Seis actividades que ayudan a los niños con TDAH

El número de niños con un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no deja crecer. En España, los casos de TDAH se han multiplicado por treinta en los últimos años, sobre todo en niños de entre 8 y 12 años, y esta evolución no está exenta de controversia.

Para algunos expertos, hay una tendencia al sobrediagnóstico de TDAH porque vivimos en una sociedad que tiende a medicalizar cualquier malestar o conducta que se salga del patrón más común y cualquier niño inquieto o distraído acaba con la etiqueta de “hiperactivo”. Otros, como la neuropsicóloga María José Acebes, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, creen que el aumento de los diagnósticos tiene que ver con “el mayor conocimiento sobre este trastorno y los avances que han experimentado las técnicas diagnósticas”.

PH: La Vanguardia

TDAH es un trastorno grave que afecta a un 5 % de los niños y que persiste a lo largo de la vida. No obstante, con el tratamiento adecuado la mitad de los casos remiten en la edad adulta”, apunta Marta Calderero, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. Los síntomas –dificultades de atención, hiperactividad e impulsividad– suelen coincidir con algunas características habituales en los niños, pero que también se manifiestan en ciertas personalidades adultas. Por este motivo, a veces se corre el riesgo de confundir determinados rasgos propios del carácter con este trastorno. La mayoría de los niños son inquietos por naturaleza, pero no se trata de poner una etiqueta de TDAH a toda la infancia.

Según María José Acebes, “existen diferentes situaciones vitales, como por ejemplo problemas familiares o traumas emocionales, que predisponen al individuo a comportamientos similares a los síntomas característicos de un paciente al que le han diagnosticado TDAH”. Y añade que también determinadas condiciones médicas pueden provocar estas conductas que aparentemente se atribuyen al TDAH”.

De ahí que las especialistas subrayen la necesidad de ser cautelosos para evitar diagnósticos erróneos deTDAH. Así, solo se puede hablar de TDAH cuando esos síntomas “están presentes en dos o más contextos, en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo del niño, e interfieren significativamente en su funcionamiento social o académico”, aclara Calderero. Y considera un error diagnosticar TDAH a un niño solo por los síntomas si estos no afectan de forma significativa a su comportamiento en la escuela o sus relaciones con la familia y los amigos.

Las personas con TDAH tienen más dificultades para controlar su respuesta ante estímulos y distracciones, suelen incurrir en hiperactividad y presentan una mayor tendencia a precipitarse en sus decisiones y sus acciones. Además, se manifiestan frecuentemente con conductas impulsivas que dificultan la aplicación de refuerzos a medio o largo plazo, y que pueden llevarlos a subestimar las consecuencias de su comportamiento.

PH: Check Up News Room

Descargar energía y controlar impulsos

Ante este tipo de escenarios, los expertos recomiendan la práctica de actividades que requieran concentración y desarrollo de sus capacidades cognitivas, más allá de las académicas, en las que puedan descargar toda su energía aprendan a controlar sus impulsos. No obstante, Acebes advierte que no todas las actividades valen para todos los niños. “Es muy importante que les interesen y que tengan un cierto atractivo para ellos; solo si al pequeño le interesa lo que está haciendo y lo disfruta será beneficioso; por contra, obligarle a practicar atletismo o a concentrarse en una partida de ajedrez, si a él no le motiva, resultará contraproducente”, enfatiza la neuropsicóloga.

De ahí que aconseje a los padres mantener un diálogo continuado con los monitores y los responsables de las actividades, de modo que puedan conocer de primera mano las características específicas del niño y las tengan en cuenta por si, en ocasiones, deben darle más tiempo o dosificar la información que le dan. “Estos niños aprenden de otra manera y a otro ritmo, y por ello puede ser que necesiten una serie de ayudas o de adaptaciones en las actividades que hacen”, insiste.

Y ¿cuáles son las actividades más idóneas para trabajar la concentración y controlar los impulsos?

1. La música

Aprender a tocar un instrumento, así como leer y componer nuevas piezas musicales, es “especialmente beneficioso” para los niños con TDAH, ya que ello “se refleja en nuevas fibras nerviosas en el lóbulo frontal del cerebro; la relación entre la música y la génesis de neuronas y de asociaciones entre ellas proporciona habilidades cognitivas fundamentales para revertir alteraciones de la conducta como las propias del TDAH”, afirma Marta Calderero.

PH: La Vanguardia

2. Jugar con perros

Investigadores de la Universidad de California demostraron que la terapia asistida con perros puede ayudar a niños con TDAH a mejorar sus habilidades sociales y a reducir las conductas problemáticas. Los resultados del trabajo demostraron que los niños que habían sido tratados con perros experimentaron un aumento de la capacidad de atención y progresos notables en las relaciones con los demás.

Según explica Calderero, “divertirse jugando con perros ayuda al niño a ser más consciente de los momentos en los que pierde la atención o se comporta de manera impulsiva; por ejemplo, el perro reacciona buscando la atención del niño cuando este se despista; o, por el contrario, se queda quieto cuando el niño actúa impulsivamente saltándose las instrucciones; estas reacciones del animal ayudan al pequeño a corregir la conducta al momento y, por ende, a mejorar a largo plazo”.

3. El deporte

La práctica diaria de deporte beneficia la cognición y el comportamiento respecto al aprendizaje de niños y adolescentes de entre 6 y 18 años con diagnóstico de TDAH, según las conclusiones de un estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad de Jaén (UJA).

Si durante unos 20 minutos realizan una actividad física de alta intensidad, su velocidad de procesamiento y su memoria de trabajo mejoran, así como también sus habilidades de planificación y de resolución de problemas. Desgraciadamente, estos resultados solo se mantienen a corto plazo, y no son permanentes. Por esta razón es recomendable que los jóvenes con TDAH hagan ejercicio físico de alta intensidad antes de estudiar para un examen y también durante las horas previas a la prueba de evaluación.

Lamentablemente, a medida que el niño se va haciendo mayor, y si sus calificaciones van empeorando, algunos padres optan por retirarlo de las actividades extraescolares deportivas y las sustituyen por clases de refuerzo de la materia suspendida. “Se trata de un error”, advierte Acebes, “porque es fundamental que un niño con TDAH haga actividad física regularmente; por eso hay que ayudarle a encontrar la disciplina que a él le guste y asegurarnos así de que disfruta del ejercicio y que no le supone una dificultad añadida”.

4. El mindfulness y el yoga

Disciplinas como el mindfulness y el yoga “entrenan a los niños en el reconocimiento de sus emociones, les ayudan a centrar la atención, a estar tranquilos y a aprender a estarse quietos”, explica Acebes. De hecho, una investigación con niños de entre 7 y 12 años, llevada a cabo por la unidad del trastorno por déficit de atención e hiperactividad del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), demostró que la conciencia plena (mindfulnessreduce la inatención, la hiperactividad, la impulsividad y la desregulación emocional de los niños con TDAH.

PH: La Vanguardia

Gracias a la conciencia plena, siempre practicada de manera relajada, los niños que padecen este trastorno pueden aumentar su inteligencia interpersonal. Mediante esta herramienta terapéutica, los pequeños reflexionan sobre su persona y se comprenden más a sí mismos. “Potenciar su inteligencia intrapersonal permite que sean más conscientes de sus estados y de las metas que desean alcanzar, y, en consecuencia, que sean capaces de planificar mejor su manera de actuar”, explica Calderero.

