7 alimentos no recomendados para comenzar con los sólidos

“Quien evita la ocasión, evita el peligro”. Son palabras de la pediatra Matilde Zornoza, de Pediatra2punto0.com, que recomienda directamente no ofrecer ciertos alimentos a los niños menores de cinco años para evitar que se atraganten, entre ellos “los frutos secos, la zanahoria cruda o la manzana”.

La pediatra asegura, sin embargo, que cada niño es un mundo, y que si bien la introducción de los sólidos puede comenzar en el mismo momento en que se inicia la alimentación complementaria (alrededor de los seis meses), “no pasa nada si nos decidimos por los triturados, aunque siempre es bueno ofrecer algún trozo y texturas diferentes antes de los 9 o 10 meses para no tener problemas posteriormente con el paso del triturado al sólido”.

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PH: La Vanguardia

A pesar de que si se evitan ciertos alimentos y los niños comen en todo momento bajo la tutela de un adulto no es fácil que se atraganten, Zornoza recomienda distinguir entre varios tipos de atragantamiento. “Si el niño está tosiendo con una tos fuerte y efectiva hay que dejarlo que tosa. Si no tose, la tos es débil, no puede respirar o se pone amoratado, le daremos cinco golpes secos en la espalda”.

En el caso de los mayores de un año se debe realizar la conocida maniobra de Heimlich, que consiste en “colocarte detrás del niño y rodearle la cintura con los brazos. A continuación, se cierra la mano y se coge con la otra a modo de puño en la zona de la boca del estómago (entre el ombligo y el tórax). Por último, se realiza una presión fuerte hacia adentro y hacia arriba, a modo de cuchara. Si el niño es menor de un año, realizaremos compresiones en la zona del tórax, e independientemente de la edad iremos alternando cinco golpes en la espalda con cinco compresiones abdominales o torácicas”, explica la pediatra.

Para evitar riesgos, lo mejor es no dar a los pequeños algunos alimentos enteros y buscar siempre alternativas creativas para ofrecerlos de forma segura e igualmente apetecible.

Manzana

No solo puede provocar atragantamiento, sino que además es difícil de masticar, cosa que termina cansando a los niños. Rovira recomienda apostar por las manzanas asadas, que pueden combinarse con numerosos alimentos, o ralladas, que se pueden añadir a yogures o ensaladas de frutas. Si escogemos esta última opción, el nutricionista recomienda servir las frutas de forma creativa, en forma de corazón o estrella, para convertir la comida en un acto lúdico.

Zanahoria

Igual que ocurre con la manzana, Zornoza recomienda “no dar nunca zanahorias crudas a los niños menores de cinco años” y optar siempre por su versión rallada o cocida.

Tomates cherry

Conviene tener cuidado con las formas redondeadas, que Zornoza recomienda cortar siempre en mitades o cuartos. “Tanto los tomates cherry como las uvas pueden causar problemas de atragantamiento”. Rovira amplía esta lista e incluye los porotos, que pese a ser más pequeños “son un poco duros y podrían causar problemas”, además de las cerezas, las frambuesas, las aceitunas o el maíz en conserva.

Golosinas

Además de que no son saludables y habría que evitarlas a cualquier edad, chicles y gomitas son especialmente poco recomendables para los más pequeños, “puesto que su textura pegajosa podría causar problemas de atragantamiento”, explica el experto, que también recomienda tener cuidado con los pochoclos.

Frutos secos

Nueces, almendras, castañas y otros frutos secos deben ofrecerse siempre triturados. Pueden incorporarse rallados al yogur –que debe consumirse entero y sin azúcar, evitando los postres lácteos– o en forma de crema.

Carne roja

Es conveniente tener cuidado con las carnes especialmente fibrosas, como el cerdo o la ternera, que suelen quedar duras tras procesos de cocción como la plancha o el horno. Rovira recomienda elegir carnes o pescados blancos, más fáciles de masticar, siempre que se administren en un tamaño adecuado a la garganta del niño.

Cítricos

Pese a que su consumo es más que recomendable entre los más pequeños, siempre en su versión entera, hay que tener especial cuidado con las finas pieles que rodean los gajos de estas frutas. Conviene, sin embargo, que los niños se acostumbren desde pequeños a consumir siempre la fruta entera para aprovechar su fibra y “tomen jugos solo de forma ocasional, y en ningún caso industriales”, concluye Rovira.

 

Fuente: La Vanguardia

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Perjuicios y beneficios del uso del chupete según la ciencia

El uso del chupete se ha relacionado con la aparición de malformaciones bucodentales, con un abandono precoz de la lactancia materna, la aparición de otitis media, el mantenimiento del hábito de succión digital y una disminución en la producción de los sonidos del habla, así como la instauración del hábito tabáquico en la adolescencia y adultez.

PH: Eres Mamá

En cuanto a los efectos beneficiosos asociados a su uso, figura el factor protector frente al síndrome de muerte súbita del lactante durante el sueño y la aparición de sobrepeso y obesidad en la adolescencia, la analgesia producida durante procedimientos o situaciones estresantes y la estimulación del reflejo de succión en situaciones en las que este se encuentra poco desarrollado.

Desirée Mena y Jennifer Sánchez, de la Unidad Predepartamental de Enfermería de la Universitat Jaume I de Castellón (UJI) han publicado un estudio en la revista Rol de Enfermería en el que revisan un total de 1.897 artículos científicos que recogen ambas facetas del chupete en recién nacidos y lactantes.

Para lleva a cabo dicha revisión, se realizó previamente un filtrado de calidad científica y los artículos obtenidos se sometieron a un análisis centrado en el diseño del estudio, población, muestra, periodo de seguimiento, evaluación, resultados o conclusiones, en función del diseño. Del mismo modo, se realizó un análisis descriptivo de las variables, clasificándolas como efectos favorables, desfavorables o no influyentes.

«Hemos realizado una serie de recomendaciones con el objetivo de dotar a madres, padres y cuidadores de la mejor información que les permita deliberar y elegir libremente aquello que mejor se adapte a sus necesidades, creencias o expectativas», explica Mena.

