El juego, una clave para incentivar a los chicos

Bañarse, vestirse, cepillarse los dientes y comer en forma equilibrada parecen ser, sin lugar a dudas, cuestiones fundamentales que los padres consideran cuando se trata del cuidado de sus hijos pequeños. Sin embargo, con los aportes de la neurociencia, hoy se sabe que estimular el cerebro de los chicos desde temprana edad es también vital para su desarrollo.

“Al nacer, el bebé ya cuenta prácticamente con todas las neuronas que tendrá durante toda su vida. Solo resta entonces que lo ayudemos a estimularlas, y para ello, lo mejor es el juego. Como padres tenemos que saber que las actividades lúdicas son las que mejor enseñan, estimulan y educan a los niños. Hablarles, leerles y jugar con ellos –además de cultivarlos en los afectos (el amor que le brindamos a un niño es fundamental)– nos permite alimentar y enriquecer su cerebro”, explica el licenciado Sergio Farinelli, especialista en infancia.

Es que a través del juego los niños adquieren múltiples habilidades: motoras, cognitivas, sociales y emocionales. Y todas se desarrollan de manera integral en el juego.

PH: Clarín VIVA

“Se establecen y prueban nuevas conexiones neuronales. Se crea un escenario para las relaciones sociales y el aprendizaje. Y entonces es posible desarrollar habilidades en un formato de bajo riesgo. Lo que los niños aprenden jugando luego lo pueden trasladar a otras situaciones de la vida diaria”, asegura Rita Marini, psicopedagoga con posgrado en neuropsicología infantil del aprendizaje y creadora de ATIR Aprender Jugando.

Por ejemplo, los chicos al jugar pueden expresarse y elaborar miedos o situaciones complejas. Además, el juego habilita al niño a imaginar una situación y combinarla con la realidad de la propia experiencia. Y eso no es todo porque, cuando juegan, los chicos pueden presentar una situación una y otra vez, elaborarla a través de la narrativa e imaginar diferentes desenlaces o soluciones.

No es casual que los chicos disfruten jugando: cuando lo hacen, se activa la química cerebral y así se segregan neurotransmisores como la serotonina, la dopamina, las endorfinas y la acetilcolina, todos relacionados con sentimientos de bienestar y placer. Pero, además, el juego favorece el sueño, la digestión, la adecuada temperatura corporal, la concentración, la memoria y el pensamiento lógico. Una fórmula infalible para el aprendizaje.

“Es así como el juego constituye una actividad natural y lúdica a través de la cual el niño se relaciona con el mundo que lo rodea, aprende y lo conoce. Y en este conocer y aprender, las neuronas espejo juegan un papel fundamental: se activan desde el nacimiento y son la base de la capacidad innata de imitación; sin ellas el aprendizaje seria imposible”, aclara la neuropsicóloga pediátrica Carina Castro Fumero.

Son estas neuronas las responsables del desarrollo y adquisición de capacidades cognitivas como la empatía, el aprendizaje por observación, la interacción, el desarrollo del lenguaje y la comunicación.

La justa medida

Tampoco se trata de exponerlos a estímulos antes de tiempo de manera excesiva, o a tareas demasiado complejas para las que su cerebro ni siquiera está preparado. ¿Cómo ayudar a este enriquicimiento entonces? Es sencillo. A través de diferentes actividades que se pueden hacer en casa:

  • Cantar y bailar. Para estimular su creatividad y desarrollo intelectual. Despierta en ellos la comunicación, la memoria y se estimula su motricidad incentivándolos a inventar nuevas formas de moverse y hacer gestos espontáneos. El cerebro agiliza acciones para coordinar su destreza y motricidad.
  • Armar historias con imágenes de revistas. Recortar fotos de personajes, animales u objetos de revistas infantiles y seleccionar un par de ellas, permite al niño crear una historia y compartir sus fantasías.
  • Jugar con masa. Ablandar, moldear y mezclar haciendo pequeñas piezas producto de su imaginación, contribuye en gran medida al desarrollo de la motricidad en los chicos. Además, al trabajar con las manos y los dedos, estos se ejercitan preparándose para el manejo de lápices y la lectoescritura.
  • Comer con las manos y explorar sabores. Dejar que elniñocoma con sus manos, lo habilita a que incorpore los alimentos según su textura, su forma, sabor y olor.
  • Encastrar. En casa siempre habrá cajas de zapatos y vasos plásticos de diferentes tamaños y colores, elementos simples que permiten armar un juego. Meter unos dentro de otros, separarlos por colores o apilarlos son actividades que despiertan el pensamiento lógico y les enseñan a diferenciar y relacionar tamaños, colores y conceptos opuestos como grande y chico, corto y largo.
  • Jugar al aire libre. Permite que los niños aprendan y descubran un amplio abanico de habilidades motrices y puedan desplegar todo su potencial e imaginario. Seguridad en ellos mismos, ejercicio físico y habilidades sociales son algunas de las capacidades que ponen en práctica. También los ejercita en la espera y el respeto (esperar su tiempo para subir al tobogán por ejemplo), una habilidad que la tecnología y la inmediatez de las pantallas han puesto en jaque y que, sin duda, desde pequeños, necesitan cultivar.

Fuente: Clarín VIVA

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