5. El ajedrez

El ajedrez es una actividad que requiere mucha concentración. Quizá por ello pueda parecer contraproducente para a un niño con TDAH. Sin embargo, siempre y cuando se ponga en práctica en un contexto terapéutico y supervisado por profesionales, se ha revelado como un ejercicio altamente eficaz en el tratamiento de este trastorno, como han demostrado en el Hospital Universitario Puerta de Hierro, en Majadahonda (Madrid), poniendo en marcha el programa Jaque Mate al TDAH.

En este sentido, Calderero explica que “el ajedrez permite trabajar la inteligencia logicomatemática y crear hábitos positivos durante el juego”, los cuales más tarde pueden ser aplicados en otros contextos de la vida diaria, como la evolución de mejores hábitos de estudio o un comportamiento más adecuado al interactuar con los demás, respetando los turnos de palabra.

6. Las artes plásticas

“Existen varios estudios que indican que los niños con TDAH tienen una especial tendencia a la creatividad”, explica Acebes, que recomienda las terapias relacionadas con técnicas plásticas y las califica como “estimulantes y motivantes”. Además, la neuropsicóloga destaca que las disciplinas artísticas requieren “concentración, la regulación emocional o de los impulsos, y una combinación de diferentes capacidades orientadas a la ejecución de un plan y la obtención de un resultado”.

Fuente: La Vanguardia

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Por qué no debés normalizar dormir mal, aunque tengas hijos chiquitos

Con la llegada de un bebé a la familia se alteran los horarios y caer en los brazos de Morfeo durante ocho horas seguidas suele ser una utopía. Aunque un recién nacido suele dormir entre 14 y 17 horas, los padres afrontan meses, o incluso años, de privación de sueño. Un estudio reciente indica que es un fenómeno que no solo ocurre durante los primeros meses de vida del pequeño. La realidad es que la pérdida de sueño satisfactorio puede durar hasta los seis años.

PH: Clarín Familias

Dormir menos y peor es algo con lo que cuentan la mayoría de adultos que afrontan la paternidad. Esto obliga a muchos padres a desempeñar sus rutinas diarias como “zombis” debido a los múltiples despertares nocturnos.

“Dormir menos de seis horas solo una noche es una privación aguda”, indica Robyn Stremler, enfermera y profesora de la Universidad de Toronto, en sus investigaciones sobre sueño y crianza.

Una situación que se convierte en crónica tras varias noches. Aumento de mal humor, pérdida de agudeza mental, peor capacidad para resolver problemas, o simplemente para entender a alguien en una conversación, además de agotamiento y falta de energía, son algunas de las consecuencias de la falta de sueño.

Según los expertos, entre los 3 y 6 meses de vida el sistema circadiano alcanza su madurez, lo que se traduce en que los bebés adquieren herramientas para mantenerse despiertos durante el día y consolidar el sueño por la noche.

Con medio año de vida, la teoría dice que la mayoría de los niños duerme de forma ininterrumpida. A esto hay que sumarle entre una y tres siestas, que comienzan a disminuir a los tres años. Si el balance de horas de sueño es mucho mayor al de los adultos, ¿qué ocurre para que los padres sientan una privación de sueño muy por encima de lo que marca la teoría?

“Los niños duermen mucho más que nosotros. En teoría no debería haber mucha afectación en el sueño de los padres”, expone Víctor Soto, coordinador del grupo de pediatría de la Sociedad Española de Sueño. Si ocurre, es por dos cosas: hábitos de sueño deficientes en ambos, niño y padres.

PH: Clarín Familias

Despertares nocturnos

“La expectativa de que el bebé a cierta edad duerma toda la noche es, en algún punto, un mito urbano. O peor, un producto de un modelo de crianza que busca acomodar cuestiones propias de la fisiología de un ser en desarrollo a la necesidad de los adultos. Claro que a todos nos gustaría dormir sin interrupciones, pero la realidad nos dice otra cosa”, dijo Vanina Schoijett, puericultora y creadora de “Duérmete Hannibal” -una parodia, y crítica, del libro “Duérmete Niño” del doctor Eduard Estivill-.

“Sí, existen los bebés que desde los pocos meses hacen tirones de unas cuantas horas por noche, pero sabemos que son los menos. Si no fuera así, no estaríamos hablando de esto ni sería un tema de preocupación”, dice la especialista, que detalló en otra columna sus sugerencias sobre cómo abordar el sueño infantil y los despertares nocturnos. Seguí leyendo sus consejos.

Malos hábitos de sueño

“Si tenemos un niño y queremos seguir acostándonos a la 1 de la madrugada, vamos a dormir mucho menos”, añade Soto. No obstante, lo cierto es que muchos progenitores aprovechan el momento en el que los hijos descansan para resolver asuntos domésticos difícilmente asumibles mientras los hijos están despiertos.

Dejando a un lado el factor adulto, la privación depende de otro elemento: que los hijos hayan adquirido un buen hábito de sueño. “El insomnio infantil es muy frecuente; pero una cosa es que sea muy frecuente y otra es que lo normalicemos”, argumenta Soto. El insomnio infantil se observa en niños que duermen poco o que duermen mal, y es importante saber si nuestro hijo duerme las horas suficientes. “Si un niño tiene necesidad de sueño fragmentado es que por la noche no duerme bien. Si ronca o se mueve mucho puede hacer que tenga un sueño muy alterado”, expone el pediatra.

PH: Clarín Familias

Dormir bien, una prioridad

Aunque la agenda diaria de los padres se ve mermada con las obligaciones diarias de la crianza, establecer unos buenos hábitos de sueño debe ser una de las prioridades. Por supuesto, es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica, y más cuando se tienen bebés con problemas para dormir.

Poner el sueño en el top de la lista de cosas importantes del día no significa que, de repente, se pase a tener noches reparadoras. Se trata de invertir tiempo en establecer hábitos y rutinas que favorezcan la conciliación del sueño en adultos y pequeños. Vale la pena, sobre todo si se tiene en cuenta que menos despertares nocturnos y un incremento de la duración del sueño se relaciona, no solo con el bienestar de los padres, también con una mejor conducta del niño.

“Los grandes estudios sobre sueño infantil coinciden en que los niños autónomos para dormirse tienen mejor autoestima, menos irritabilidad y mejor relación con los padres a los cinco años de vida”, indica Soto. Esto se relaciona con el desarrollo de la zona del córtex prefrontal durante los primeros años de vida. Es la parte más importante para la regulación emocional.

Pautas que pueden mejorar el sueño de los padres

Es importante minimizar el cansancio para poder aplicar las herramientas necesarias hasta que el pequeño sepa dormirse solo. “Hay niños que tienen mucha facilidad para dormir y otros a los que les cuesta más. No se trata de aplicar el método Estivill o el de Carlos González. Hay muchas alternativas”, asegura Soto.

En relación con este tema, Schoijett compartió sus 10 “verdades” que toda familia necesita saber sobre el sueño infantil, basada principalmente en que la idea de “dormir toda la noche” es falsa. Seguí leyendo más de su “decálogo”.