Ventajas y desventajas 

En caso de que se opte por la lactancia materna, se sugiere no utilizar el chupete, pues está relacionado con la dificultad en su instauración y el destete precoz. Por otro lado, para evitar problemas en la dentición, concretamente, malformaciones bucodentales, se recomienda su uso a partir de los seis meses de edad. Sin embargo, también se relaciona, sobre todo a partir de esta edad, con la aparición de otitis media.

Otra de las razones por las que se desaconseja es por aparecer su uso relacionado con una persistente succión digital en la infancia, el inicio del hábito tabáquico en la adolescencia y adultez y con una disminución en la producción del sonido del habla.

La investigación señala como recomendable el uso del chupete en el caso de que el bebé no haya desarrollado el reflejo de succión nutritiva, ya que puede utilizarse para estimularlo. También se recomienda para calmar al bebé en situaciones estresantes o dolorosas.

Con este fin, explica Jennifer Sánchez, «no se desaconseja la utilización conjunta de sacarosa, aunque por motivos nutricionales no se recomienda su uso; no obstante, siempre sería mejor como primera opción la lactancia materna si esta estuviera disponible». Además, se recomienda el uso del chupete durante el sueño para evitar la aparición del síndrome de muerte súbita del lactante.

En el caso de utilizar chupete, la recomendación es lavarlo con una solución de clorhexidina acuosa al 0,12% o sumergirlo en agua hirviendo. Además, se aconseja la realización de revisiones dentales periódicas para vigilar el crecimiento de la dentición temporal y detectar la aparición de malformaciones. En el caso de que se lleve a cabo lactancia, el estudio señala que es conveniente realizar visitas periódicas con la matrona o enfermera pediátrica para que la supervise con el fin de poder detectar precozmente posibles problemas derivados del uso del chupete.

Finalmente, las investigadoras de la UJI señalan que el estudio también ha permitido detectar posibles futuras líneas de investigación orientadas a disponer de una evidencia fuerte sobre el uso del chupete, la prevención del síndrome de muerte súbita del lactante y la aparición de otitis media.

 

Fuente: Agencia Sinc

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Seis actividades que benefician a niños con TDAH

«El TDAH es un trastorno grave que afecta a un 5% de los niños y que persiste a lo largo de la vida. No obstante, con el tratamiento adecuado la mitad de los casos remiten en la edad adulta». Así de contundente se muestra Marta Calderero, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. En la actualidad hay mucha controversia en torno al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y aunque la inmensa mayoría de los expertos reconocen su existencia, también son muchos los que advierten de una tendencia al sobrediagnóstico.

Evitar diagnósticos erróneos

Los síntomas del TDAH (dificultades de atención, hiperactividad e impulsividad) suelen coincidir con algunas características habituales en los menores, pero que también se manifiestan en ciertas personalidades adultas. Por este motivo, a veces se corre el riesgo de confundir determinados rasgos propios del carácter con este trastorno de hiperactividad. La mayoría de los niños son inquietos por naturaleza, pero no se trata de poner una etiqueta de TDAH a toda la infancia.

Según María José Acebes, «existen diferentes situaciones vitales, como, por ejemplo, problemas familiares o traumas emocionales, que predisponen al individuo a comportamientos similares a los síntomas característicos de un paciente al que le han diagnosticado TDAH». La neuropsicóloga apunta, incluso, que «determinadas condiciones médicas pueden provocar estas conductas que aparentemente se atribuyen al TDAH».

A fin de evitar diagnósticos erróneos siempre debe tenerse en cuenta que, aunque la manifestación sea la misma, la causa no tiene por qué serlo. Así, solo se puede hablar de TDAH cuando los síntomas «están presentes en dos o más contextos en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo del niño e interfieren significativamente en su funcionamiento social o académico», aclara Calderero. «Sería un error diagnosticar TDAH a un niño por la mera presencia de los síntomas, sin que se haya apreciado un impacto significativo de estos en su comportamiento en la escuela o en sus relaciones con la familia y los amigos», añade.

Actividades para descargar energía y controlar impulsos

Las personas con TDAH tienen más dificultades para inhibir su respuesta ante estímulos distractores, suelen incurrir en hiperactividad y presentan una mayor tendencia a la precipitación. Además, se manifiestan frecuentemente con conductas impulsivas que dificultan la aplicación de refuerzos a medio o largo plazo, y que pueden llevarlos a subestimar las consecuencias de su comportamiento.

Ante este tipo de escenarios, los expertos recomiendan la práctica de actividades que requieran concentración y desarrollo de sus capacidades cognitivas, más allá de las académicas, en las que puedan descargar toda su energía y aprendan a controlar sus impulsos. «Sin embargo, no todas estas acciones valen para todos los niños. Es muy importante que les interesen y que tengan un cierto atractivo para ellos», advierte Acebes. «Solo si al pequeño le interesa lo que está haciendo y lo disfruta será beneficioso. De hecho, obligarle a practicar atletismo o a concentrarse en una partida de ajedrez, si a él no le motiva, resultará contraproducente».

La profesora recomienda mantener un diálogo continuado con los responsables de las actividades, de modo que puedan conocer de primera mano las características específicas del menor y las tengan en cuenta por si, en ocasiones, deben darle más tiempo o dosificar la información que se le proporciona. «Estos niños aprenden de otra manera y a otro ritmo y, por ello, puede ser que necesiten una serie de ayudas o de adaptaciones en las actividades que hacen», insiste.

1. La música

Aprender a tocar un instrumento, así como leer y componer nuevas piezas musicales, es «especialmente beneficioso» para los niños con TDAH, ya que ello «se refleja en nuevas fibras nerviosas en el lóbulo frontal del cerebro. La relación entre la música y la génesis de neuronas y de asociaciones entre ellas proporciona habilidades cognitivas fundamentales para revertir alteraciones de la conducta, como las propias del TDAH», afirma Calderero.

2. Los animales

Investigadores de la Universidad de California demostraron que la terapia asistida con perros puede ayudar a niños con TDAH a mejorar sus habilidades sociales y a reducir las conductas problemáticas. Los resultados del trabajo demostraron que los niños que habían sido tratados con perros experimentaron un aumento de la capacidad de atención y progresos notables en las relaciones con los demás. Según explica Calderero, «divertirse jugando con perros ayuda al niño a ser más consciente de los momentos en los que pierde la atención o se comporta de manera impulsiva. Por ejemplo, el perro reacciona buscando la atención del niño cuando este se despista o, por el contrario, se queda quieto cuando el niño actúa impulsivamente saltándose las instrucciones. Estas reacciones del animal ayudan al pequeño a corregir la conducta al momento y, por ende, a mejorar a largo plazo».

