Chicos sin clases, ¿niños aburridos?

Arrancan las vacaciones y, para aquellas familias que no empalman la rutina escolar diaria con la colonia de verano, los días de los niños en casa son un desafío. ¿Los «entretenemos»? ¿Buscamos actividades? ¿O los dejamos descansar? La inminente frase «estoy aburrido/a» puede condicionar las decisiones, o hacer aparecer la tablet o el celular. Es que la sugerencia es, siempre, «más aire libre» pero el sol intenso de verano también hace buscar sombrita para esquivar los rayos UV.

PH: Clarín Entremujeres

¿Sirve para algo el aburrimiento?

Al terminar las actividades escolares y extraescolares del año, los chicos se enfrentan con tiempo libre​. «Ese tiempo está destinado al descanso, a la diversión, al desarrollo de la personalidad y a la sociabilidad, por lo que tenemos que contemplar el descanso activo, es decir, libertad para poder divertirse o tener actividades en las que puedan sentirse entretenidos y sean valiosas», dice a Entremujeres Clarín Ángela Nakab, médica especialista en pediatría, presidente de la subcomisión de medios y comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Para Héctor Pedicino, médico pediatra y presidente de la SAP Córdoba, sugiere no recargar con nuevos horarios y actividades a los niños. «Durante el periodo escolar se vieron obligados a cumplir miles de rutinas (escuela, idiomas, deportes, etc.), por lo que estaría bueno un poco de libertad. Por ejemplo, distender un poco los horarios de sueño».

«Los niños son activos por naturaleza y tenemos que evitar que se vuelvan adultos sedentarios y la pasen lo mejor posible; para eso, hay muchas actividades que los padres, abuelos, tíos o cuidadores pueden proponer, porque el tiempo de ocio permite la creatividad, la posibilidad de pensar y reflexionar, y eso es lo que tenemos que intentar hacer con los chicos en los momentos en los que no tienen actividades formales y organizadas», menciona Nakab.

Por eso, la médica resalta los aspectos positivos del aburrimiento, que tienen que ver con la estimulación de la creatividad, la reflexión y la imaginación. Les da la posibilidad de pensar qué les gustaría hacer. «Es una manera de que el niño esté consigo mismo, vea qué puede hacer con ese tiempo disponible, y cómo puede utilizarlo mejor, es parte del crecimiento», asegura.

Tiempo de calidad: jugar con ellos

«Lo primordial en los niños es el juego», dice Ángela. «Mediante el juego, el niño -dependiendo la etapa de desarrollo en la que se encuentra- desarrolla el lenguaje, la simbolización, la psicomotricidad y todo lo que tiene que ver con lo emocional y lo cognitivo. No tiene que ver solamente con juguetes sofisticados, sino con el momento compartido con el otro».

Rutinas, trabajos, obligaciones… Hacerse un tiempo para jugar con ellos es clave. Media hora o 45 minutos de juego diario, con un adicional los fines de semana, es la sugerencia que se repite. La psicóloga Mercedes Faiad, especialista en trastornos de ansiedad y psicodiagnóstico infantil y miembro del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA), dice que «lo más importante es que el adulto se pliegue al juego, porque muchas veces están pensando tanto en las tareas que tienen que hacer que no se permiten sentarse a jugar con los chicos. Les da culpa, sienten que están perdiendo el tiempo: se ocupan de lo académico, de la salud, de lo cotidiano (cocinarles, bañarlos…), pero no se ocupan de jugar con ellos, y es súper importante, porque los niños establecen el vínculo, aprenden y establecen la confianza a través del juego. Ellos siempre van a querer jugar, lo importante es que nosotros dediquemos ese tiempo en hacer una actividad que ellos disfruten».

La soga, el elástico, la pelota. La vuelta a los juegos tradicionales también es una opción recomendada. Pedicino sugiere volver a los juegos en familia, como los juegos de mesa. «A los niños les gusta compartir con los padres y hermanos actividades conjuntas. Para los más chicos, dibujar, jugar con plastilina (no tóxica) o pintar».

También es bueno incentivar actividades al aire libre, con las precauciones para evitar quemaduras solares y golpe de calor, dice Pedicino. Esto es:

  • Hidratarse, beber agua segura con mayor frecuencia aún sin sed.
  • Elegir lugares frescos, ventilados y mojarse frecuentemente.
  • Aumentar la frecuencia de las mamadas en los más chiquitos; estimular siempre la lactancia materna.
  • No realizar deportes o actividad física al aire libre los días de mucho calor.

Limitar las pantallas

La idea es que las pantallas no sean la única alternativa, ya que se recomienda limitar su uso a dos horas diaria en total. «Las nuevas tecnologías -teléfono, TV, pantallas- forman parte de nuestra vida cotidiana y no hay que renegar de ellas, pero sí hay que tener en cuenta que irrumpieron con mucha fuerza en el tiempo libre de los chicos y muchas veces reemplaza al juego activo, al deporte, la conversación, a la lectura e, inclusive, restan horas de sueño en las diferentes etapas de la vida», comenta Nakab.

Entonces, «la idea no es sacarles las pantallas, sino mejorarles la utilización y acotar el tiempo dedicado a ellas, y que los chicos sepan anticipadamente cuánto tiempo pueden estar, cuál es la decisión familiar respecto a esto, y que pueden compartir lo que hacen en las pantallas con padres, hermanos o tíos para que no genere una situación de aislamiento de los chicos».

«La sociedad que venimos creando deja muy poco margen para la creatividad. Los juegos modernos juegan por los niños. Es muy común que los padres escuchemos la frase ‘Estoy aburrido’. Tal vez nuestra respuesta es conectar el niño a alguna pantalla y así tener la falsa idea de que esto soluciona el problema -dice Pedicino-. La alternativa es dar la oportunidad a que el niño imagine, invente un mundo con sus juguetes o juegue roles (que está jugando la final de la Copa del Mundo, que es maestro de grado o bombero); que los más pequeños hagan lo suyo con un amigo invisible y los más grandes, con uno visible, pero la niñez se distinguió siempre por su creatividad y vivencia de historias. Los papás podríamos hacer memoria, traer nuestros juegos de ayer y compartirlos con los más chicos. Sería un buen comienzo».

 

Fuente: Clarín Entremujeres

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