PH: Clarín Familias

Prohibidas las pantallas en la cama

La melatonina es la hormona responsable de inducir el sueño, y se segrega en la oscuridad. “Si nos exponemos a una luz brillante, como ocurre con las luces LED, estamos enviando una señal de que es de día. Esto bloquea la secreción de la hormona”, explica Soto. La consecuencia es que no se tendrá sueño, y el proceso de dormir ocurrirá mucho más tarde.

Por eso, una hora antes de dormir se recomienda no utilizar tecnología. “No debería existir tecnología en la habitación de nuestros hijos”, advierte el especialista, que propone también volver al despertador convencional, en lugar de despertarse con el móvil.

Cuento terapéutico

Dedicar media hora a los hijos antes de dormir tiene un efecto positivo también para los padres. “La capacidad de lectoescritura es una de las habilidades que más se correlaciona con la inteligencia, y compartir un momento íntimo de lectura entre padres e hijos enriquece el vocabulario y ayuda a desarrollar en el niño el gusto y el deseo de leer”, comenta en su libro Todos a la Cama, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao.

Además, la lectura antes de dormir ayuda al cerebro a concentrarse, favoreciendo que termine rindiéndose al sueño. Se trata de un momento de atención plena que ayuda a liberar la mente del estrés. “Leer un cuento antes de irse a dormir es una actividad de desconexión tanto para padres como para hijos”, comparte Soto.

Horario fijo y regular de sueño

Puede que al día le falten horas para completar las tareas previstas, pero si se descuentan horas de sueño para hacerlas será más difícil que el descanso sea de calidad las noches siguientes. Quedarse despierto hasta tarde interfiere en el ritmo circadiano, incluso se intenta recuperar el sueño perdido. Por eso la recomendación profesional es estar en la cama a la misma hora todos los días.

PH: Clarín Familias

Turnarse con la pareja

Establecer buenos hábitos de sueño en el niño puede ser una carrera de fondo y requerir que transcurran los días. Por eso, negociar turnos de sueño durante la noche con la pareja puede ayudar a conciliar el sueño de forma ininterrumpida, al menos durante unas horas.

No entrar en números rojos de sueño

La ciencia demuestra que dormir poco de forma continuada se asocia con una larga lista de afecciones físicas y mentales. Es lo que se denomina déficit de sueño. “No hay nada en nuestra vida diaria en lo que la falta de sueño no tenga un efecto negativo”, comenta la especialista en sueño y autora de Solve Our SleepWhitney Roban. “El sueño se considera el tercer pilar de la salud, junto con la dieta y el ejercicio”, añade.

Adelantar la hora de irse a la cama y tomar algunas siestas durante el día puede ayudar a mantener el balance hasta que se consoliden los hábitos en los hijos.

Fuente: Clarín Familias

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¿Es siempre la fiebre en un niño motivo de alarma?

Los episodios febriles son muy comunes entre los niños de 0 a 3 años. Suelen darse con más frecuencia en aquellos que acuden a centros de escolarización y, especialmente, durante la temporada de invierno. Aunque suelen poner en alerta a los padres, hay que tener en cuenta que no es una enfermedad grave, siendo solo la respuesta del organismo ante una infección.

PH: Adeslas Salud

La fiebre en los niños es la causa más frecuente de asistencia a las urgencias pediátricas en los primeros años de vida. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, cuando la fiebre no es muy alta y no afecta al estado general del niño, ayuda a desarrollar y fortalecer su sistema inmunitario y no necesita ser tratada, por lo que no siempre debe ser considerada como un motivo de alarma.

Infecciones por virus o bacterias suelen estar detrás de la aparición de la fiebre. Estas infecciones no tienen por qué ser importantes ni suponer un grave problema para la salud, pudiendo el propio sistema inmunitario del niño acabar con ellas sin necesidad de recurrir a un tratamiento farmacológico.

En aquellos casos en los que un niño sano tiene fiebre, habría que prestar más atención al estado general del niño que a la propia fiebre. Por tanto, si el niño no tiene un malestar general, no rechaza la comida e, incluso, juega, los pediatras apuntan a que lo más probable es que la enfermedad que ha generado la fiebre no sea grave. En estos casos, el tratamiento estaría únicamente dirigido a aliviar el posible malestar que pueda ocasionar la fiebre.

Entre los remedios que se pueden realizar de forma casera están mantener al niño bien hidratado (la fiebre hace que se sude más y se pierda más agua) y controlar que la temperatura ambiental sea agradable y evitar que el niño tenga mucha más ropa de la necesaria. Además, si los niños toleran el baño, este debería ser un momento de relajación para el niño, pero siempre con el agua a la misma temperatura del menor (no son necesarios los baños en agua fría). Habría que evitar, por otra parte, la utilización de friegas con alcohol, que a pesar de ser una creencia muy extendida, no aporta ningún beneficio al niño con fiebre.

El paracetamol o el ibuprofeno podrían ser de ayuda para mejorar el posible malestar que produce la fiebre en el niño. La recomendación de los pediatras es que su uso no se debe de alternar y que se deben administrar en base al peso del niño. Es importante saber que el paracetamol se puede administrar a partir de los 3 meses, mientras que el ibuprofeno a partir de los 6 meses de vida.

PH: KidSpot

¿Qué signos deben alertar a los padres?

La fiebre debe alertar a los padres de que es un síntoma de una infección o enfermedad grave y que debe ser evaluado por un médico pediatra cuando:

  • Tenga una duración mayor a 48-72 horas.
  • Se presente en un recién nacido o en un menor de 3 meses.
  • Sea muy alta: si supera los 39º C en un niño de 3 a 6 meses o 40º C con cualquier edad.
  • Exista irritabilidad o llanto muy difícil de calmar.
  • El niño tenga convulsiones o pérdida de conocimiento.
  • Haya somnolencia excesiva: es difícil que los padres puedan desperezar al niño.
  • Aparecen lesiones en la piel: en forma de manchitas rojas o moradas.
  • Exista dificultad para respirar: tenga silbidos cuando respira o tenga una respiración muy rápida.
  • Presente vómitos o diarreas persistentes: que puedan suponer una deshidratación para el niño.
  • Si no orina o la orina es muy escasa.

En estos casos hay que llevar a los niños al especialista para que se le realicen las pruebas pertinentes y se pueda obtener un diagnóstico de la enfermedad. De esta forma tratarán la enfermedad de base a la vez que prescribirán los fármacos necesarios para aliviar el estado general de los niños.

Fiebre y COVID19

La fiebre es uno de los principales síntomas de la COVID19, pero es un síntoma que comparte con multitud de enfermedades infecciosas y con gran capacidad de transmisión, aunque la gravedad de las mismas sea mucho menor. Para evitar posibles contagios, especialmente durante la pandemia, los padres tendrían que evitar llevar a los niños a escuelas de educación infantil o al colegio siempre que exista fiebre. También tendrían que considerar otros síntomas que podrían tener relación con la COVID19 como son: tos, congestión nasal, cansancio y vómitos o diarrea. Tanto si el niño solo presenta fiebre como si va acompañado de otros síntomas, el protocolo indica que los padres tienen que ponerse en contacto con el pediatra de Atención Pediátrica para que les dé las pautas a seguir.