3. El deporte

La práctica diaria de deporte beneficia la cognición y el comportamiento respecto al aprendizaje de niños y adolescentes de entre 6 y 18 años con diagnóstico de TDAH, según las conclusiones de un estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad de Jaén (UJA).

Si durante unos 20 minutos realizan una actividad física de alta intensidad, su velocidad de procesamiento y su memoria de trabajo mejoran, así como también sus habilidades de planificación y de resolución de problemas. Desgraciadamente, estos resultados solo se mantienen a corto plazo y no son permanentes. Por esta razón es recomendable que los jóvenes con TDAH hagan ejercicio físico de alta intensidad antes de estudiar para un examen y también durante las horas previas a la prueba de evaluación.

Lamentablemente, a medida que el niño se va haciendo mayor, y si sus calificaciones van empeorando, algunos padres optan por retirarlo de las actividades extraescolares deportivas y las sustituyen por clases de refuerzo de la materia suspendida. «Se trata de un error», advierte Acebes, «porque es fundamental que un niño con TDAH haga actividad física regularmente. Por eso hay que ayudarle a encontrar la disciplina que a él le guste y asegurarnos así de que disfruta del ejercicio y que no le supone una dificultad añadida».

4. Mindfulness y yoga

«Este tipo de disciplinas entrenan a los niños en el reconocimiento de sus emociones, les ayudan a centrar la atención, a estar tranquilos y a aprender a estarse quietos», explica Acebes. De hecho, una investigación con niños de entre 7 y 12 años llevada a cabo por la unidad del trastorno por déficit de atención e hiperactividad del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona) demostró que la conciencia plena (mindfulness) reduce la inatención, la hiperactividad, la impulsividad y la desregulación emocional de los niños con TDAH.

Gracias a la conciencia plena, siempre practicada de manera relajada, los niños que padecen este trastorno pueden aumentar su inteligencia interpersonal. Mediante esta herramienta terapéutica, los pequeños reflexionan sobre su persona y se comprenden más a sí mismos. «Potenciar su inteligencia intrapersonal permite que sean más conscientes de sus estados y de las metas que desean alcanzar, y, en consecuencia, que sean capaces de planificar mejor su manera de actuar», explica Calderero.

5. Ajedrez

El ajedrez es una actividad que requiere mucha concentración. Quizá por ello pueda parecer contraproducente para a un niño con TDAH, pero, sin embargo, siempre y cuando se ponga en práctica en un contexto terapéutico y supervisado por profesionales, se ha revelado como un ejercicio altamente eficaz en el tratamiento de este trastorno, como han demostrado en el Hospital Universitario Puerta de Hierro, en Majadahonda (Madrid), poniendo en marcha el programa Jaque Mate al TDAH.

En este sentido, Calderero explica que «el ajedrez permite trabajar lainteligencia logicomatemática y crear hábitos positivos durante el juego», los cuales más tarde pueden ser aplicados en otros contextos de la vida diaria, como la evolución de mejores hábitos de estudioo un comportamiento más adecuado al interactuar con los demás, respetando los turnos de palabra.

6. Arte

«Existen varios estudios que indican que los niños con TDAH tienen una especial tendencia a la creatividad», explica Acebes, que recomienda las terapias relacionadas con técnicas plásticas y las califica como «estimulantes y motivantes». Además, la neuropsicóloga destaca que las disciplinas artísticas requieren «concentración, la regulación emocional o de los impulsos y una combinación de diferentes capacidades orientadas a la ejecución de un plan y la obtención de un resultado».

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Una aplicación para el teléfono detecta las infecciones de oídos en los niños

Las infecciones de oído en niños pequeños son la causa más común de consultas pediátricas y un equipo de la Universidad de Washington ha creado una aplicación para el teléfono móvil que permite detectar la acumulación de fluidos y un diagnóstico en el hogar.

Los investigadores, que publicaron su invento este miércoles en la revista Science Transnational Medicine, señalaron que la otitis ocurre cuando se acumula y se infecta fluido en el oído medio detrás del tímpano.

PH: Infobae

Para los padres y madres esto es causa de preocupación, ya que es difícil diagnosticar la enfermedad porque los niños pequeños no son capaces de explicar qué les aqueja. A veces los bebés presentan fiebre o se estiran las orejas, pero en otros casos no hay síntomas visibles.

En algunos casos la otitis aguda media deriva en complicaciones graves como la meningitis y otras condiciones pediátricas, incluida la otitis con efusión, que están relacionadas con demoras en el habla y bajo rendimiento escolar.

Los investigadores Justin Chan y Shyam Gollakota, de la Universidad de Washington en Seattle, inventaron una solución que requiere, simplemente, un pequeño embudo de papel y un «teléfono inteligente» en el cual se instala la aplicación.

«El diseño de una herramienta precisa de examen en algo tan común como un teléfono móvil puede ser crucial para los padres y las madres, y también para el personal médico en regiones con recursos limitados«, señaló Gollakoa, un profesor en la Escuela Paul G. Allen de Ciencias de Computación e Ingeniería.

«Una ventaja clave de nuestra tecnología es que no requiere más equipo que un trozo de papel y una app en el móvil», añadió.

La aplicación funciona enviando sonidos adentro del oído y midiendo cómo esas ondas sonoras cambian cuando rebotan en el tímpano. La persona que cuida al bebé puede confeccionar un embudo de papel que se coloca en el oído y guía las ondas de sonido hacia el canal auditivo.

Cuando el teléfono emite un sonido continuo de 150 milisegundos, que parece el piar de un pájaro, el micrófono del teléfono recoge tanto el piar emitido como el rebote. Si hay fluido acumulado las ondas del sonido rebotado interfieren con las emitidas.

«Es como dar golpecitos con los dedos en una copa de vino», señaló el coautor del artículo, Justin Chan, estudiante de doctorado en la escuela Allen. «Dependiendo de cuánto líquido haya en la copa, el sonido es diferente. Con el uso del equipo podemos detectar la presencia de líquido».

