Nutrición infantil: darles libertad de que elijan sus porciones

Es posible que desarrollen hábitos nutricionales saludables en la adultez si pueden elegir libremente.

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En el imaginario colectivo, la hora de comer representa un momento de encuentro familiar, de compartir costumbres y de reponer energías cuchillo y tenedor en mano. Pero en la realidad, también es una de las contiendas cotidianas por excelencia en muchísimos hogares donde los niños forman parte, y el llamado a la mesa y a consumir lo que se les ofrece en el plato resulta una lucha «bocado a bocado» para que terminen su porción.

Nutricional y pedagógicamente hablando, ¿es tan importante que acaben todo lo que les servimos? En efecto, y muy por el contrario de la respuesta instantánea que la mayoría de los padres podrían ofrecer, dejar que los chicos elijan las cantidades de comida puede evitar que padezcan obesidad en la edad adulta. El dato no es especulativo ni surge de ninguna corriente de crianza libre, sino que es el resultado de un estudio realizado por la Asociación Americana del Corazón y publicado en el Journal of the American Heart Association.

Aunque muchos niños nacen con una habilidad innata para dejar de comer cuando están llenos, también están influenciados durante la comida por los deseos y las demandas de los adultos. Así, si los niños se sienten presionados a ingerir alimentos en respuesta a los deseos del cuidador, puede ser más difícil para ellos saber cuándo están llenos.

«Los padres y cuidadores deberían considerar la creación de un entorno de alimentación positivo centrado en hábitos saludables, en lugar de centrarse en reglas rígidas sobre qué y cómo debe comer un niño», explicaron los investigadores. A su vez, destacaron la necesidad de que los adultos establezcan un espacio en el que prevalezca una correcta nutrición, proporcionando un horario constante para las comidas, dejando a los niños elegir qué alimentos comer dentro de una selección de opciones saludables y prestando atención a las señales de saciedad.

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En todos los casos se debe evitar presionarlos para que sigan comiendo cuando ya no quieren. En tanto, la declaración sugiere que los padres y cuidadores deben ser modelos positivos a seguir creando un ambiente que demuestre y respalde las elecciones de alimentos saludables, en lugar de centrarse en controlar las elecciones de los chicos o resaltar el peso corporal.

Permitir que los niños elijan qué y especialmente cuánto comer los alienta a desarrollarse y, finalmente, tomar posesión de sus decisiones sobre la comida. Incluso puede ayudarlos a desarrollar patrones de alimentación vinculados a un peso saludable para toda la vida.

Algunos padres y niñeras pueden tener dificultades para permitir que los pequeños tomen sus propias decisiones alimentarias, especialmente si se muestran reacios a probar nuevos alimentos o se vuelven quisquillosos. Estos comportamientos son comunes y se consideran normales en la primera infancia, de 1 a 5 años, ya que es cuando aprenden sobre los sabores y texturas de los alimentos sólidos. Imponer reglas rígidas y autoritarias sobre comer y usar tácticas como recompensas o castigos puede parecer un modelo exitoso a corto plazo. Sin embargo, la investigación no apoya este enfoque y señala que más bien puede tener consecuencias negativas a largo plazo.

«Una rutina alimentaria autoritaria no permite que un niño desarrolle habilidades positivas para tomar decisiones y puede reducir su sentido de control, proceso importante en el desarrollo de los niños. Además, el enfoque autoritario se ha relacionado con que los chicos tienen más probabilidades de comer cuando no tienen hambre y consumir alimentos menos saludables y probablemente más altos en calorías, algo que aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad», detallaron los especialistas.

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La investigación también sugiere que algunas estrategias pueden aumentar la variedad dietética de los pequeños durante la primera infancia cuando son «caprichosos» con los alimentos. Por caso, señalan que ofrecerles repetidamente una amplia variedad de alimentos saludables aumenta la probabilidad de que los acepten, al igual que cuando ven a los mayores comer con entusiasmo un alimento. «El comportamiento alimenticio de los niños está influenciado por muchas personas en sus vidas por lo que, idealmente, queremos que toda la familia demuestre hábitos de consumo saludables», refieren los autores del estudio.

Es importante tener en cuenta que no todas las estrategias funcionan para todos los niños, y que los padres y cuidadores no deben sentir un estrés o culpa indebida por ciertos comportamientos alimentarios de los menores. «Está muy claro que cada niño es un individuo y difiere en su tendencia a tomar decisiones saludables sobre los alimentos a medida que crece. Por eso es importante centrarse en crear un ambiente que fomente las habilidades de toma de decisiones y proporcione exposición a una variedad de alimentos nutritivos durante la infancia; y no poner atención indebida en las decisiones individuales del niño», concluyen.

Fuente: Clarín

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