En caso de que la fiebre y el malestar en el niño se presente una vez esté en el colegio o escuelas de educación infantil, los padres serán informados y el niño permanecerá aislado hasta que sea recogido por su familia. Posteriormente los padres, igualmente tendrán que contactar con su pediatra y seguir sus indicaciones. En caso de que se confirme que el niño está infectado por COVID19, los padres tendrán que comunicarlo al centro educativo para que este tome las directrices oportunas establecidas para estos casos.

Fuente: Adeslas Salud

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Piel con piel con el recién nacido: cómo se hace y por qué es el mejor comienzo en la vida para tu bebé

El contacto piel con piel con el recién nacido en los primeros momentos de vida es muy beneficioso para tanto a corto como a largo plazo. Ese contacto precoz entre la madre y el bebé que acaba de nacer, en un ambiente tranquilo, reconociéndose, es uno de los momentos más intensos que puede vivir una madre.

PH: Bebés y Más

Cómo practicar piel con piel con el recién nacido

No tiene mucha ciencia. Lo importante es que el bebé esté en contacto con el pecho desnudo de su madre, por lo que hay que colocarlo con la barriga pegadita a tu pecho. Preferentemente, el bebé tiene que estar sin ropa, con pañal, y podemos cubrir su espalda con una mantita para que no tome frío.

Tendrás que sujetar al bebé con una mano juntando sus talones, adoptando la posición que tenía dentro del útero, y colocando la otra mano en su espalda.

Junto con el olfato, el tacto es uno de los sentidos más desarrollados en el bebé al momento de nacer, por lo que estar cerquita tuyo, sintiendo tu calor corporal y recibiendo tus caricias es el mejor lugar donde puede estar.    

Tanto si el bebé es prematuro como si ha nacido a término, esta práctica refuerza el vínculo afectivo entre ambos. Tanto si el parto ha sido vaginal como por cesárea, el contacto piel con piel tras el nacimiento es el mejor comienzo en la vida.

Por qué es lo mejor para el recién nacido

El piel con piel, o Método Canguro, surgió hace años en hospitales que no contaban con incubadoras disponibles para todos los bebés prematuros, y los resultados de esta práctica superaron muy ampliamente las expectativas de los médicos en la recuperación de los pequeños.

PH: Scroll.in

A día de hoy sus beneficios son indiscutibles, y siempre se recomienda poner en contacto piel con piel al recién nacido con su madre en el momento de nacer y siempre que se pueda. Entre sus grandes ventajas, podemos encontrar:

  • Mejora sus constantes vitales: el ritmo cardíaco y el ritmo respiratorio del bebé se vuelve más estable.
  • Ayuda a regular su temperatura corporal: en las primeras horas de vida, el recién nacido aún no tiene ajustados los mecanismos de termoregulación.
  • Mejor adaptación al medio: tras salir del útero materno, el pecho de mamá es el lugar más parecido a donde ha permanecido los últimos nueve meses.
  • Le ayuda a calmarse: el pecho de mamá le aporta tranquilidad y seguridad, reduciendo el estrés del nacimiento. El piel con piel está relacionado con una menor duración del llanto del bebé, en comparación con los recién nacidos que no tuvieron el contacto piel a piel con sus madres.
  • Mejora la tolerancia al dolor: estudios recientes demuestran que reduce la respuesta cerebral de los recién nacidos al dolor, recomendando que las primeras pruebas médicas como el test de Apgar en el momento del parto, así como más tarde la prueba del talón o durante la vacunación, se coloque al bebé piel con piel.
  • Favorece la lactancia materna: la cercanía al pecho, favorece que el bebé se sienta atraído al pecho por el olor y se enganche espontáneamente.
  • Beneficios a largo plazo: la confianza y el amor que se le transmite al bebé al practicar el piel con piel es una experiencia que influirá en el desarrollo de su inteligencia emocional y en su forma de establecer relaciones sociales con otras personas. 

También es lo mejor para la madre. El contacto piel con piel con su bebé recién nacido activa en el cerebro la producción de endorfinas, que aumentan la sensación de bienestar, y de oxitocina, conocida como la hormona del amor, relacionada con la afectividad y el vínculo.

Que no los separen

La primera hora de vida es sagrada para la madre y el bebé. Favorece el contacto precoz entre ambos, contribuyendo a establecer un vínculo afectivo que queda grabado profundamente en su cerebro.

Pero después del nacimiento, el contacto piel con piel sigue siendo muy importante, por lo que hay que favorecer su práctica siempre que se pueda, aunque el bebé ya no sea tan pequeño. Y por supuesto, es una práctica que también se recomienda que realice el padre. Recordemos que los brazos y la protección que le brindan los cuidadores es una necesidad básica de los bebés, tanto como comer o dormir.

Fuente: Bebés y Más

 

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Mis hijos no dejan de pelearse: ¿cuándo y cómo intervenir?

¿Tienes la sensación de que tus hijos no paran de pelearse? ¿Estás harta de que se chinchen y no puedan jugar juntos y tranquilos? ¿Por qué no pueden simplemente jugar y llevarse bien?, te preguntas, quizá agobiado.

Si hay más de un niño en la familia es muy posible que se dé cierta rivalidad entre los hermanos. ¿Por qué sucede? A veces los niños necesitan contacto físico, conectar con su hermano, aunque sea de esa manera, explorar su relación o simplemente, están aburridos.

Según los expertos, cuando los niños se pelean están aprendiendo cualidades importantes, como por ejemplo a manejar las luchas de poder, a resolver diferencias y conflictos, a mostrarse asertivos, a poner límites y cuidarse, a negociar y alcanzar acuerdos… Pero, aunque es posible que contengan un aprendizaje positivo, las peleas también pueden ser momentos difíciles de manejar para los padres si no disponen de las herramientas necesarias para hacerlo.

PH: Raising Children AU

Cuando pelean los niños están aprendiendo a resolver diferencias, a alcanzar acuerdos

También es habitual que exista cierto dolor cuando las expectativas son demasiado altas, pues a menudo los padres ‒sobre todo antes de tener hijos‒ imaginan que sus vástagos serán cariñosos, tranquilos, justos el uno con el otro, que compartirán amablemente sus juguetes… Cuando la expectativa no está a la altura de la realidad pueden sentir malestar o incluso una sensación de pérdida de la imagen irreal que mantenían de sus hijos siendo agradables y amables el uno con el otro la mayor parte del tiempo.

Elisenda Pascual, psicóloga, terapeuta familiar y autora de Criar y jugar (Urano), afirma que las peleas entre hermanos son un indicativo de que los pequeños tienen algún malestar interno. Por ello, lo primero que debemos hacer es tomar conciencia de que “expresar este malestar es positivo”. La idea, según Pascual, es que las personas adultas que acompañan a los niños puedan traducir sus mensajes agresivos para poder comprender y ordenar lo que está sucediendo realmente. Esta terapeuta recomienda, ante todo, conservar siempre la calma: “Mantenerte en un lugar adulto y de neutralidad que, aunque complicada en esos momentos, es muy sanadora y pacificadora”.

Aunque no tenga muy buena prensa en nuestra sociedad, la agresividad de los niños tiene un lado positivo, asegura esta experta: “Está muy mal vista, y a la vez, es una herramienta y un recurso indispensable para la prevención de múltiples abusos. Si tus hijos o hijas la expresan muy a menudo (incluso entre ellos) es importante que puedas facilitarles un espacio‒y un tiempo‒ de presencia en el que puedan canalizarla en forma de juego: golpear cojines, tirar pelotas blandas, golpearos con churros de piscina, romper cajas de cartón, etcétera. ¡Qué no te de miedo su fuerza!”, aconseja Elisenda Pascual.

