y hasta desesperación. Quieres que tu niño o niña se alimente bien, tratas todos los trucos y persuasiones posibles, pero no hay caso. No quieren probar ni un trocito de esa verdura, fruta o alimento que has preparado.

¿Qué más puedes hacer?

Investigadores del Hospital de Niños de Filadelfia y de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos aseguran tener una respuesta a esa pregunta. Ambos centros realizaron un estudio en el que los propios padres fueron entrenados para convertirse en «terapeutas» de sus niños. Y los resultados, según aseguran los investigadores, «cambiaron la vida de las familias».

El estudio se centró en poco más de 20 familias y en casos extremos, pero los investigadores afirman que las técnicas usadas son aplicables a una gran variedad de casos de niños que se niegan a probar o comer alimentos nuevos.

PH: Me lo dijo Lola

El estudio tuvo lugar en la Clínica de Niños Quisquillosos para Comer (Picky Eaters Clinic) en el Hospital de Filadelfia y fue dirigido por la psicóloga clínica Katherine Dahlsgaard. La experta compartió con BBC Mundo tres consejos que los padres pueden seguir para ayudar a sus niños a aceptar nuevos alimentos. (…) Dahslgaard tiene tres recomendaciones principales para los padres de niños quisquillosos con la comida.

1. Establecer expectativas claras

Esto significa, por ejemplo, decir a un niño: «Probarás y tragarás tres pedacitos de una comida nueva o no preferida» durante la cena o almuerzo, o en una hora predeterminada de merienda.

«Yo les enseño a los padres a que se den a sí mismos el permiso de fijar esas expectativas claras. Algunos padres creen que si lo hacen, sus hijos sufrirán o acabarán con algún desorden alimenticio. Pero muchas investigaciones muestran que eso no es cierto», afirmó Dahlsgaard.

«Yo les recuerdo a los padres que ellos insisten todo el tiempo a sus hijos que hagan cosas que no quieren, como por ejemplo, que se cepillen los dientes, que vayan a la cama, que acepten ser vacunados, y eso es considerado ser buenos padres».

2. No tener miedo de ofrecer recompensas

Para Dahlsgaard no hay nada de malo en dar recompensas a los niños cuando cumplen la expectativa fijada. Y ofrecer comentarios positivos cuando lo hacen.

«Y si tu hijo no cumple con la expectativa, no tengas miedo de no dar una recompensa. Estas mostrándole que puede tener confianza en que tú cumples tu palabra». Dahlsgaard relató que la recompensa más popular suele ser «tiempo de pantalla», es decir, ver algo en la televisión o una tableta.

En el estudio, si los niños no cumplían con la expectativa de probar algo «era su propia opción y simplemente no tenían tiempo de pantalla esa noche«. De acuerdo a la experta, los niños aprendieron muy pronto que sus padres cumplirían su palabra.

3. Ignorar los gestos de asco

Cambiar comportamientos lleva tiempo, pero eventualmente las pequeñas victorias llevan a victorias mayores, señaló Dahlsgaard.

«En nuestras sesiones hacemos mucho juego de roles. Fingimos situaciones para que los padres aprendan a mantenerse calmados y optimistas aún cuando sus niños lloran, gritan o salen corriendo de la mesa».

«Los padres en ese caso simplemente dicen, ‘está bien, sé que lo harás mañana'».

«En la Clínica de los Niños Quisquillosos para Comer entrené a los padres a mostrar una actitud neutral ante las expresiones de asco. Esas reacciones suelen ser una respuesta natural a probar algo nuevo, pero desaparecen cuando el alimento se vuelve familiar».

En el estudio, los padres asisten a sesiones de grupo en que se apoyan entre sí. «Los padres aplaudieron por ejemplo a una mamá y papá cuyo niño armó un escándalo porque no quería probar un trocito de aguacate o palta. Ellos se mantuvieron calmados y, al otro día, el niño lo comió».

El desafío de la flexibilidad

Otra técnica útil según Dahlsgaard es introducir variedad, comenzando por las comidas favoritas. Por ejemplo, si a un niño le gusta comer tostadas, sus padres pueden cortarlas en filas largas en lugar de cuadraditos.

«A esta opción le llamamos el ‘desafío de la flexibilidad’, es decir, presentar una comida que les gusta pero de una forma novedosa«.

¿Y qué consejo daría Dahlsgaard a los padres de niños que prefieren ir a la cama con hambre antes que probar una verdura nueva?

«Yo sugeriría a los padres que expongan al niño a muchas más verduras, en el desayuno, almuerzo, cena, merienda», dijo.

«También que dibujen en un papel una tabla en la que el niño pueda ver que gana estrellitas cada vez que come algo nuevo», continuó.