Cuando no hay fluido detrás del tímpano, éste vibra y envía una variedad de sonidos que interfieren menos con la señal inicial creando una caída amplia y poco profunda en la señal general.

Pero cuando hay fluido, el tímpano no vibra bien y refleja la señal original que interfiere más y crea una caída estrecha y profunda en la señal emitida.

Con información de EFE

 

Fuente: Infobae

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¿Cuándo empiezan a beber agua los bebés?

Beber agua es fundamental. Y no sólo para los más pequeños de la casa. Padres, mayores, adolescentes y niños deben tener el agua como bebida principal, dejando a un lado los refrescos o zumos envasados.

PH: ABC España

Pero, ¿cuándo empieza un bebé a tomar agua? Esta es una de las preguntas que más suelen hacerse los padres a medida que el pequeño cumple meses. Para ello es fundamental entender cómo es la alimentación durante el primer año de vida.

Hasta los 4 meses de edad, un bebé se alimenta exclusivamente de leche. Con independencia de que la madre opte por la lactancia materna o el biberón, cualquiera de estas dos opciones son válidas porque ofrecen al pequeño los nutrientes necesarios para su desarrollo.

A partir de los 5 meses de edad, la alimentación cambia ligeramente. La leche sigue siendo su alimento básico. Y en este momento, los cambios varían en función de si toma pecho o no. Tal y como señalan desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), «la alimentación complementaria se iniciará alrededor de los 5-6 meses», pero los bebés alimentados exclusivamente con lactancia materna pueden comenzar con la introducción de alimentos una vez cumplan los 6 meses. Sin embargo, los de biberón empiezan a los 5 meses.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta del peligro de dar agua al bebé antes de que cumpla la edad requerida. La razón es que se les pone «en riesgo de diarrea y desnutrición», ya que «el agua puede estar contaminada y causar infecciones».

Además, el organismo añade que dar agua a un recién nacido «puede causar que el bebé consuma menos leche materna o suspenda la lactancia» antes de tiempo «y, en consecuencia, se desnutra». Incluso las madres «podrían disminuir su producción».

La leche materna se compone principalmente de agua (80%). Por eso, aunque sea verano y el recién nacido tenga sed o mucho calor, con amamantarlo es suficiente porque recibe el líquido necesario para no deshidratarse, protegiéndolo a su vez de posibles diarreas.

«Los bebés no necesitan agua adicional, ni siquiera en climas calientes. Esta es una de las razones por las que la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva los primeros seis meses de vida», recuerda el organismo.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) también se sitúa en la misma tesitura: «Los bebés que toman el pecho no necesita ningún otro líquido, ni agua, ni infusiones. Ni siquiera en los meses de mucho calor».

¿Cómo darle agua?

Es, por tanto, a partir del quinto o sexto mes de vida del bebé cuando puede empezar a tomar agua. «Si el bebé tiene más de 6 meses y ya come otros alimentos, después de las tomas de pecho, de vez en cuando se le puede ofrecer agua», explica la AEP, que recuerda que si se le ofrece pecho antes de las papillas o purés, es muy probable que no la quiera porque no la necesite. Esto irá cambiando de manera progresiva a medida que el pequeño ingiera una mayor cantidad de alimentos sólidos.

Otra de las dudas que asolan a los padres es cómo darle agua: ¿biberón? ¿vaso? «Los bebés alimentados al pecho no precisan utilizar tetinas», puntualiza la AEP, que asegura que cualquier bebé a partir de los 6 meses es capaz de beber en vaso o taza. Es decir, no tiene que pasar directamente al biberón.

«No es aconsejable ofrecerle directamente agua de una botella, aunque sea pequeña, para evitar infecciones y diarreas», especifica.

Y, por supuesto, se deben evitar las bebidas azucaradas tipos zumos o infusiones.

 

Fuente: ABC España

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«Adicción digital»: la forma en que los niños utilizan los dispositivos es más importante que la cantidad de tiempo que pasan

Si bien la Organización Mundial de la Salud reconoció los problemas asociados al juego digital como una patología mental, la denominación no incluye a la adicción a las redes sociales ni a las aplicaciones que no son de juego. Aún así, el fenómeno emergente de la «adicción digital» representa un problema real y potencial generalizado que desafía soluciones fáciles o estrategias de prevención.

PH: Infobae

Según una reciente investigación publicada en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense, (JAMA por sus siglas en inglés), la relación entre la exposición a los dispositivos y la salud en los adolescentes podría seguir un patrón de «U invertida», es decir, que una exposición muy alta y una exposición muy baja podrían estar asociadas con resultados de salud mental pobres en comparación con cantidades moderadas de uso.

El consenso científico sugiere que las adicciones surgen de una combinación de una predisposición genética y la exposición repetida a un sustrato específico. En el caso de la adicción digital, la exposición es ubicua, inevitable, y en algunos casos el uso de dispositivos digitales es obligatorio; algunas escuelas usan tablets en las aulas y otras requieren que los niños hagan uso de las computadoras para hacer su tarea.

«Toda actividad puede ser terreno fértil para una adicción, y los dispositivos electrónicos no escapan a esta posibilidad. Evidentemente hoy constituyen un medio de comunicación y relación entre pares, y no sólo un medio sino un escenario mismo.En este punto debemos revisar la jerarquía que ese espacio virtual tiene, ya que por ser virtual no es menos real», sostuvo en diálogo con Infobae Diego Luparello, psicoanalista y expresidente del Claustro de analistas en formación de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Los niños y las «pantallas»

«El uso de dispositivos por parte de los niños varía de útil y saludable a compulsivo y adictivo», aseveró Dimitri A. Christakis, director del Centro de Salud Infantil, Comportamiento y Desarrollo del Instituto de Investigación Infantil de Seattle y profesor de pediatría en la Universidad de Washington. «Creo que el fenómeno de la adicción a la tecnología es bastante real».

PH: Infobae

Sin embargo, para el especialista, la definición de la palabra «pantalla» ha evolucionado considerablemente hasta el punto en que es casi una construcción sin sentido. El trabajo de Christakis separa el consumo de los medios digitales por el ritmo y la violencia, y así descubrió que ver entretenimiento violento en los primeros años de vida está fuertemente asociado con los trastornos por déficit de atención con hiperactividad.