PH: First Cry Parenting

¿Y qué debemos hacer cuando la pelea se pone fea o explota frente a nuestras narices? ¿Existe una manera de intervenir para pacificar la situación y a la vez ayudar a los niños a aprender a regular sus emociones? La terapeuta aconseja, en este sentido, que seamos cuidadosos en nuestras intervenciones para que no acabemos robándoles a nuestros hijos la posibilidad de aprender a gestionar sus propios conflictos: “A menudo, las personas adultas intervenimos atropelladamente en los conflictos infantiles con nuestra mirada enjuiciadora y con el peso de nuestra moral adquirida”.

Alentrar de una forma tan directa e impaciente en sus dinámicas ‒por más conflictivas que sean‒ “usurpamos a las criaturas la posibilidad de encontrar sus propios recursos para la gestión de sus dificultades. Así, lo que acabamos consiguiendo es que se vayan haciendo dependientes de nuestro apoyo activoy vayan debilitando su propia capacidad resolutiva, que ellos poseen, adecuada a su etapa del desarrollo y muy distinta de la nuestra, sí, pero no por ello menos válida. Confiar en susrecursos y estar cerca para apoyarles siempre que nos lo pidan (o cuando entran en una situación de abuso onegligencia) es la mejor aportación que podemos brindarles”, aclara Pascual.

Cuando hablamos de conflictos entre hermanos, los expertos también advierten de que es importante evitar caer en la tendencia a sobreproteger a la víctima y culpar al agresor. “Lo que nadie nos cuenta”, puntualiza Pascual, “es que ante un conflicto infantil, normalmente hay dos víctimas, dos partes que sufren. Estas pueden tomar dos polaridades: la activa, que es la que proyecta su sufrimiento hacia la otra criatura; la pasiva, que es la que descuenta sus necesidades y se debilita ante la agresión de la otra parte.

En el caso de que las doscriaturas se coloquen en el lugar de la víctima activa, el conflicto toma una dimensión muy agresiva y ruidosa. Aquí tenemos que centrarnos en traducir el mensaje de fondo y preservar la integridad de las criaturas tratando de no intervenir como adultos. Pero si se colocan en el lugar de víctimas pasivas, entonces el conflicto va a brillar por su ausencia (cosa que nosdeja más tranquilos a los adultos, pero que no consigue conectar a los niños con su capacidad de defenderse yautoafirmarse).

También puede suceder que en el conflicto exista una criatura ‒o varias‒ en cada una de las polaridades. En este caso debemos afinar mucho nuestra intervención para que la mirada sea sostenedora y comprensiva para las dos polaridades, comprendiendo que no por hacer más ruido y mostrar más agresividad, uno es más malo que otro”, concluye la terapeuta.

Fuente: La Vanguardia

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Maternidad: cuando la lactancia no es una opción

Los expertos afirman (y a esta altura resulta innegable) que la leche materna es el mejor alimento para el bebé, aportando una gran cantidad de beneficios para su salud. Sin embargo, cuando hablamos del vínculo madre-hijo resulta imprescindible que nos detengamos a pensar una cuestión primordial: el amor, la dedicación y los cuidados son el alimento que nutre emocionalmente al niño; un pequeño recién llegado al mundo, cuya vulnerabilidad sólo encuentra sostén en la mirada de amor y aceptación de la madre o de quien realice la función materna.

Lamentablemente, la sociedad no siempre es comprensiva y respetuosa con las madres que (por la razón que sea) deciden no amamantar; aún en estos tiempos.

Las causas pueden ser muy variadas, desde cuestiones de salud hasta la decisión de no iniciar o continuar una tarea muchas veces por demás difícil y dolorosa, que implica, en gran cantidad de oportunidades, un verdadero sufrimiento tanto para la madre como para el bebé.

En estos casos, una madre que observa con responsabilidad y con amor que la experiencia no está resultando beneficiosa para ambos, y decide entonces no amamantar, es sin duda una madre atenta al bienestar de su bebé.

Pero también sabe que se expone a la mirada y la crítica ajena: ¿por qué no le da el pecho? ¿Prefiere preservar su estética antes que alimentar a su hijo? Son algunos de los señalamientos del afuera.

Ahora bien, siendo tan sencillo de entender, ¿cuál es la razón por la que muchas de estas madres suelen cargar con cuestionamientos y comentarios de desaprobación, en ocasiones por parte de su círculo más íntimo, y otras, de parte de la misma sociedad?

PH: Infobae

«Muchas veces, algunas mujeres se encuentran dando explicaciones sobre la decisión que tomaron, o se descubren sintiendo culpa o preocupación por haber elegido como lo hicieron. ¿Acaso no son los juicios de valor, la incomprensión, los señalamientos y los estereotipos sociales, la falta de adecuada y suficiente información libre de todo prejuicio (para que cada mamá pueda elegir la opción que más se ajuste a sus propias necesidades y a las de su bebé) factores que dañan a esas madres y a sus bebes de manera profunda y silenciosa? Teniendo en cuenta, además, que ambos se encuentran transitando una etapa de enorme vulnerabilidad emocional», reflexiona la licenciada en psicología Vanina Cassano.

Una cosa es conocer los beneficios de la leche materna, y optar por la lactancia si así se desea y además resulta posible, y otra cosa es desconocer que el amor es el principal alimento que todo hijo necesita recibir de parte de su madre.

«El vínculo de sostén y cuidado no depende de la procedencia del alimento. Pero sí se verá afectado si como entorno social no cuidamos emocionalmente a esa mamá, cargándola de dudas, culpas, exigencias y frustración. Como sociedad, nos debemos la tarea de reflexionar sobre todos los mandatos que, más o menos conscientemente, seguimos cargando», asegura la especialista.

La clave es que la mujer sea quien pueda decidir cómo alimentar a su bebé, con libertad y siendo respetada, sin tener que pagar con la culpa por ello. La especialista propone que «lo diferente no debería asustarnos, sino nutrirnos y darnos la oportunidad de apelar a nuestros aspectos más evolucionados, para ampliar nuestras concepciones, o al menos ejercitar la comprensión, la aceptación y el respeto por el otro. En última instancia, se trata de sanar, con una conciencia más despierta, las heridas que tantos mandatos heredados han causado en la mujer y en la energía femenina. Todas somos parte de esta energía que nos reúne y nos sostiene. Y todas, desde nuestro lugar, podemos hacer nuestra parte, pequeña pero indispensable, para que el cambio ocurra».

PH: Infobae

Cuando todo se complica

Mariana lo transitó y lo cuenta en primera persona: «Con Matilda la teta se dio fácil, la fui llevando. Tomó 9 meses y me dejó ella, no tuve trauma. Un día no tomó más. Pero con Máximo tuve muchas complicaciones, y tuve que pedir ayuda a una puericultora. Cuando vos estás en una situación de extrema vulnerabilidad como el post parto con un bebé recién nacido y encima tenés problemas con la teta, hay un lugar en el que una está muy sola, es una soledad intransferible. Es un momento de muchísima vulnerabilidad. Consulté a varias puericultoras hasta que vino una a mi casa y me enseñó y explicó todo», revela.

