Consejos para combatir los cinco enemigos más comunes de la lactancia materna

La lactancia materna aporta numerosos beneficios y nutrientes a los bebés en sus primeros meses de vida y en su posterior crecimiento. Sin embargo, la lactancia materna no siempre es sencilla, especialmente para las madres primerizas y los bebés pretérmino. Medela, compañía suiza centrada en comprender las necesidades de las madres y el comportamiento de los bebés, explica los cinco problemas más habituales durante el periodo de lactancia y ofrece sencillas soluciones a los mismos.

PH: ABC España

Producción insuficiente de leche

En un principio las madres generarán una pequeña cantidad de leche materna, pues los cambios que activan su producción se producen lentamente; estos cambios finalizan entre el segundo o cuarto día tras el parto, cuando se produce la subida de la leche. No obstante, algunas madres primerizas pueden tener dificultades para producir suficiente leche materna por cuestiones médicas.

En este sentido, una pérdida de sangre excesiva (más de 500ml) durante el parto o la presencia de fragmentos retenidos de la placenta pueden retrasar la subida de la leche. Asimismo, los trastornos hormonales –como el síndrome de ovario poliquístico, tiroides o diabetes–, o la hipoplasia mamaria –falta de tejido glandular productor de leche en el pecho– pueden influir en que el suministro de leche de la madre sea reducido. No obstante, muchas madres con traumatismos en el pecho o que se hayan sometido a cirugías mamarias anteriores, normalmente, pueden amamantar sin problema.

Asimismo, el modo en que el bebé se alimenta también afecta a la producción. Tras la subida de la leche, los pechos empiezan a producir leche mediante un proceso de oferta y demanda, pues durante la primera semana tras el parto, el bebé querrá alimentarse cada dos o tres horas (entre 10 y 12 veces al día). Estas frecuencias contribuirán a iniciar y establecer el suministro de leche materna.

Además, es aconsejable mantener un mayor contacto piel con piel con el bebé antes y después de las tomas para estimular la hormona oxitocina, que es la responsable de que se produzca la eyección de la leche. Otras soluciones para aumentar la producción son llevar a cabo una alimentación a demanda, sin horarios, y si el bebé no toma suficiente leche durante la toma, utilizar un sacaleches para mantener el suministro regular. En este sentido, la extracción doble eleva el nivel de prolactina, la hormona encargada de la producción de la leche.

Exceso de producción de leche

Por el contrario, en ocasiones las madres sienten que producen demasiada leche, especialmente durante las primeras semanas tras el parto. Entre la cuarta y sexta semana, los niveles de prolactina aumentarán cada vez que salga leche de los pechos, pues es en ese tiempo cuando los senos están aprendiendo la cantidad de leche materna que necesita el bebé y cuánto deben producir a cada hora, por lo que es frecuente que se produzcan pérdidas excesivas, que los pechos se llenen rápidamente y que salgan chorros durante la eyección de la leche.

En este sentido, algunos bebés tienen problemas con el flujo rápido que suele acompañar a un suministro de leche excesivo. Debido a que el bebé está aprendiendo a coordinar el modo en que succiona y deglute, es habitual que tosa y farfulle al inicio de cada toma, agarrándose, mordiendo o sujetándose al pecho sin apretar. Además, si el flujo es rápido puede que se aleje del pecho y empiece a llorar al interrumpirse la toma.

Ante esta situación, se aconseja extraer algo de leche materna de forma manual al iniciar cada toma para reducir la fuerza de la salida de la leche, y utilizar una toallita o un paño de muselina para limpiar la salida brusca de la leche y colocar una copa en el otro pecho para recoger cualquier pérdida.

La posición de la lactancia tumbada o la posición de cuna ayudarán a que el bebé pueda controlar mejor el flujo de leche. Es importante dejar descansar al bebé –tanto durante la toma como después– para que digiera la leche, pues moverlo demasiado o de forma rápida podría provocarle náuseas.