«¡Y que tengan muuucha paciencia!».

 

Fuente: BBC Mundo

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El juego, una clave para incentivar a los chicos

Bañarse, vestirse, cepillarse los dientes y comer en forma equilibrada parecen ser, sin lugar a dudas, cuestiones fundamentales que los padres consideran cuando se trata del cuidado de sus hijos pequeños. Sin embargo, con los aportes de la neurociencia, hoy se sabe que estimular el cerebro de los chicos desde temprana edad es también vital para su desarrollo.

“Al nacer, el bebé ya cuenta prácticamente con todas las neuronas que tendrá durante toda su vida. Solo resta entonces que lo ayudemos a estimularlas, y para ello, lo mejor es el juego. Como padres tenemos que saber que las actividades lúdicas son las que mejor enseñan, estimulan y educan a los niños. Hablarles, leerles y jugar con ellos –además de cultivarlos en los afectos (el amor que le brindamos a un niño es fundamental)– nos permite alimentar y enriquecer su cerebro”, explica el licenciado Sergio Farinelli, especialista en infancia.

Es que a través del juego los niños adquieren múltiples habilidades: motoras, cognitivas, sociales y emocionales. Y todas se desarrollan de manera integral en el juego.

PH: Clarín VIVA

“Se establecen y prueban nuevas conexiones neuronales. Se crea un escenario para las relaciones sociales y el aprendizaje. Y entonces es posible desarrollar habilidades en un formato de bajo riesgo. Lo que los niños aprenden jugando luego lo pueden trasladar a otras situaciones de la vida diaria”, asegura Rita Marini, psicopedagoga con posgrado en neuropsicología infantil del aprendizaje y creadora de ATIR Aprender Jugando.

Por ejemplo, los chicos al jugar pueden expresarse y elaborar miedos o situaciones complejas. Además, el juego habilita al niño a imaginar una situación y combinarla con la realidad de la propia experiencia. Y eso no es todo porque, cuando juegan, los chicos pueden presentar una situación una y otra vez, elaborarla a través de la narrativa e imaginar diferentes desenlaces o soluciones.

No es casual que los chicos disfruten jugando: cuando lo hacen, se activa la química cerebral y así se segregan neurotransmisores como la serotonina, la dopamina, las endorfinas y la acetilcolina, todos relacionados con sentimientos de bienestar y placer. Pero, además, el juego favorece el sueño, la digestión, la adecuada temperatura corporal, la concentración, la memoria y el pensamiento lógico. Una fórmula infalible para el aprendizaje.

“Es así como el juego constituye una actividad natural y lúdica a través de la cual el niño se relaciona con el mundo que lo rodea, aprende y lo conoce. Y en este conocer y aprender, las neuronas espejo juegan un papel fundamental: se activan desde el nacimiento y son la base de la capacidad innata de imitación; sin ellas el aprendizaje seria imposible”, aclara la neuropsicóloga pediátrica Carina Castro Fumero.

Son estas neuronas las responsables del desarrollo y adquisición de capacidades cognitivas como la empatía, el aprendizaje por observación, la interacción, el desarrollo del lenguaje y la comunicación.

La justa medida

Tampoco se trata de exponerlos a estímulos antes de tiempo de manera excesiva, o a tareas demasiado complejas para las que su cerebro ni siquiera está preparado. ¿Cómo ayudar a este enriquicimiento entonces? Es sencillo. A través de diferentes actividades que se pueden hacer en casa:

  • Cantar y bailar. Para estimular su creatividad y desarrollo intelectual. Despierta en ellos la comunicación, la memoria y se estimula su motricidad incentivándolos a inventar nuevas formas de moverse y hacer gestos espontáneos. El cerebro agiliza acciones para coordinar su destreza y motricidad.
  • Armar historias con imágenes de revistas. Recortar fotos de personajes, animales u objetos de revistas infantiles y seleccionar un par de ellas, permite al niño crear una historia y compartir sus fantasías.
  • Jugar con masa. Ablandar, moldear y mezclar haciendo pequeñas piezas producto de su imaginación, contribuye en gran medida al desarrollo de la motricidad en los chicos. Además, al trabajar con las manos y los dedos, estos se ejercitan preparándose para el manejo de lápices y la lectoescritura.
  • Comer con las manos y explorar sabores. Dejar que elniñocoma con sus manos, lo habilita a que incorpore los alimentos según su textura, su forma, sabor y olor.
  • Encastrar. En casa siempre habrá cajas de zapatos y vasos plásticos de diferentes tamaños y colores, elementos simples que permiten armar un juego. Meter unos dentro de otros, separarlos por colores o apilarlos son actividades que despiertan el pensamiento lógico y les enseñan a diferenciar y relacionar tamaños, colores y conceptos opuestos como grande y chico, corto y largo.
  • Jugar al aire libre. Permite que los niños aprendan y descubran un amplio abanico de habilidades motrices y puedan desplegar todo su potencial e imaginario. Seguridad en ellos mismos, ejercicio físico y habilidades sociales son algunas de las capacidades que ponen en práctica. También los ejercita en la espera y el respeto (esperar su tiempo para subir al tobogán por ejemplo), una habilidad que la tecnología y la inmediatez de las pantallas han puesto en jaque y que, sin duda, desde pequeños, necesitan cultivar.