Para ella, esa alianza fue fundamental: «Fue como cuando entre nosotras armamos la tribu: ella me explicó todo lo que yo no sabía e hizo que eso empezara a ser algo placentero. Muchas veces nos rendimos porque no tenemos a alguien que nos enseñe. Está bueno ayudarnos entre nosotras». Sin embargo, cuando ya no pudo amamantar a su bebé, también intentó que fluyera de la forma más natural posible: «Estaba tomando una medicación muy fuerte y tuve que tomar la decisión de sacarle la teta. Para mí era terrible porque quería seguir y sabía que era mi último hijo, así que la puericultora me dijo que esto no tenía que ser una tortura sino algo placentero y que iba a encontrar otra manera de tener esa misma conexión, por lo que tomé la decisión y fue bastante buena la transición, pero necesité esa ayuda de alguien que supiera desde un lugar muy femenino, que no fuera una amiga».

Gabriela Cortelezzi es empleada en una empresa de salud, su experiencia fue súper angustiante: «Con mi primer hijo Joaquín fue horrible y traumático, no lo llenaba y se quedaba con hambre. Fui a la puericultora y me quedaba horas, me hacían ponerlo en la teta con una jeringuita de costado y darle la leche para que chupe. Era un griterío, me dolía, me sangraban los pechos, pero me negaba a abandonar: leí libros, compré todo lo que me aconsejaron, hice todos los masajes, me encerraba en la habitación a darle la teta para estar sola y él gritaba que no la quería y yo lloraba. Fue bastante traumático. Debe haber durado dos meses, me sentía mal pero después me relajé, tampoco es tan grave como uno piensa».

Con su segunda hija todo fue distinto, desde la experiencia de lactancia hasta su postura sobre el tema: «Con Olivia ya estaba más relajada, se prendió, me salía leche, pero no engordaba, bajaba de peso en cada control, tenía reflujo, le tenía que dar una leche especial, pero al menos le pude dar un tiempo más. Fue otra historia, ya estaba mentalizada, con experiencia y más tranquila. Hoy le diría a quien no puede dar la teta que no pasa nada, que se relajen y sigan. Tengo dos niños sanos con leche de fórmula y soy una madre feliz».

PH: Infobae

La revinculación

Si se complicó pero te negás a bajar los brazos, hay formas de seguir intentando con la lactancia. Valeria Fernández, puericultora, doula y creadora de Oro blanco lactancia materna, aconseja cómo continuar, aunque cada caso es distinto: «depende de muchos factores individuales, pero a grandes rasgos se puede apelar a un plan de extracciones, succión del bebé y el uso del relactador, en el caso de ser necesario. Los resultados van a depender de si hay factores médicos que le impiden a la mujer alcanzar su máxima capacidad de producción, por eso cada historia es única. Yo hablo de lactancias con S, en plural, lo ideal sería que cada una pudiese definir el objetivo de su propia lactancia según sus deseos y posibilidades, darle lugar a muchas posibilidades de lactancias: exclusiva, mixta, con relactador, sin relactador. No hay una respuesta universal porque va a depender de hasta dónde se quiera llegar«.

Ella, que desde su página en Facebook e Instagram asiste a otras madres (buscala como @oroblancolactancia), acuerda en que cada una debe hacer lo que pueda sin ser juzgada: «hay mujeres que no dan la teta porque vieron que no era para ellas, y es tan valioso como la que la da tres años, porque lo más importante es ser consecuentes con una misma y porque, con teta o sin teta, el bebé siempre necesita a su mamá». Y porque lo más importante, es alimentarlo con amor.

Fuente: Infobae

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Exponerse a la polución durante embarazo sube la presión sanguínea de bebés

Vivir durante el embarazo o la infancia en un entorno urbano con altos niveles de contaminación, ruido y una elevada densidad de edificios puede contribuir a aumentar la presión arterial en la infancia, según un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y que se ha efectuado en Valencia, entre otras ciudades.

La investigación, que publica la revista Environment International, ha profundizado en el impacto que tiene el entorno urbano sobre la salud cardiovascular infantil analizando los datos de 4.279 menores participantes en el proyecto europeo HELIX y pertenecientes a seis ciudades europeas, Valéncia y Sabadell (España), Bradford (Reino Unido), Poitiers y Nancy (Francia), y Heraclio (Grecia).

PH: NYU Lagone Health

Los investigadores del ISGlobal, centro impulsado por la Fundación La Caixa, evaluaron diversos elementos del entorno urbano a nivel prenatal, es decir, en el lugar de residencia de las madres durante el embarazo y postnatal.

Los factores contemplados incluyeron el entorno construido, los espacios naturales, el tráfico, la contaminación del aire, el ruido, la meteorología y el índice de privación socioeconómica.

La presión arterial de niños y niñas se tomó cuando estos tenían entre cuatro y cinco años, para poder observar el efecto a largo plazo de los factores analizados.

Así, el estudio concluyó que los niveles más altos de contaminación atmosférica se relacionan con un aumento de la presión arterial infantil, sobre todo si la exposición se da durante los dos primeros trimestres del embarazo.

Según el estudio, un incremento de 9,1 mg/m³ del NO2 del aire se asoció con un aumento de 0,9 mmHg en la presión arterial diastólica de los menores (la presión arterial diastólica infantil sana ronda los 50-80 mmHg).

El valor que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido para proteger a la población de los efectos nocivos del NO2 es de 40 mg/m³, una cifra que ciudades como Barcelona o Madrid superan de manera habitual.

Los investigadores también han concluido que una densidad elevada de edificios se relaciona con una presión arterial más alta y que una buena conexión de transporte urbano se vincula con una presión arterial más baja.

«Estas asociaciones, que podrían reflejar cómo se mueven las personas por la ciudad, tal vez nos indican que una conectividad mayor promueve la actividad física en la población», ha comentado la investigadora del ISGlobal Charline Warembourg.

Según el trabajo, la exposición al ruido también parece relacionarse con un incremento en la presión arterial de los hijos.

Teniendo en cuenta estos resultados y, según concluye la investigación, uno de cada cinco niños viven en un entorno urbano con unos niveles de contaminación atmosférica, ruido, y de densidad de edificios que se relacionan con una presión arterial más elevada que los otros.

«Numerosos estudios demuestran que los niños con presión arterial elevada tienen más probabilidades de desarrollar hipertensión en la edad adulta», ha advertido Martine Vrijheid, líder del estudio y directora del programa de Infancia y Medio Ambiente de ISGlobal.

Vrijeheid ha destacado que este estudio ha evaluado por primera vez el efecto que tienen sobre la salud cardiovascular infantil numerosos factores relacionados con la urbanización.

«La apuesta por mejorar el diseño urbano y la planificación del transporte para mitigar las exposiciones ambientales adversas tiene el potencial de reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares en la edad adulta», han concluido los investigadores.

Fuente: ABC España

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¿Por qué los chicos piden repetir el mismo cuento o película una y otra vez?

“¡Otra vez!” Un cuento, una película… Los niños no se cansan de ver o escuchar la misma historia una y otra vez. Y no solo eso, si no que la disfrutan y juegan a sorprenderse cada vez que llega la parte que les gusta. ¿Qué se juega en esa insistente repetición?