Si bien los científicos han analizado el vínculo entre las pantallas y los problemas de atención con anterioridad, los efectos son difíciles de entender. Algunos dicen que los medios simplemente reemplazan las actividades más beneficiosas. Otros sostienen que los niños se vuelven insensibles a su velocidad o violencia y así ansían aún más.

«¿Es el mundo de las apps y ese aparato celular que se ha adherido al cuerpo de los seres humanos en todo el mundo nocivo para los niños? El riesgo de afirmar algo así es demonizar los objetos. Treinta años atrás se hacían planteos similares respecto de la TV y el daño que ese aparato producía en los menores que pasaban horas hipnotizados frente a la pantalla. La TV de entonces como los celulares de hoy no son malos per se, el problema reside en la relación que se establece con los objetos, es decir, el lugar que esos objetos vienen a ocupar en la vida de los niños», indicó Agustina Fernández, psicoanalista, miembro de la misma asociación y especialista en adolescentes.

Para la doctora Ellen Selkie, profesora asistente de medicina para adolescentes en la Universidad de Michigan, que investiga el uso que hacen los adolescentes de las redes sociales, «es como la comida, es algo que todos necesitamos debido a la forma en que funcionan las empresas, debido a la mercado laboral, y para los adolescentes es la forma en que socializan».

«Con los niños más pequeños – dijo-  hay evidencia que respalda las limitaciones en la cantidad de tiempo de pantalla; con los niños mayores, la situación es más complicada. La pregunta es, con un adolescente que siempre parece estar en su teléfono, ¿es esa una adicción realmente o se trata del escenario donde hoy están sus amigos? Porque el comportamiento normal de los adolescentes siempre es querer hablar con sus amigos».

Según Selkie, al igual que existen formas saludables y no saludables de comer, hay decisiones diarias sobre el uso de la tecnología que se suman a las principales decisiones sobre la salud. Paradójicamente, sostuvo que hay momentos en los que la falta de tiempo de pantalla por parte de un niño también puede ser motivo de preocupación.

La tecnología como «un entorno» donde se realizan todo tipo de actividades: desde el trabajo hasta el entretenimiento y vida social

Para Maximiliano Martínez Donaire, psicoanalista y exsecretario científico del Claustro de APA, «hay algo en el estilo de estímulo y de fuente de percepción y de disfrute de este fenómeno que genera que alguien pueda estar muchas horas sin moverse interactuando con una pantalla. El asunto no está en lo digital o en la pantalla en sí, sino en el uso que se hace de ella».

PH: Infobae

«Y cuando hablamos de los niños, -continuó- el uso debe estar regulado por los adultos. Ellos son los que tienen que brindarles las herramientas a los niños para que puedan aprender a administrar y regular sus fuentes de goce y de placer. Si lo digital se vuelve adictivo es porque allí, los adultos no pudieron brindar las herramientas necesarias para que el chico pueda regularse», aseveró.

Hoy lo virtual, lo digital y las redes sociales son un espacio que se habita. En donde los sujetos llevan a cabo un montón de actividades de entretenimiento, de trabajo, de esparcimiento y sociales. Es lógico que en algún punto los niños también comiencen a habitarlas en el mismo sentido, encontrando en ellas una fuente de vínculo social con sus amigos y compañeros, una fuente de estímulos y de investigación.

Algunos expertos consideran que el principal problema en llamar a la tecnología problemática una «adicción» clínica es que localiza la enfermedad o el problema dentro del individuo, en lugar de hacerlo en el entorno digital que está configurando su comportamiento, a menudo a través de métodos que son intencionalmente explotadores o subconscientes.

«Un joven que busca aislarse, por ejemplo, va a encontrar en el teléfono un espacio para hacerlo, lo mismo que haría en su habitación, o con otros medios que tuviera a su disposición. Es decir, la conducta de aislamiento es el síntoma y la herramienta digital es el medio», explicó Luparello. 

No obstante, de acuerdo con la Canadian Pediatric Society, los padres deberían preocuparse más por la forma en que sus niños, niñas y adolescentes en edad escolar usan los dispositivos digitales que el tiempo total que pasan fascinados por las pantallas.

El grupo de pediatras sigue alentando a los padres a minimizar el tiempo de pantalla, pero no llegó a imponer un límite máximo en sus primeras pautas de medios digitales para niños mayores en la era de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. El CPS (por sus siglas en inglés) sostuvo que sería «muy difícil» establecer límites de tiempo para la tecnología y el tiempo de pantalla que puede ser perjudicial en algunas circunstancias y beneficioso en otras.

La guía de CPS define el uso «moderado» entre dos y cuatro horas al día. Las nuevas pautas se aplican a niños de hasta 5 años y adolescentes de hasta 19 años. Hace dos años, la misma organización publicó pautas para niños más pequeños que no aconsejaban tiempo de pantalla para los menores de 2 años, y no más de una hora al día para niños de entre 2 y 5 años.

Mientras los padres navegan por un conjunto difícil de parámetros, Common Sense Media, una organización sin fines de lucro que «brinda educación y defensa a las familias para promover tecnologías y medios seguros para los niños», ofrece una gran cantidad de consejos que pueden ayudar a establecer pautas. Un punto de partida es exigir que los teléfonos se apaguen para la cena o en excursiones familiares, y los padres, por supuesto, deben pensar detenidamente en su propio uso de los dispositivos y en los ejemplos que dan.

 

Fuente: Infobae

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Lactancia materna: un derecho y un seguro de vida para el bebé

La leche materna contiene más de 370 componentes específicos que inmunizan a los niños frente a diversas enfermedades, volviéndose el alimento más nutritivo para ellos. Aporta toda la energía, nutrientes y anticuerpos que el lactante necesita, asegurando un óptimo desarrollo psicológico, nutricional, hormonal e inmunológico.

PH: La Prensa

Sus componentes protegen al niño mientras su sistema inmunitario completa su desarrollo, protegiéndolo de enfermedades como catarros, bronquiolitis, neumonía, otitis, infecciones de orina. A su vez, la densidad de la leche materna ayuda a la fácil asimilación, previniendo incomodidades del sistema digestivo del infante, como diarrea, estreñimiento, cólicos. Reduce la predisposición a enfermedades respiratorias, previene alergias y favorece el correcto desarrollo de la mandíbula, los dientes y el habla.