Fuente: Clarín VIVA

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¿Cómo puedes evitar que tus hijos vean contenido dañino en la web?

A medida que crecen las preocupaciones sobre los posibles efectos dañinos de las redes sociales sobre los niños, aumentan también las herramientas para regular lo que ven (y lo que no ven) en la web y cuánto tiempo navegan por ella.

Pero la lucha por reducir el tiempo que pasan los pequeños conectados a internet es una disputa familiar para muchos padres.

Los jóvenes pasan horas persiguiendo»Me gusta» en Instagram -y a menudo enfrentándose al acoso cibernético- jugando videojuegos, obsesionados con influencers de YouTube o interactuando diferentes «grupos de amigos» en WhatsApp.

Entonces, ¿cómo podemos mantenerlos a salvo del contenido dañino?

Hay filtros de control parental (programas informáticos específicos para filtrar contenido) que llevan años en el mercado, pero algunos padres sienten que no saben lo suficiente de tecnología como para activarlos adecuadamente.

A menudo, esos filtros requieren que los niños te den sus contraseñas, una causa potencial de discusiones familiares.

Pero una nueva generación de controles parentales digitales acaba de llegar al mercado, y promete ayudar a los padres a recuperar el control más fácilmente.

PH: BBC Mundo

Filtros de contenido

Hay sistemas (todos ellos disponibles en América Latina) como Circle, Koala Safe o Ikydz que permiten tomar el control de cada dispositivo digital de tu hogar con unos pocos clics en forma de aplicación móvil.

Los nuevos productos funcionan conectándolos al router del wifi doméstico.

En el caso de Circle, el aparato se conecta a un cubo blanco -claramente inspirado por la escuela de diseño de Apple- y crea una lista inmediata de cada teléfono, computadora, tableta; de todos los dispositivos de tu casa conectados a internet, ofreciendo varias maneras de controlarlos.

Puede ser difícil determina quién posee cada dispositivo. Yo misma bloqueé por error el de mi esposo, lo cual provocó gritos de indignación. Pero una vez que pude identificar la dirección MAC de cada uno de ellos -un conjunto único de letras- fue relativamente fácil asignar a cada aparato un usuario específico.

Después puedes establecer filtros basados en la edad -preescolar, niño, adolescente, adulto o ninguno- los cuales permiten bloquear contenido explícito, apuestas, citas y más, según el filtro seleccionado.

También puedes bloquear páginas web específicas -¿qué opinan de Fortnite o Instagram?- y poner límites de tiempo, pausar internet o establecer horas de irse a dormir.

Pero puedes hacer todo eso con un software de filtración de contenido tradicional. Además, ahora los proveedores de servicio web, formas de ciberseguridad y navegadores son mucho mejores a la hora de ofrecer configuraciones familiares en sus servicios.

Es más, surgen los mismos problemas. Mis dos hijas, de 11 y 13 años, protestaron enérgicamente por las «violaciones de privacidad» cuando se dieron cuenta de que yo pude ver cada sitio y aplicación que visitaron.

Una vez que les aseguré de que no se trataba de husmear en sus vidas, sino de poner límites y de seguridad, parecieron aceptar a regañadientes los nuevos controles.

De hecho, una encuesta de 2018 a adolescentes de entre 11 y 16 años de la organización sin ánimo de lucro Internet Matters mostró que el 65% de ellos estaban a favor del control parental.

Anne Longfield, del Comisionado de los Niños para Inglaterra, en Reino Unido, cree que es bueno que los padres establezcan límites.

«Internet puede ser una gran fuente de información, pero también puede ser el Salvaje Oeste para los niños. No nos parecería bien dejar a los niños en el parque por la noche cuando son pequeños. De la misma manera, no deberíamos pensar que está bien que naveguen por internet sin guías ni restricciones», explica.

Pero los filtros de contenido también tienen algunas desventajas. Por ejemplo, algunos no funcionan cuando el celular de tu hijo ya no está en la casa y no usa esa conexión wifi. Y no funcionan si desconectan el wifi o usan datos móviles para acceder a internet.