“En su alma de niño está tratando de comprender esa situación que se dio, esa resolución de conflicto. Y como no lo puede decir con otras palabras, pide ‘¿me volvés a contar el cuento?’ y hay que hacerlo todas las veces que haga falta. Porque significa que estamos atentos a lo que el niño está tratando de elaborar en su alma, a nivel de sentimientos y a nivel interior. Hasta que no esté elaborado ese conflicto, esa necesidad de conocimiento, ese aprendizaje interno, no va a pasar a otro, no le va a resultar interesante”, dice Rocío Blanco, manager de Había Una Vez, audiocuentos gratuitos disponibles en plataformas digitales.

PH: Clarín

La repetición, mucho más que saber

“¿Para qué querríamos ver una película que ya vimos y de la que ya sabemos el final? Porque nos gusta verla. He aquí el placer más simple de la infancia, uno que está desligado de la meta utilitaria; aunque a veces se recubra de intereses teóricos (saber), el fin práctico no deja de ser ajeno a los niños”, dice a Clarín Luciano Lutereau, psicoanalista, doctor en Filosofía y doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). “Esto es lo que más caracteriza al juego: un niño puede jugar al mismo juego una y otra vez. El juego es lo que hace que la repetición no sea tediosa”.

“Pensémoslo con una actividad lúdica de adultos: ¿hay algo más monótono que hacer el amor? Sin embargo, no dejamos de hacerlo, ¡incluso con la misma persona durante varios años a veces!”, lanza el autor de Más crianza, menos terapia. Ser padres en el siglo XXI (Paidós), y Esos raros adolescentes nuevos (Paidós), entre otros.

“En mi caso personal, conservo ese vínculo infantil con la música: cuando me gusta una canción, puedo escucharla miles de veces, una y otra vez, pero no creo ser el único: hasta hace un tiempo había aparatos de reproducción que traían la opción ‘repeat’. Aquí puede verse claramente que se trata de la importancia de la repetición: cuando se articula lúdicamente, es decir, con el deseo en su forma más pura, como placer sin finalidad, por sí mismo”.

Y cierra Lutereau: “Esta es la fuente del erotismo en la especie humana, un placer que los animales no conocen, porque de eso que nosotros podemos hacer repetidamente, los animales se cansan más o menos pronto, o bien cuando el circuito llega a su fin. El humano, que es un ser de deseo, busca nuevamente lo mismo y, ¡curiosa paradoja!, siempre le parece diferente”.

Conexión real

Para Blanco, los cuentos son formadores de sabiduría: “En el niño van quedando conceptos, conocimientos de valores, diferentes emociones que le da al niño la base de los valores que va a ir adquiriendo a lo largo de su vida”. Resalta, además, la importancia de estar atentos a la escucha de los más chicos, ver sus reacciones y responder a sus preguntas para generar un espacio real de comunicación.

“¿Cuál es el relato ideal? Lo sabremos con la reacción del niño, que tendrá relación con lo que la historia le evoca, consciente e inconscientemente. Cuando haya obtenido todo lo que necesita de esa historia, pasará a la siguiente”.

Fuente: Clarín Familias

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Cómo acompañar a los bebés en su proceso de dejar los pañales

Durante años, distintos mitos sobre cuál es el mejor momento para que los bebés dejen el pañal influyeron en gran medida sobre la decisión de los padres. En general, la mayoría de los niños logran abandonar el pañal entre los 18 y los 30 meses. No obstante, quitarlo antes de que el pequeño esté biológica y emocionalmente preparado, podría provocar frustración y molestia. Esto también, podría retrasar el proceso debido a que probablemente se convertirá en una batalla de voluntades entre bebés y papás.

Aunque los padres a menudo piensan en sus propios desafíos cuando intentan enseñarle a sus hijos a ir al baño solos, el proceso que atraviesa el pequeño durante el aprendizaje es aún más abrumador. Comprender la perspectiva del bebé ayudará a aclarar el rol como papá que enseña y ayudará al niño a lograr el éxito. Sin embargo, también es indispensable entender cuándo es el mejor momento para dar el siguiente paso en familia. A continuación, las mejores recomendaciones y pasos a seguir para que el bebé pueda abandonar definitivamente el pañal.

PH: Infobae

Preparación

Lo primero es conseguir una bacinilla, ya que muchos niños se sienten más seguros al comenzar con una que se apoye en el suelo en lugar de sentarse en el inodoro. Esto es menos atemorizante y le brinda la seguridad y el equilibrio que necesita al poder dejar sus pies en el piso.

Seguido de esto, colocar la bacinilla en un lugar que sea conveniente y donde el niño pase la mayor parte del tiempo. No necesariamente tiene que ser en el baño, puede mantenerse en un rincón en la sala de juegos, por ejemplo. Lograr un fácil acceso es importante al comienzo. Asimismo, hay que permitir que el bebé explore y se familiarice con el objeto.

Aprendizaje

En importante lograr que el niño practique sentarse en la bacinilla vestido, una o dos veces al día, permitirle que se levante cuando él quiera, ya que el objetivo debe hacerlo sentir cómodo. Además, los papás deberán otorgarle un reconocimiento cada vez que se logre un avance, debido a que cada paso del bebé, por más pequeño que sea y aunque no lo haya completado, es importante. Una vez que se manifieste cómodo al sentarse en la bacinilla vestido, la próxima clave es permitirle que practique sin ropa. Esto lo ayudará a familiarizarse con el concepto de desvestirse antes de ir al baño y le hará sentir el asiento en su piel.

Luego de unos días, cuando el niño haya hecho sus necesidades en el pañal, se deberá tirar los deshechos en la bacinilla de modo que pueda ver dónde debe ir. Es necesario explicarle dónde tiene que estar la orina y la materia fecal. Al mismo tiempo, los papás deben observar los indicios de las necesidades, ya que algunos bebés no lo dirán con palabras, otros gruñirán, harán gestos y se pondrán en una posición particular. Cuando esto suceda, se deberá preguntarle si desea ir al baño.

Otro mecanismo que ayudará a reforzar la idea es permitir que el pequeño vea a los papás sentarte en el inodoro y dejar que se siente en su bacinilla a la misma vez. Para los niños, es más fácil aprender a orinar si lo hacen sentados. Si lo hacen parados, puede ser que no quieran sentarse para hacer popó porque podría prestarse a confusión. Es de total importancia que también practique lavarse las manos con agua y jabón cada vez que se levanta de la bacinilla, incluso si no ha ido al baño.

Otra clave está relacionada con la vestimenta del bebé. Es decir, mantenerlo vestido con prendas que pueda quitarse con facilidad sin tener que desabrochar nada, como un pantalón, un vestido o una falda. Esto aumentará las posibilidades de lograr el éxito. De forma alternativa, se puede permitir que recorra la casa durante unos días sin pantalones.

Además, los papás deberán compartir estos pasos con otros familiares y personas que formen parte de la vida del bebé, como las niñeras o los amigos más cercanos. De esta forma, percibirá expectativas y apoyo consistente, lo que facilitará la transición.

PH: Infobae

Refuerzo

Uno de los mejores apoyos hacia el pequeño en esta etapa está vinculado a que los padres entiendan que puede cometer error, especialmente al principio. No deberán manifestarle enojos, ya que esto podrá interrumpir el proceso. En el caso que el pequeño se resista a hacer algo nuevo, probablemente sea porque no está preparado todavía. Simplemente, se necesita esperar e intentarlo nuevamente en un par de días o, incluso, semanas.