Pérdidas de leche

Las pérdidas de leche durante los primeros días de la lactancia son muy habituales, especialmente tras la subida de la leche. Es probable que mientras el bebé tome leche de un pecho, la madre tenga pérdidas con el otro; lo mismo puede suceder cuando se tumbe hacia abajo para dormir o cuando algo estimule el reflejo de salida de la leche de forma accidental, como otro bebé llorando.

A pesar de que estas pérdidas suelen remitir después de las seis semanas, el uso de discos absorbentes desechables o lavables en el interior del sujetador servirá para absorber las pérdidas de leche y proteger la ropa de la madre durante el día y la noche.

Además, cuando la pérdida es excesiva para los discos absorbentes o si el pezón tiende a gotear mientras se alimenta al bebé con el otro pecho, se aconseja utilizar copas recolectoras de leche, que se colocan dentro del sujetador. Cabe señalar que solo debe utilizarse la leche recogida durante una toma, guardándola en un contenedor estéril; y en el caso de que el bebé no la tome justo después de recogerla, debe guardarse en el frigorífico y utilizarla antes de que pasen 24 horas.

Agarre deficiente del bebé

Para la obtención de leche mientras el bebé toma el pecho es necesario un buen agarre, no obstante, algunos recién nacidos tienen problemas para conseguirlo. Ello puede deberse a que no se sienten bien tras un parto complicado, porque el bebé ha nacido de forma prematura o porque las madres tienen pezones planos o invertidos.

Los bebés prematuros no presentan un patrón constante de movimiento de la lengua o de vacío durante la lactancia, por lo que el uso de una pezonera puede facilitar su proceso de alimentación oral al ofrecerle un objetivo más firme y grande, contribuyendo al agarre del lactante al pecho, a la extracción de leche y a minimizar el dolor en el pezón.

En el caso de que las madres tengan pezones planos o invertidos, el uso de formadores de pezones en el interior del sujetador aplicará una ligera presión que contribuirá a sacarlos hacia afuera, permitiendo la lactancia. Asimismo, el bebé necesita sentirse sujeto, por lo que mantener el contacto piel con piel, adoptar diferentes posiciones contribuirá a mejorar la comodidad del bebé y a que se alimente de forma correcta. Una posición tumbada le ayudará a utilizar sus reflejos innatos y le facilitará la tarea de llegar al pecho y agarrarse.

Dolor y sensibilidad en los pezones

Los pezones de la mayoría de mujeres suelen aumentar de tamaño y estar más sensibles durante el embarazo. Además, cuando el bebé comienza a alimentarse, el bebé puede tomar el pecho hasta trece veces al día y las tomas pueden alargarse hasta una hora, por lo que la saliva, la presión y la succión, pueden provocar dolor en los pezones.

Cabe señalar que, la sensibilidad y el dolor suelen producirse, especialmente, tras la subida de la leche, y aunque no deberían persistir durante mucho tiempo –ya que tanto la madre como el bebé se acostumbrarán a la lactancia– es importante tratarlos cuanto antes para evitar problemas como las grietas.

Para calmar el dolor y sensibilidad, se recomienda limpiar suavemente los pezones con algodones humedecidos en agua después de las tomas para eliminar cualquier suciedad, y secarlos al aire o frotarlos suavemente con una muselina o toallita muy limpia y suave, ya que en condiciones de humedad pueden producirse infecciones.

Además, es importante proteger los pezones. Los protectores de pezones evitarán que la ropa roce las áreas doloridas y aplicar lanolina en crema ultrapura, gotas de leche materna o usar parches de hidrogel contribuirá a aliviar el dolor y la piel reseca.

Por otra parte, el agarre deficiente del bebé también puede provocar sensibilidad y pezones doloridos, así como un mayor riesgo de sufrir obstrucciones en los conductos galactóforos y mastitis. En este sentido, el bebé debe tener una porción importante de la parte inferior de la areola –piel oscura que rodea el pezón– dentro de la boca cuando se alimenta, con el pezón presionado contra el paladar y agarrado suavemente por debajo con su lengua.

Finalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda dar el pecho durante dos años, pues la prolongación de la lactancia, junto a otros factores, tiene un impacto positivo en la salud actual y futura tanto de los bebés como de las madres.

 

Fuente: ABC España

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