PH: Mercury News

Celulares para niños y búsquedas seguras

«Para niños más pequeños, un teléfono Monqi [son celulares específicamente diseñados para niños] puede ser la mejor opción como primer dispositivo», advierte Ghislaine Bombusa, director de cuestiones digitales en Internet Matters.

«O si te preocupan algunas páginas web en particular, puedes establecer una búsqueda segura en la banda ancha de tu familia. Eso podría ser suficiente y es gratuito», añade.

«También puedes activar Google Safe Search o el modo restringido en YouTube».

Otra opción es comprar una nueva generación de routers de alta velocidad, algunos de los cuales no solo proporcionan buena cobertura, sino que cuentan, además, con opciones de control parental preinstaladas.

Y para aquellos padres con más experiencia con la tecnología, Kate Bevan, editora de «Which? Computing», recomienda establecer un OpenDNS (DNS abierto) en tu router, el cual permite a los padres poner ciertos controles. Las opciones básicas de bloqueo son gratuitas.

Discutir y negociar

En cambio, Ben Halpert, fundador de Savvy Cyber Kids, una institución para educar sobre ciberseguridad con base en Estados Unidos, advierte que existen límites a lo que la tecnología puede hacer por sí misma.

«Una vez que los niños alcanzan cierta edad, sus compañeros les contarán, o encontrarán ciertas formas de sortear los controles parentales», le cuenta a la BBC.

«No importa la tecnología que uses, nunca evitará que tu hijo se exponga a cosas que no desearías. Por eso es tan importante crear confianza con tus hijos y hablar de manera continua sobre el uso de la tecnología«.

La mayoría de los expertos creen que la discusión, la educación y la negociación son tan fundamentales como los ajustes técnicos cuando se trata de mantener seguros a tus hijos en internet.

 

Fuente: BBC Mundo

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Así afecta la composición de la leche materna al crecimiento de los bebés

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) han confirmado una asociación entre las concentraciones de oligosacáridos de la leche humana (HMO) y el peso y la composición corporal de los bebés.

La lactancia materna afecta al crecimiento infantil y, según los investigadores, ayuda a prevenir la obesidad, tanto en la infancia como en la edad adulta. Sin embargo, los componentes de la leche materna responsables de estos efectos beneficiosos siguen siendo en su mayoría un misterio.

La leche humana es una elaborada mezcla de proteínas, grasas, minerales y vitaminas, además de complejas moléculas de azúcar llamadas oligosacáridos de la leche humana. Hay aproximadamente 150 tipos de HMOs. Como las huellas del pulgar y la lengua, la combinación y concentración de HMO es única para cada madre lactante.

Los HMO son prebióticos naturales que contribuyen a la formación del microbioma del intestino del bebé, lo que puede afectar a los riesgos de salud y enfermedad. Pero también actúan de forma independiente del microbioma, protegiendo al bebé de enfermedades como la diarrea infecciosa o la enterocolitis necrotizante, una enfermedad grave que afecta al intestino de los bebés prematuros. Las HMO también reducen potencialmente el riesgo de enfermedades no transmisibles, como el asma, las alergias y la obesidad más adelante en la vida.

En este nuevo trabajo, publicado en la revista ‘The American Journal of Clinical Nutrition’, los investigadores analizaron una cohorte de 802 madres y sus hijos. Los niños fueron examinados desde el nacimiento hasta los 5 años. Descubrieron que las altas concentraciones de una HMO llamada 2′-Fucosilactosa (2’FL) y las bajas concentraciones de otra HMO conocida como Lacto-Neotetraosa (LNnT) estaban asociadas con el crecimiento en la infancia y la primera niñez.

«Nos sorprendió la magnitud de la asociación. El impacto persistió mucho tiempo después de la exposición real a las HMO durante la lactancia. Algunas HMO podrían ayudar a los lactantes que se encuentran detrás de la curva de crecimiento; otras HMO podrían hacer lo contrario y ayudar a reducir el riesgo de obesidad infantil«, explica el autor principal de la investigación, Lars Bode.

 

Fuente: ABC España

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Trucos para que los niños prefieran la fruta a los helados

¿Te parece imposible que tus hijos prefieran la fruta a los helados? Pues es tan sencillo y tan efectivo como «dar ejemplo» y poner a su alcance las frutas y verduras de una forma atractiva. «Si nuestros hijos ven que comemos frutas a todas horas y en cualquier lugar, acabarán comiéndolas, sobre todo si no tenemos en casa productos superfluos», explica Carlos Casabona, pediatra y autor de «Tú eliges lo que comes», que además cita una de las ideas que a menudo transmite el dietista-nutricionista Julio Basulto para reafirmar este último punto: «Si no quieres que tus hijos coman helados, refrescos, postres ultrazucarados, aperitivos salados, bollería o galletas a todas horas, no los tengas en el frigorífico, la despensa o la alacena o no los lleves a la piscina o la playa. En definitiva, no lo compres porque te lo comes».