A partir de la lactancia, el bebé puede percibir la voz, el olor y el latido cardiaco de su mamá, volviendo a sentir aquellos momentos de tranquilidad en los que se encontraba en el vientre. Estas sensaciones lo reconfortarán satisfaciendo necesidades psicológicas del niño, como la proximidad y seguridad, y favorecen su autoestima y relación con la mamá.

Desde Fundación Barceló aclaran algunos mitos que existen en torno a la lactancia materna:

  • Si no produzco suficiente leche, no sirvo para amamantar. FALSO. Muchas mujeres dejan la lactancia porque creen que su cantidad de leche es insuficiente para alimentar al bebé. Esto es un mito. El pecho produce la leche en función de las demandas del niño. La lactancia temprana, frecuente y a demanda del bebé es el mejor punto de partida para aumentar la leche materna. Aún en aquellos casos donde ésta se considere insuficiente para saciar al bebé, es importante amamantar para transmitirle los anticuerpos necesarios, pudiendo complementar con leche maternizada.
  • Los pezones invertidos impiden la lactancia. FALSO. Durante las últimas fases del embarazo, los pezones van cambiando. Seguramente al nacer el bebé se encuentran en condiciones de amamantar. También se pueden utilizar pezoneras, que se adaptan al pecho y permiten al bebé agarrarse de manera adecuada sin interferir en la producción de leche.
  • Tomar medicamentos o estar resfriada es incompatible con la lactancia. FALSO. A través de la leche materna el lactante sigue recibiendo defensas. Algunos medicamentos son desaconsejados durante la lactancia, por lo que conviene consultar al médico.
  • Beber más leche produce más leche. FALSO. La cantidad de leche que produce la madre depende de lo que ingiera el bebé, no del consumo de leche u otros alimentos por parte de la madre. También suele relacionarse la falta de leche con estrés u otras patologías, lo cual es falso: la cantidad depende del consumo/vaciado del seno, no de otro factor.
  • A los seis meses se debe retirar la lactancia. FALSO. Expertos de la Organización Mundial de la Salud y otras instituciones pediátricas están de acuerdo en que la fecha de los seis meses no es el límite para dejar de dar el pecho, sino el punto de partida para incorporar, poco a poco, una alimentación complementaria hasta los dos años.

PROTECCIÓN PARENTAL

«Se considera que la leche materna es el mejor seguro de vida para los niños menores de seis meses. Este año, la Semana Mundial de la Lactancia Materna -que se celebra entre 1 y el 7 de agosto) busca promoverla y apoyarla, a través de políticas sociales de protección parental», afirma la doctora Cristina Osio, jefa de Neonatología del sanatorio Otamendi.

Según apuntó la especialista, bajo el lema «Empoderémonos, hagamos posible la lactancia materna», la iniciativa apunta a promover lugares de trabajo que apoyen la maternidad y la paternidad (tanto en el sector formal como informal); valores que enaltezcan la maternidad y la paternidad, y normas sociales equitativas relacionadas con el género.

«En la Argentina sólo el 50,4% de las trabajadoras y 49% de los trabajadores reciben licencias por maternidad o paternidad», detalló Osio, quien contrapuso que «a nivel mundial la lactancia materna podría evitar 823.000 muertes al año y 20.000 por cáncer de mama».

Según enfatizó la neonatóloga, la lactancia materna es un proceso fisiológico que brinda al bebé beneficios en su ingesta balanceada de grasas, proteínas, minerales y vitaminas. Debido a los componentes únicos -que no existen en las leches de fórmula- protege de las infecciones como diarreas y otitis. «Además, la leche materna es el alimento más completo que puede recibir el bebé, sin embargo, la cifra de bebés -de hasta seis meses- que tienen este privilegio no llega al 40 %», se lamentó.

En opinión de Osio, el empoderamiento es un proceso que requiere información y apoyo basados en la evidencia para crear un entorno propicio para que las madres puedan amamantar de manera óptima.

Respecto de los mitos sobre la lactancia materna que deben derribarse, la neonatóloga aclaró que no es cierto que cuando la madre está enojada, asustada o estresada no deba dar de lactar. «Es normal que el estrés, sentir miedo o cualquier otro tipo de emoción de manera constante pueda alterar el flujo de leche como una respuesta momentánea del cuerpo ante la ansiedad», tranquilizó.

También afirmó que es un error creer que una vez que se interrumpe la lactancia no se puede volver a amamantar. «Para retomar la lactancia es necesario contar con una técnica adecuada y asesoramiento. Los bebés pueden retomar la lactancia luego de un cambio de leche materna a fórmula», recordó.

Por último, destacó que es necesario saber que la lactancia materna es un derecho y la responsabilidad de una buena nutrición es compartida. «Se sabe que cuando los padres, las parejas, las familias, los lugares de trabajo y la comunidad la apoyan, la lactancia materna mejora. Todos debemos protegerla, promoverla y apoyarla», finalizó.

 

Fuente: La Prensa

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Las causas más comunes de asfixia accidental de los bebés y las precauciones para evitarla

La asfixia accidental es una importante causa de muerte accidental de bebés en Estados Unidos. Entre los factores habituales están la presencia de mantas, compartir la cama de los padres y otras prácticas poco seguras, según un análisis de datos del gobierno publicado el lunes.

Estas muertes «son completamente evitables. Eso es lo más importante», dijo la doctora Fern Hauck, coautora del estudio y experta de la Universidad de Virginia en muerte de lactantes.

De 250 muertes por asfixia, en torno al 70% implicaba mantas, almohadas y otras piezas blandas de ropa de cama que bloquearon las vías aéreas de los bebés. La mitad de esas muertes relacionadas con ropa de cama ocurrieron en la cama de un adulto, donde la mayoría de los bebés dormía boca abajo.

Casi el 20% de los niños se asfixió cuando alguien con quien compartía la cama se puso de forma accidental pegado a ellos o sobre ellos, y en torno al 12% murió cuando su cara quedó pegada a una pared o un colchón.

Los expertos analizaron datos de entre 2011 y 2014 procedentes del registro de los Centros de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) sobre muertes en 10 estados. Los resultados ofrecen una imagen más detallada de las circunstancias de los fallecimientos que otros estudios, explicó la autora principal del estudio, Alexa Erck Lambert, investigadora del CDC.

