De tal palo, tal astilla: los bebés repiten el esfuerzo y la tenacidad de sus padres (o lo contrario)

Según un estudio publicado en la revista Science, los bebés con modelos adultos que persisten y se esfuerzan en lograr objetivos reiteran la misma conducta.

De tal palo, tal astilla: los bebés repiten el esfuerzo y la tenacidad de sus padres (o lo contrario)

Quien se esfuerza es premiado por su persistencia. Esta es una consigna que los chicos pueden aprender de sus modelos adultos, que son centralmente sus papás, de acuerdo con los resultados de una investigación publicada en la revista Science.

Los niños se esfuerzan mucho más por alcanzar un objetivo cuando vieron antes a los adultos hacer lo mismo, de acuerdo con un estudio de científicos estadounidenses con bebés de 13 a 18 meses.

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Observar a los adultos no es la mejor ni la única opción de aprender a ser perseverantes, pero ayuda considerablemente el hecho de que los bebés vean a sus padres dar lo máximo y lo mejor que pueden en todas las circunstancias.

De tal palo, tal astilla: los bebés repiten el esfuerzo y la tenacidad de sus padres (o lo contrario)

Dos niños juegan. El mensaje de que quien se esfuerza es premiado por su persistencia es una consigna que los niños pequeños pueden aprender de sus modelos adultos, que son sus padres, de acuerdo con los resultados de una investigación que publica la revista «Science».

La tenacidad y la resistencia son características muy apreciadas en muchas culturas, escriben Julia Leonard y sus compañeros del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Los estudios demostraron que se trata de valores independientes del coeficiente intelectual o el éxito académico de una persona, pero hasta ahora no estaba claro cuánto pesaban las influencias del entorno.

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Para comprobarlo, los investigadores realizaron varios experimentos. Primero hicieron que un adulto realizara una tarea complicada delante de los bebés, por ejemplo, abrir un juguete mediante una solapa oculta. Mientras que en uno de los grupos el adulto lo conseguía hasta tres veces sin esfuerzo, en el segundo -el de los perseverantes- lo intentaba varias veces hasta que por fin lo conseguía, dejando clara la dificultad (incluso le pedía ayuda al niño).

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Luego fueron los chicos los que debían conseguir que una caja de música siguiera sonando. Sin embargo, el botón del juguete no funcionaba, por lo que no podían tener éxito. El objetivo era ver cuántas veces lo intentaban. Y el resultado fue muy claro: los bebés que habían visto a los adultos fracasar e intentarlo de nuevo se esforzaban más y apretaban más veces el botón.

Los que más empeño ponían eran aquellos a los que antes el adulto había implicado en la resolución del problema, por ejemplo diciéndoles: «mirá, acá adentro hay algo, ¿cómo lo puedo sacar?»

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Los resultados concluyen que los bebés entendieron que el trabajo tiene su recompensa y utilizaron esta premisa para ellos mismos.

Tampoco está claro si los niños se hubieran comportado igual si la tarea de los adultos hubiese sido más difícil de entender. También sería interesante saber si los niños se hubiesen esforzado igual si el adulto hubiese fracasado pese a intentarlo intensamente.

 

Fuente: Clarín / Artículo en Science (en inglés) / DPA. 

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