PH: ABC España

Las empresas que venden ultraprocesados llevan años investigando cuál es la mezcla entre azúcar, grasas y sal para que sus productos tengan ese punto irresistible para los niños. Además, tal como explica Casabona, la industria alimentaria dispone de un arsenal de sustancias como los potenciadores del sabor y los colorantes que pueden llegar a convertir su consumo en algo casi adictivo. «A esto hay que sumar las técnicas de marketing que usan, que rayan la ilegalidad al poner en los envases los dibujos de los personajes conocidos por los niños y que además incluyen alegaciones de salud en letras más grandes y vistosas que las que hacen referencia, casi a escondidas, con letra canija y en la parte trasera, a las cantidades de azúcar, grasas de mala calidad o sal que llevan esos productos», comenta.

La cuestión es, según explica Julio Basulto, autor del libro «Se me hace bola (Cuando no comen como queremos que coman)», que no es tan importante que los niños coman muchas frutas o verduras, pues lo fundamental es que «dejen de comer mal», que dejen de comer todo aquello que no es saludable. Y en este sentido, el experto aporta una medida que considera inquebrantable: «Nunca debemos obligar, ni insistir, ni coaccionar, ni chantajear a un niño. Está más que demostrado que la presión relacionada con la comida está relacionada con un mayor riesgo a padecer obesidad y trastornos alimentarios», explica. Lo importante, por tanto, es que el adulto pueda dar ejemplo, sin hacer aspavientos y sin recrearse en el momento. «Cómete la fruta, disfrútala y déjala a su alcance. Los niños, como los adultos, tienen una especie de radar que cuando detectan que, de alguna manera le están manipulando para que haga algo concreto. De hecho, si se dan cuenta de que estás insistiendo en que deben comer fruta, inmediatamente harán lo contrario», comenta.

Fruta cortada, pelada y bonita

Para poner al alcance de los niños alimentos saludables el pediatra Carlos Casabona comparte algunos trucos. Uno es tener a la vista tanto en el comedor como en la cocina el frutero lleno de fruta atractiva y en su punto de madurez. Otro, que puede resultar aún más atractivo en verano, es guardar en la nevera recipientes con fruta pelada y cortada, pues eso permitirá que puedan consumirla fresquita en cualquier momento. En cuanto a las verduras, el experto destaca el trabajo de nutricionistas como Rebeca Pastor (MyPersonalFood), Griselda Herrero y Natalia Moragues, que a través de sus redes sociales (especialmente en Instagram), ofrecen decenas de ideas para que los niños disfruten de buen grado de platos en los que las verduras y las hortalizas son las protagonistas.

Las legumbres también son para el verano. De hecho, tal como explica Carlos Casabona, les resultará atractivo consumirlas en platos frescos, a modo de ensalada de lentejas o de judías, combinadas con tomate, pepino y otras hortalizas. También se puede preparar un hummus para untar con palitos de pan integral o barritas de zanahoria.

¿Y qué pasa con el desayuno?

Pues pasa, como cuenta Julio Basulto, lo que dice el nutricionista y biólogo Juan Revenga, que deberíamos tratar al desayuno (con respecto al resto de las comidas del día) como a los hijos, es decir, que lo ideal es que no queramos a uno más que a otro, sino a todos por igual. Es más, Julio Basulto afirma que en realidad el desayuno es la comida más importante del día solo para las empresas que venden cosas para el desayuno.

El pediatra Carlos Casabona aconseja, en el caso de que se incluya leche en el desayuno, que se consuma entera y sin cacaos azucarados industriales. Y si al niño le gusta el sabor a cacao, recomienda a través de este vídeo hacer un preparado casero con cacao puro.

Otra de las propuestas, además de ofrecer la fruta de forma atractiva (cortada, pelada y con una composición creativa) como en los buffet de los hoteles, es, como explica Casabona, abrir la mente a la hora de elaborar un desayuno pues, tal como asegura, eso de «desayunar dulce» es un invento reciente que carece de evidencia científica. Así, por qué no desayunar arroz, o pasta, o incluso las sobras de la cena del día anterior, como propone la dietista-nutricionista Raquel Bernácer en su libro «Aprende a desayunar».

Si quieren helado, mejor que sea casero

El pediatra Carlos Casabona propone elaborar helados caseros y sin azúcar usando dátiles, uvas pasas, ciruelas pasas o higos secos como endulzantes. A la hora de elaborarlos se puede optar por elegir frutas que tengan un alto porcentaje de agua, como el melón o la sandía. Se tritura y se rellenan los moldes de helado (con sus palitos).

