Por qué es mejor elegir juguetes muy simples para los más pequeños

Tenemos ante nosotros dos juguetes de variados colores: uno ofrece botones que al accionarlos emiten sonidos y el otro está compuesto por piezas de madera de distintas medidas y formas. ¿Cuál escogemos? ¿Cuál es mejor para el niño? Aunque el primero sea más llamativo, los expertos aconsejan la sencillez del juguete porque es un valor en si mismo. Deja el campo más abierto a la imaginación y favorece el aprendizaje.

PH: La Vanguardia

Cuando un niño juega, no sólo se está entreteniendo. Jugar en la infancia significa aprender. Se considera el acto de aprendizaje por excelencia porque, a través del juego, se desarrollan las habilidades ya aprendidas y, a la vez, se adquieren otras nuevas. Jugar estimula las competencias cognitivas y permite su desarrollo social y emocional, así como aporta placer, satisfacción personal y ayuda en el proceso de autoafirmación.

«Jugar es más que entretenerse. Los niños aprenden y se desarrollan jugando. Para ellos es una forma natural de relacionarse con el entorno y con las personas que les rodean. Un buen juego es aquel en el que el niño se divierte y en el cual él -y no el juego- es el protagonista», señala Clara Valls, profesora de Psicología del Desarrollo de la Universidad Abat Oliba CEU.

Antes de comprar un juguete, si no queremos que el niño juegue más con el envoltorio que con lo que alberga el paquete, debemos tener en cuenta algunas consideraciones para que resulte idóneo. «Es muy importante porque el juguete se regala, no se impone. Y si a la criatura no le interesa no va a jugar con él, por muy bueno que nos parezca», señala Imma Marín, fundadora de Marinva, firma especializada en el juego como elemento provocador de innovación y transformación.

Consideraciones antes de decidir y comprar…

  1. ¿Cuáles son sus capacidades y habilidades? Si llena y vacía todo lo que halla, si construye y deconstruye, si empieza con el juego simbólico, si experimenta con su cuerpo, si le gusta la expresión artística o mirar cuentos…
  2. Sobre el juguete: si lo desea, si es adecuado para su edad, si cumple con los requisitos de calidad y seguridad, si favorece la cooperación o propicia la competitividad, si fomenta el desarrollo de sus capacidades emocionales, relacionales y su creatividad, si reproduce estereotipos sexistas o racistas…
  3. El entorno: Si el niño jugará solo o acompañado, cómo es el espacio donde jugará, si la casa es grande o pequeña…
PH: La Vanguardia

¿Qué juguete escogemos?

El juego infantil es sencillo. «Los niños no necesitan muchas cosas para jugar. Los protagonistas del juego han de ser vuestros hijos, no los juguetes», señalan desde el equipo directivo de la Llar d’infants El Tractoret, de Sant Esteve de Guialbes.

Juguetes desestructurados, abiertos, naturales y como cuanto más reales mejor, huyendo del plástico y de los que hacen cosas por si solos, son los consejos que dan los expertos. «Cuanto menos cosas haga un objeto por si solo, más imaginación y creatividad tendrán que tener los niños para darle una función. Hallarán mil y una. En cambio, se cansarán deprisa de aquellos en los que sólo pulsando un botón ya hacen cosas», indican desde el centro educativo.

Un buen juguete es aquel que estimula las ganas de jugar. «Porque el juego es acción. De manera que debe motivarle a hacer cosas con las manos, con el pensamiento, con el cuerpo, ya sea manipulando objetos, organizando estrategias o memorizando, asociando o coordinando movimientos, entre otras cosas. Cualquier juguete que te pone en acción está estimulando tus ganas de jugar (es decir: de crear, imaginar, razonar, escuchar…) y por eso es un buen juguete», señala Imma Marín.

Propuestas de regalo: ¿En qué momento está el niño?

  1. Llenar y vaciar: Botes y cestas de diferentes medidas y formas, objetos para poner dentro como cadenas, cuerdas, anillas o maderas (todo pequeño).
  2. Construir y demoler: Piezas de madera de diferentes formas y medidas​.
  3. Juego simbólico: Muñecas con ropa para vestir y desvestir, herramientas de la cocina infantil lo más reales posibles, coches…
  4. Expresión artística: Pintura, ceras, tizas, pizarras, cartulinas…
  5. Cuentos: Buscar cuentos educativos con títulos sugerentes e ilustraciones atractivas. Son algunos ejemplos: ‘Qué portes dins el bolquer?’, ‘Esto no es una selva’, ‘La Marta i la xocolata’, ‘La ovejita que vino a cenar’…
PH: La Vanguardia

Sin estructurar: Menos es más

La complejidad del juguete no le da más valor. Y menos es más. Una peonza parece, por ejemplo, un objeto sencillo, pero tiene mucha tecnología detrás para que pueda rodar. «El juguete ha de ser el punto de partida de la imaginación del niño, no un punto y final con algo muy estructurado y definido», aclara Marín.