Los reportes basados en casos particulares apuntan a que no ha habido muchos cambios en las prácticas inseguras de sueño en los últimos años.

«Es muy, muy preocupante que en Estados Unidos vemos esta resistencia, o persistencia de estas cifras altas», señaló Hauck.

El estudio se publicó el lunes en la revista Pediatrics.

El gobierno y la Academia Estadounidense de Pediatría llevan años haciendo campañas sobre sueño seguro dirigidas a evitar estrangulamientos, asfixia accidental de lactantes y el síndrome de muerte súbita del lactante (SIDS, por sus siglas en inglés). Entre sus recomendaciones está que los bebés duerman boca arriba, lo que según los expertos ha contribuido a reducir las muertes por SIDS en los últimos 30 años.

Sin embargo, el colecho se ha hecho más popular y los casos de asfixia accidental relacionados con la cama han aumentado, de 6 muertes por 100.000 bebés en 1999 a 23 por 100.000 bebés en 2015, señalaron los investigadores.

La doctora Rachel Moon, profesora de pediatría en la Universidad de Virginia y que no participó en el estudio, dijo que los resultados no son sorprendentes.

«Todos los días hablo con padres que han perdido bebés. Pensaban que estaban haciendo lo correcto, y parece seguro y parece que está bien, hasta que pierdes un bebé», dijo Moon.

Algunos estudios han señalado que el colecho favorece la lactancia y es común en algunas familias por tradiciones culturales. Otras simplemente no pueden permitirse una cuna.

Erika Moulton, una madre de un suburbio de Nueva York, dijo que el colecho era la única forma de que su hijo, Hugo, durmiera cuando era un recién nacido. Moulton tuvo problemas para dormir durante meses, y aunque sabía que los médicos lo desaconsejaban, compartir la cama con el bebé parecía la única opción.

Ahora que tiene 14 meses, señaló, «sigue en nuestra cama. Intentar hacer la transición para sacarle es un poco difícil».

La asociación de pediatras recomienda que los lactantes duerman en colchones firmes en su propia cuna o moisés, en la habitación de sus padres, durante el primer año. Una sábana bajera ajustable es la única pieza de ropa de cama recomendada para evitar la asfixia o el estrangulamiento.

Los bebés más pequeños no pueden moverse con facilidad para apartarse de la ropa de cama o de un progenitor dormido. Todas las muertes analizadas en el estudio eran de niños menores de ocho meses.

Fuente: Infobae

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Las causas evitables del destete no deseado

El Instituto Universitario de Investigación en Atenció Primaria (IDIAPJGol) ha realizado un estudio para conocer la evolución de la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento y hasta los seis meses de vida de los bebés. El objetivo era identificar las dificultades, causas de abandono y expectativas de las madres.

PH: ABC Familia

Informa Europa Press que el trabajo participaron siete centros de atención a la salud sexual y reproductiva de Barcelona y para la investigación se siguió a 541 mujeres desde la semana 35 de gestación y hasta los seis meses desde el nacimiento.

En la primera visita del estudio, a las 35 semanas de gestación, más de un 95% de las mujeres embarazadas manifestaron la voluntad de iniciar la lactancia materna. En la visita del alta hospitalaria el 94,8% de las madres daban pecho a sus hijos; a los seis meses eran no llegaban al 64%.

En los casos de lactancia exclusiva, en el alta llegaban a 75,3%, con una reducción hasta el 16,8% de mujeres a los seis meses. En el contexto de las recomendaciones del contacto piel con piel al nacer, el 85 por ciento de las mujeres iniciaron la primera toma de lactancia en la primera hora de vida del bebé.

De las 206 madres que abandonaron la lactancia, más de la mitad lo hicieron entre los 4 y 6 meses de vida de los pequeños. Las principales dificultades en la lactancia por parte de las mujeres fueron el uso de chupetes, tetinas y pezoneras, seguido del dolor que las primeras semanas de vida. Y algunas causas para dejar la lactancia antes de lo previsto, fueron la sensación que el bebé se quedaba con hambre (35%) o la percepción de que no tenían suficiente leche (22,8%).

Solucionar los abandonos

La mayoría de los casos de dificultades o abandono de la lactancia materna se podrían solucionar con información adecuada, según el equipo investigador. «Habría que asesorar sobre los signos de normalidad, la estimulación de la subida de la leche, la mejora técnica de la lactancia y complementación de la toma, así como informar de otras causas de llanto del recién nacido, no sólo el hambre», apuntan los investigadores.

«Por ejemplo, en el caso de la sensación de no tener suficiente leche, que fue identificada como causa de abandono en cerca del 23 por cierto de los casos, clínicamente sólo se pueden confirmar en torno al 5%. Por otro lado, las dificultades y abandonos relativos al dolor se podrían prevenir con una promoción de la técnica adecuada, con un buen apoyo a la madre desde el inicio», concluyen.

 

Fuente: ABC Familia

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Los miedos más frecuentes en los chicos y cómo ayudarlos

Muchos papás y mamás consultan preocupados al pediatra o psicopedagogo acerca de los miedos en los niños. ¿Son normales? ¿Se asocian con determinadas edades, como “crisis de crecimiento»? Están aquellos que son muy propios de determinada etapa infantil, y otros que sobrevienen como consecuencia de alguna experiencia traumática: por ejemplo, una turbulencia en un viaje puede causar un miedo a los aviones; la mordida o rasguño de un perro puede desencadenar una gran ansiedad frente a los animales; experiencias de bullying pueden ocasionar terror en el momento de ir a la escuela.

En principio hay que aclarar que es normal que los niños tengan miedos de forma esporádica y ante ciertas situaciones. El miedo es una emoción que puede ayudarlos a ser cautos. Algo que los adultos debemos saber es que las cosas que asustan a un niño van cambiando durante sus etapas de crecimiento, y que hay miedos que suelen ser frecuentes y también normales en diferentes edades. Veamos los más comunes:

PH: www.guiainfantil.com

Miedo a los monstruos y fantasmas

Generalmente aparece cuando el niño tiene entre 4 y 7 años de edad.