Otra idea para que resulten más cremosos o tipo «sorbete» es utilizar plátano, kiwi, fresa, cereza deshuesada, mango, papaya o nectarina. Se trituran y, si se desea, se añade un yogur natural sin azúcar para que resulten aún más cremosos. Al presentarlos se pueden añadir trozos de chocolate cuya composición sea de un mínimo de 80% de cacao puro o almendra molida.

 

Fuente: ABC España

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Lactancia y verano: pautas y tips para transitarla de manera segura

Todos los temas que rodean a la lactancia (tanto a la madre que amamanta como al/la bebé que lacta), están llenos de mitos; muchos de ellos no hacen ni bien ni mal, mientras que otros tienen el poder de convencernos sobre ciertas prácticas que no siempre son beneficiosas.

PH: Lets Family

¿Qué cuidados tener?

La hidratación de la mujer que amamanta es un tema siempre, y especialmente en verano, por eso muchas veces surgen preguntas como ¿cuánta agua tiene que tomar? ¿la cantidad de agua que toma determina su producción de leche?

Amamantar puede generar sed (principalmente en los primeros meses). ¿Lo indicado? Sentarse a amamantar con líquido cercano. No esperar a que aparezca la sed.

Indicar tantos litros de líquido no nos parece adecuado ya que la producción de leche no depende de los líquidos ingeridos.

Es importante que la mujer que amamanta tenga una alimentación equilibrada, variada y en sintonía con la estación del momento.

Amamantar genera un gasto de energía y por lo tanto calor, por lo que es posible que los requerimientos de la madre sean mayores en verano. Evitar las bebidas azucaradas y preferir el agua y los jugos naturales.

Buscar un lugar fresco de la casa. Evitar la exposición a sol en los horarios no recomendados.

Descansar en la medida de lo posible.

Por otro lado están los cuidados de los/las bebés, que se establece según el tiempo de vida.

De 0 a 6 meses

Los/las bebés que aún no han iniciado el proceso de incorporación de sólidos no tienen necesidad de hidratarse con agua ya que la leche con la cual se alimentan cubre todos los requerimientos.

Alimentados con leche materna: No requieren agua extra para estar bien hidratados. La leche materna contiene un 88% de agua y su osmolaridad semejante al plasma, permite al niño/a mantener un perfecto equilibrio electrolítico.

 

Fuente: Perfil – Marie Claire

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Chicos sin clases, ¿niños aburridos?

Arrancan las vacaciones y, para aquellas familias que no empalman la rutina escolar diaria con la colonia de verano, los días de los niños en casa son un desafío. ¿Los «entretenemos»? ¿Buscamos actividades? ¿O los dejamos descansar? La inminente frase «estoy aburrido/a» puede condicionar las decisiones, o hacer aparecer la tablet o el celular. Es que la sugerencia es, siempre, «más aire libre» pero el sol intenso de verano también hace buscar sombrita para esquivar los rayos UV.

PH: Clarín Entremujeres

¿Sirve para algo el aburrimiento?

Al terminar las actividades escolares y extraescolares del año, los chicos se enfrentan con tiempo libre​. «Ese tiempo está destinado al descanso, a la diversión, al desarrollo de la personalidad y a la sociabilidad, por lo que tenemos que contemplar el descanso activo, es decir, libertad para poder divertirse o tener actividades en las que puedan sentirse entretenidos y sean valiosas», dice a Entremujeres Clarín Ángela Nakab, médica especialista en pediatría, presidente de la subcomisión de medios y comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Para Héctor Pedicino, médico pediatra y presidente de la SAP Córdoba, sugiere no recargar con nuevos horarios y actividades a los niños. «Durante el periodo escolar se vieron obligados a cumplir miles de rutinas (escuela, idiomas, deportes, etc.), por lo que estaría bueno un poco de libertad. Por ejemplo, distender un poco los horarios de sueño».

«Los niños son activos por naturaleza y tenemos que evitar que se vuelvan adultos sedentarios y la pasen lo mejor posible; para eso, hay muchas actividades que los padres, abuelos, tíos o cuidadores pueden proponer, porque el tiempo de ocio permite la creatividad, la posibilidad de pensar y reflexionar, y eso es lo que tenemos que intentar hacer con los chicos en los momentos en los que no tienen actividades formales y organizadas», menciona Nakab.

Por eso, la médica resalta los aspectos positivos del aburrimiento, que tienen que ver con la estimulación de la creatividad, la reflexión y la imaginación. Les da la posibilidad de pensar qué les gustaría hacer. «Es una manera de que el niño esté consigo mismo, vea qué puede hacer con ese tiempo disponible, y cómo puede utilizarlo mejor, es parte del crecimiento», asegura.