Una vez que la metodología haya tenido éxito durante algunos días, es menester que se de comienzo con la transición hacia el uso de ropa interior. Algunos niños se sienten más seguros con pañales o pantaloncitos de entrenamiento, otros no pueden esperar a usar la ropa interior de «niño grande». En el caso de que el niño tenga miedo a los ruidos del inodoro, los papás no deben obligarlo a que deje correr el agua, sino hacerlo cuando salga del baño. El miedo generalmente se va con el pasar de los meses.

Si bien la mayoría de los bebés logran controlar esfínteres en el período del verano entre los 2 y 3 años cada niño es único. El control de esfínteres es un hito evolutivo que se logra a lo largo de la vida, así como caminar, sentarse, descubrir los gustos de las cosas, entre tantas otras actividades. Pese a esto, dicho objetivo no se alcanza necesariamente a una edad determinada, ni tampoco los padres deben acelerarlo.

Dentro de este contexto, Pampers desarrolló los nuevos Premium Care Pants en talle XXG, los cuales soportan hasta 25 kilogramos de peso. Así, se podrá acompañar a los bebés por más tiempo y durante el momento en que ellos lo necesiten, sin apurarlos y respetando su crecimiento e infancia.

Fuente: Infobae

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La teoría Pikler del movimiento libre para los bebés: autonomía, respeto y acompañamiento

El llamado «movimiento libre», la teoría elaborada por la pediatra húngara Emmi Pikler, es un recurso fundamental para los mapadres de hoy. Como el porteo, la alimentación BLW, los juegos Montessori, una nueva ola de recursos para criar niños autónomos, seguros y confiados recorre las redes. Instagramers, pediatras, influencers de la crianza respetuosa difunden este tipo de acompañamiento para los pequeños en su desarrollo físico y motor.

En el interior de los hogares, los adultos responsables de ese bebé o ese niño, hacen lo que pueden para «adaptar» esos métodos a la realidad cotidiana.

PH: Clarín

Contra la pediatría intervencionista

Según la psicomotricista Mariel Alasia, miembro de la Asociación Argentina de Psicomotricidad, la teoría de Pickler surge en un contexto particular, las conclusiones de sus estudios dieron lugar a lo que hoy se difunde como «movimiento libre» o «psicomotricidad global».

«Su investigación se enmarca en un contexto social en el cual la pediatría observaban que los niños logren determinados ‘hitos’ del desarrollo motor. Ella y su equipo investigancómo se llega a esos lugares, y es una maravilla lo que descubren. Su comprobación es que los niños no necesitan que se les enseñe a caminar o a desarrollarse motrizmente, sino que hay un plan que tenemos todos por ser especie, y que nos permite hacer un recorrido en relación al medio, a los objetos.»

En palabras de Alasia, dichos sociales como «ponelo de pie», «agarrarlo de una mano», «pegarlo contra la pared», quedan obsoletos; son cuestiones culturales en relación a empezar a caminar (y muchas veces, en lugar de sumar, interfieren).

Pikler, del fanatismo a la descontextualización

Como todo lo que adquiere una cualidad de «movimiento», y sus respectivos «a favor» y «en contra», a veces se producen algunos extremos que es importante aclarar.

«Al movimiento Pikler a veces se lo narra un poco descontextualizado», aclara la psicomotricista. «Ella tenía un orfanato en la Hungría de posguerra y entonces recibía niños que se quedaban ahí hasta que la familia los venían a buscar. Ella crea entonces un dispositivo de atención para estos chicos que no tenían familia y después iban a ser dados en adopción». Pikler se dió cuenta de que estos chicos, compartiendo un mismo espacio y sin intervenciones por parte de los adultos, llegaban al mismo desarrollo que los niños «supuestamente estimulados».

«La palabra ‘estimulación temprana’ también tiene su historia. En algún momento cumplió una función enorme (y la sigue cumpliendo) en todo lo que tiene que ver con atención de niños con dificultades (prematurez, discapacidad). La figura de la estimuladora temprana venía a trabajar desde lo profesional ofreciendo eso que el bebé se había perdido, por el motivo que fuera. Nosotros en psicomotricidad hablamos de «atención temprana»; esto es: estamos atentos, disponibles a ofrecer algo oportuno para cada niño».

PH: Clarín

¿Pueden solos?

Es importante moderar esto de que los niños «pueden solos». En la crianza respetuosa aparecen estas puntas: porteo que brinda cuerpo a los bebés o la indicación de dejarlos solos en el piso para que se muevan a piacere. Ninguna de las dos cosas se contraponen, dice Alasia. Los bebés son seres vinculares. La metodología Pikler -justamente por haber salido de una institución para niños huérfanos- da especial importancia a la necesidad de ofrecer a los niños un vinculo afectivo sano, constante y confiable. Las relaciones afectivas son su base para un buen desarrollo cognitivo. Por lo que no se trata simplemente de «dejarlos en un piso para que jueguen», sino de observar lo que necesitan. 

«Vos le das soporte con tu cuerpo, lo hacés jugar, se sienta en tu falda, esto le permite tener un despliegue de movimiento que solito no puede. Si el niño está rolando, pero es chiquito y queda atrapado y no puede salir, el adulto está cerquita. Charla con él mientras está en este brete, espera un ratito, pero no lo va a dejar ahí atrapado para que resuelva solo. Ahí está la mala interpretación de la libertad absoluta para los niños.»

4 tips para mapadres

Sandra Herzberg, especialista en primera infancia, consultora en crianza y docente de ACADP (Asociación Argentina de Puericultura), nos dio algunos consejos prácticos:

1. Cada uno a su tiempo. Cada niño es particular y también su manera de aprender y apropiarse del mundo que lo rodea. Es singular y tiene sus propios tiempos. La primera infancia es un momento complejo, rico, donde suceden múltiples experiencias desde el día uno, e interactúan una variedad de factores: lo biológico, la fisiología, la psiquis, lo cultural, social, contexto histórico, el vínculo, lo económico, familiar y sus funciones. 

2. El adulto debiera funcionar como garante, facilitando un entorno seguro, cómodo, ofreciendo un espacio con una superficie donde el niño explore libremente, presentándole objetos, si su edad evolutiva lo requiere, pertinentes para realizar y conquistar movimientos coordinados y de enorme valor en el neurodesarrollo acorde a su etapa.

3. Asegurar una vestimenta cómoda, holgada, en donde sus manos y pies puedan coaccionar libremente también es sumamente importante. Así como tener las necesidades básicas satisfechas (hambre, higiene, sueño). Así nuestro niño podrá dedicarse de lleno a la tarea de aprender, conocer el mundo con todas sus posibilidades y sin interferencias.

4. La actitud. Los adultos deberán brindar la confianza suficiente para que la curiosidad pueda ir conquistando nuevas experiencias, garantizando un ambiente acogedor, seguro y con libertad para accionar. Debemos tener un rol activo en su desarrollo siendo vehiculizadores y favorecedores en su evolución con ciertos cuidados. Debemos acompañarlos en la conquista de su autonomía respetando sus tiempos.

Fuente: Clarín Familias

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