Según el Licenciado en Psicología Sergio Farinelli, especialista en Infancia y Etapas de Crecimiento, “para comprender este tipo de miedos debemos saber que el imaginario infantil no tiene límites, ni para lo bueno, y tampoco para lo malo. Al igual que tienen una enorme capacidad para imaginar historias y jugar, también pueden disponer de la capacidad suficiente para ver y crear monstruos donde no los hay.”

«Cuando hablamos de monstruos no tienen por qué ser los monstruos que se ven en la tele o en las películas -agrega el especialista-; hay dibujos animados que también los asustan hasta que estos se hacen amigables para los niños (Monster House, El alucinante mundo de Norman, o Monsters Inc., de humor). Un monstruo puede ser cualquier cosa que les de miedo e incluso puede estar en su imaginario.»

Según un estudio elaborado por Clínica Mayo, «los niños que evitan las situaciones atemorizantes no tienen la oportunidad de enfrentar sus miedos y no aprenden que los temores son controlables». Los que sí lo hacen, en cambio, disminuyen notablemente su ansiedad.

¿Como podemos ayudarlos?

Según el especialista, se deben aplicar acciones de superación, por ejemplo:

– Si el niño tiene miedo a los monstruos no hay que ignorar ese miedo y ni reírse de él.

– Debemos evitar recurrir a frases espontáneas como: “No seas miedoso que los monstruos no existen”. En este caso es aconsejable decirle que los monstruos no existen, pero permitiendo que el niño exprese sus miedos, y hacerle sentir nuestro apoyo y comprensión.

– Ayudarlos a generar confianza en sí mismos, esto hará que puedan disponer de ella en caso que les resulte necesaria para poder contarnos cualquier cosa que sientan.

Miedo a la oscuridad

El miedo a la oscuridad en los niños es muy común y frecuente, y suele comenzar en torno a los 3 años de edad.

PH: www.guiainfantil.com

Puede presentarse de diferentes maneras, siendo el miedo a dormir con la luz apagada, el más generalizado; también miedo a permanecer en lugares oscuros o con poca luz. Como idea general podemos decir que “el miedo a la oscuridad por parte de los pequeños muchas veces se debe a una reacción natural del organismo, bajo el instinto de protegerse de algo que se considera peligroso”.

“Las causas que provocan el miedo a la oscuridad en los niños pueden ser diversas. La dificultad para diferenciar la realidad de la ficción a temprana edad es uno de los motivos que disparan este miedo. Su imaginación puede alimentar esos temores. En el caso de la noche, el temor se acrecienta por la inseguridad que les provoca el hecho de separarse de mamá y papá, lo cual ocurre al momento de ir a dormir”, explica Farinelli.

“Como padres debemos considerar que en algunos casos, el miedo, junto con las reacciones que este produce a la oscuridad en los niños, puede terminar convirtiéndose en un problema, ya que puede provocar una gran intensidad a la que el niño queda supeditado.”

¿Como podemos ayudarlos?

– Acostumbrarlos a permanecer progresivamente en la oscuridad. Esta es una acción muy importante. Por ejemplo, al momento de dormir, ir con él a su habitación y ¡a oscuras! dialogar sobre cómo se siente: que nos cuente cosas, que se relaje y vaya adaptándose a la oscuridad.

– Evitar la sobreprotección. Proteger en demasía genera no solo falta de autonomía e independencia en el niño, sino que además no ayuda a que este logre superar el miedo a la oscuridad, por el contrario entenderá que si lo protegemos mucho, es porque el miedo es real.

– Dejar una luz tenue en su habitación para evitar que se quede totalmente a oscuras.

– Permitirles que duerman con sus muñecos, juguetes u objetos favoritos, estos le dan seguridad y contención al momento de estar solos.

Miedo a las tormentas

Suele comenzar a partir de los 3 años de edad.

Según Stephen Whiteside, especialista en Psicología de Mayo Clinic en Rochester (Minnesota): “Es natural que, durante una tormenta, un niño busque consuelo en los padres. Las tormentas son atemorizantes para ellos, el problema mayor no es la tormenta misma, sino la anticipación de que se avecina. Esa anticipación puede conducirles a estrés y ansiedad continua.»

«Muchos niños dudan en salir de casa cuando creen que puede haber tormenta y hasta intentan evitar hacer cosas afuera. Ese tipo de estrés puede interferir con otros aspectos de su vida, como la tarea, porque el temor les impide concentrarse -comenta Whiteside-. Esto también puede ser difícil para los padres, porque el niño constantemente necesita que lo tranquilicen y le digan que no habrá ninguna tormenta.» ¿Como podemos ayudarlos?

– Algunos niños encuentran consuelo en saber el plan para mantenerse a salvo en caso de una tormenta. Podemos hablar con él para contarle lo que hace la familia durante una tormenta.

– Informarse sobre las tormentas también puede ayudarlo. Hay libros, sitios web y otros recursos que hablan sobre las tormentas y son un buen punto de partida para que aprenda más al respecto.

– Intentemos reducir sus “comportamientos seguros”, que son las cosas que él hace para sentirse un poco mejor, pero que realmente no sirven de nada para mantenerlo seguro, como revisar el pronóstico del tiempo o preguntar si se dirigen a un refugio. Cuando los niños dependen de estos comportamientos para sentir seguridad, eso les impide aprender a manejar las incertidumbres de la vida.

PH: Matress Advisor

Miedos del sueño (insomnio y pesadillas)

Según un informe de Mayo Clinic: «Los terrores nocturnos afectan a casi el 40 por ciento de los niños y a un porcentaje significativamente menor de adultos. A pesar de que son escalofriantes, los terrores nocturnos no suelen ser una causa de preocupación. La mayoría de los niños superan los terrores nocturnos antes de la adolescencia.»

Suelen ocurrir entre el primer tercio y la primera mitad de la noche (es poco frecuente que ocurran durante las siestas), pueden provocar en los niños sonambulismo, gritos, exceso de sudoración, patadas y golpes.

Para finalizar, ya observamos que los miedos se manifiestan de diferentes maneras en los niños. Tranquilizarlos, ayudarlos a que nos cuenten a su manera que les pasa, abrazarlos, sonreírles hará que se sientan seguros y queridos a cada instante. Permitamos que sean ellos quienes superen sus propios miedos sabiendo que la mayor protección siempre está a su lado, y es la de mamá y papá o de aquellos adultos con quienes comparten a su vida a diario.

Fuente: Clarín Entremujeres

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