Tiempo de calidad: jugar con ellos

«Lo primordial en los niños es el juego», dice Ángela. «Mediante el juego, el niño -dependiendo la etapa de desarrollo en la que se encuentra- desarrolla el lenguaje, la simbolización, la psicomotricidad y todo lo que tiene que ver con lo emocional y lo cognitivo. No tiene que ver solamente con juguetes sofisticados, sino con el momento compartido con el otro».

Rutinas, trabajos, obligaciones… Hacerse un tiempo para jugar con ellos es clave. Media hora o 45 minutos de juego diario, con un adicional los fines de semana, es la sugerencia que se repite. La psicóloga Mercedes Faiad, especialista en trastornos de ansiedad y psicodiagnóstico infantil y miembro del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA), dice que «lo más importante es que el adulto se pliegue al juego, porque muchas veces están pensando tanto en las tareas que tienen que hacer que no se permiten sentarse a jugar con los chicos. Les da culpa, sienten que están perdiendo el tiempo: se ocupan de lo académico, de la salud, de lo cotidiano (cocinarles, bañarlos…), pero no se ocupan de jugar con ellos, y es súper importante, porque los niños establecen el vínculo, aprenden y establecen la confianza a través del juego. Ellos siempre van a querer jugar, lo importante es que nosotros dediquemos ese tiempo en hacer una actividad que ellos disfruten».

La soga, el elástico, la pelota. La vuelta a los juegos tradicionales también es una opción recomendada. Pedicino sugiere volver a los juegos en familia, como los juegos de mesa. «A los niños les gusta compartir con los padres y hermanos actividades conjuntas. Para los más chicos, dibujar, jugar con plastilina (no tóxica) o pintar».

También es bueno incentivar actividades al aire libre, con las precauciones para evitar quemaduras solares y golpe de calor, dice Pedicino. Esto es:

  • Hidratarse, beber agua segura con mayor frecuencia aún sin sed.
  • Elegir lugares frescos, ventilados y mojarse frecuentemente.
  • Aumentar la frecuencia de las mamadas en los más chiquitos; estimular siempre la lactancia materna.
  • No realizar deportes o actividad física al aire libre los días de mucho calor.

Limitar las pantallas

La idea es que las pantallas no sean la única alternativa, ya que se recomienda limitar su uso a dos horas diaria en total. «Las nuevas tecnologías -teléfono, TV, pantallas- forman parte de nuestra vida cotidiana y no hay que renegar de ellas, pero sí hay que tener en cuenta que irrumpieron con mucha fuerza en el tiempo libre de los chicos y muchas veces reemplaza al juego activo, al deporte, la conversación, a la lectura e, inclusive, restan horas de sueño en las diferentes etapas de la vida», comenta Nakab.

Entonces, «la idea no es sacarles las pantallas, sino mejorarles la utilización y acotar el tiempo dedicado a ellas, y que los chicos sepan anticipadamente cuánto tiempo pueden estar, cuál es la decisión familiar respecto a esto, y que pueden compartir lo que hacen en las pantallas con padres, hermanos o tíos para que no genere una situación de aislamiento de los chicos».

«La sociedad que venimos creando deja muy poco margen para la creatividad. Los juegos modernos juegan por los niños. Es muy común que los padres escuchemos la frase ‘Estoy aburrido’. Tal vez nuestra respuesta es conectar el niño a alguna pantalla y así tener la falsa idea de que esto soluciona el problema -dice Pedicino-. La alternativa es dar la oportunidad a que el niño imagine, invente un mundo con sus juguetes o juegue roles (que está jugando la final de la Copa del Mundo, que es maestro de grado o bombero); que los más pequeños hagan lo suyo con un amigo invisible y los más grandes, con uno visible, pero la niñez se distinguió siempre por su creatividad y vivencia de historias. Los papás podríamos hacer memoria, traer nuestros juegos de ayer y compartirlos con los más chicos. Sería un buen comienzo».

 

Fuente: Clarín Entremujeres

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Charlar con nuestros hijos: ¿cómo evitar los monosílabos?

El diálogo fluido y de calidad con los niños es algo difícil de conseguir. En general, los más chicos suelen ser reservados al momento de contar lo que hicieron en el día o de hablar de aquello que piensan, sienten o les preocupa. Pero lograr una comunicación verdadera con ellos resulta fundamental tanto para la comprensión del presente como para la generación de la confianza necesaria pensando en conversaciones íntimas a futuro. Promover el diálogo familiar ayuda a una mejor convivencia y a un mayor conocimiento entre los miembros de la familia. «Por la comunicación pasa la vida porque los vínculos se construyen y se sostienen mediante el diálogo», asegura Marisa Russomando, licenciada en psicología especialista en crianza y maternidad.

PH: La Nación

Comunicación, no interrogatorio

Pero, ¿cómo hacer para promover la comunicación con nuestros niños si ellos suelen responder a nuestras preguntas con monosílabos? En principio se trata de formular las preguntas adecuadas para dejar que ellos se expresen lo máximo posible. «Las preguntas abiertas son un buen inicio para el diálogo. Hay que estar atentos a no confundir una conversación con un interrogatorio de rutina porque la comunicación es mucho más que la información. No es lo mismo recibirlos cuando apenas salen del jardín con un repertorio de preguntas – ¿tomaste la leche?, ¿a qué jugaste?, ¿qué comiste?- que con un simple ¿Cómo estuvo tu día? que invita a contar, a armar un relato», señala Gabriela Nelli, licenciada en psicología de Alojar, institución especializada en maternidad y crianza. En este sentido, Russomando aconseja también apelar al silencio: «Si vamos a buscarlos a jardín los recibimos con una sonrisa y un beso, nos quedamos callados y esperamos que sean los mismos niños los que empiecen a contar de manera natural».

Otra buena estrategia para generar una conversación es iniciarla uno/a mismo/a a partir de un relato de algo que hayamos hecho o nos haya pasado en el día. «Muchas veces cuando les hacemos preguntas los niños no saben qué responder y se quedan callados. En estos casos, una alternativa es comentar cómo nos fue a nosotros para que ellos aprendan a organizar sus propias experiencias y se animen a armar sus relatos sobre aquello que les estamos preguntando», sugiere la licenciada en psicología María de las Mercedes Lotufo, profesora de la Licenciatura en Psicología de la UADE.

El timing

De nada sirve contar con una serie de preguntas jerarquizadas y amplias para hacer a nuestros niños si no logramos dar con el momento adecuado para hacerlas. Las especialistas coinciden en que una de las variables para lograr una buena comunicación con los niños es identificar las ocasiones en las que ellos se encuentran disponibles para conversar. «En las comidas, yendo o volviendo del jardín a casa, mientras se bañan, antes de dormir. Lo que está bueno es estar atentos a los momentos en los que nuestro hijo tiene ganas de conversar tanto promoverlo como para uno estar preparado y disponible», indica Russomando.

Lo cotidiano es el espacio de tiempo en el que se darán las conversaciones con nuestros hijos por lo que cualquier situación es susceptible de convertirse en un momento de diálogo. Y si la idea es promoverlo, entonces, deberemos mostrarnos disponibles a través de los gestos y las actitudes. En este sentido, Lotufo señala que «para una mejor comunicación es aconsejable colocarnos a su altura, ya sea arrodillándonos o agachándonos para ponernos cara a cara. Esta actitud nos hará más accesibles, generando una sensación de igualdad por parte del niño ya que no sólo nos comunicamos con palabras sino que también lo hacemos mediante gestos. Escucharlo con interés y atención, mirarlo cuando nos hable y cuando no nos hable también. No todo lo que quiera decir saldrá de sus palabras».

La comunicación de los sentimientos

«Hablar de lo que se siente no sólo representa un desahogo, también ayuda a identificar sentimientos, a poner las cosas en su justo lugar, a empatizar con el otro, a cambiar puntos de vista y a aliviar ansiedades», señala Nelli para destacar lo importante que es que los niños aprendan a comunicar sus sentimientos.

Si bien todos los posibles diálogos con nuestros hijos son importantes, aquellos referidos a sentimientos resultan cruciales porque aprender a identificarlos con palabras permite gestionarlos mejor. Así lo indica la especialista de la UADE: «En la medida en que podemos nombrar lo que nos sucede, podemos comprenderlo mejor. Como adultos debemos ayudar a los niños a reconocer sus sentimientos para que puedan aprender a regularlos. Esto fomentará el desarrollo de una buena autoestima y les brindará la posibilidad de mejorar el bienestar personal y social».

Y acá se trata de empezar por nosotros mismos como padres. Así lo asegura Nelli cuando dice que » para poder ayudar a nuestros hijos a que se animen a hablar de lo que sienten es fundamental que primero seamos nosotros los adultos los capaces de identificar, aceptar, transmitir y elaborar las situaciones que nos movilizan los sentimientos que nos generan. Sólo así podremos acercarnos a nuestros hijos y darles muestras en hechos concretos de que podemos escucharlos con empatía y de que tenemos genuino interés por enterarnos de sus cosas».

 

Fuente: La Nación

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