Tampoco tiene que haber muchos juguetes en casa. En la justa medida, ni muchos ni pocos. Pero que el repertorio sea variado para no quedarse limitado con un único perfil de juguete.

Si hay en casa un juguete con estereotipos ya creados por adultos que únicamente el niño tiene que reproducir, no nos debe preocupar. Pero si todo el repertorio es de este tipo, estamos limitando sus posibilidades creativas y de aprendizaje. «Necesitamos juguetes con los que podamos crear el mundo, no manipularlo. Cuanto más libre es el juguete para que el niño pueda imaginar aquello que quiera, mejor», señala Marín, que también es presidenta de Kid’s Cluster, colectivo de empresas que colaboran e innovan para la infancia.

Más que compañía: ¿Jugar con alguien?

Tener alguien al lado durante el juego es una experiencia positiva en todos los sentidos, según los especialistas. «Cuando jugamos con alguien el juego se convierte en una situación menos previsible y más enriquecedora. El juego es más sorprendente y divertido, y a la vez más frustrante. Al jugar acompañado se despliega un abanico de posibilidades de desarrollo del lenguaje, de la capacidad de regulación emocional y de las habilidades sociales. Pero por encima de todo, es una vía para mostrar y recibir afecto, para sentirnos importantes para alguien y por lo tanto es un contexto ideal para fortalecer vínculos entre padres e hijos y entre iguales», señala Clara Valls.

PH: La Vanguardia

Compartir es más divertido, pero a la vez más frustrante 

Una opción es que los padres se sienten con sus hijos y se conviertan en sus compañeros de juego representando roles en sus imaginativas historias, ya sea con disfraces o muñecos. «En este juego simbólico, los más pequeños, de entre un año y medio y cinco años, podrán relajarse, expresarse y desarrollar sus habilidades sociales y su creatividad y lo más importante fortalecer el vínculo con sus padres», resalta esta profesora de la Universidad Abat Oliva CEU.

El debate: ¿Educativos? ¿Tecnológicos?

En los últimos tiempos, se ha generalizado el concepto de «juguete educativo», en cuyo diseño ya se ha contemplado esta vertiente formativa del juego. Este tipo de juegos ha experimentado una gran expansión con el auge de las nuevas tecnologías. Sin embargo, la sofisticación que la digitalización pone el alcance del sector del juguete no siempre es recomendable, sobre todo si se trata de niños pequeños.

PH: La Vanguardia

Según Valls, «las tecnologías digitales ofrecen una gran gama de juegos divertidos y en los que los niños también pueden ser creativos y desarrollarse cognitivamente. Pero para los más pequeños no ofrece la posibilidad de manipular material ni de juego en relación; por lo tanto, pasar demasiado rato frente a las pantallas puede restar tiempo a un juego más educativo para ellos, como los juegos que permiten su desarrollo psicomotriz y la comunicación verbal y no verbal tan necesaria en los primeros años».

Estos juegos, precisamente, pueden ser desde material que favorezca el juego simbólico hasta juegos de mesa sencillos. Los juegos tradicionales aportan, de hecho, todos los aprendizajes implícitos en la relación con los iguales: escucha, respeto, aceptación de las diferencias o resolución de conflictos. Palabra de expertos.

El juego es también una diversión muy responsable. «A través del juego, los niños conocen el mundo que les rodea, aprenden a coordinar sus acciones con la de los otros, a planificar y a valorar los medios por conseguir aquello que quieren; y, como consecuencia, tenemos que entender el juego como una actividad muy seria con la cual el niño aprende de forma natural», señalan desde Orió Serveis Educatius.

En este sentido, desde Orió Serveis Educatius, hacen la siguiente propuesta de juguetes en función de las edades:

De 0 a 9 meses: Manos y boca

En esta etapa, hay que procurar que buena parte del juego se desarrolle desde el suelo, en un espacio blando, con el acompañamiento del adulto, para fomentar las capacidades psicomotrices. Manos, boca y pies son los principales motores de exploración. El niño juega con su cuerpo, el del adulto y con objetos que pueda manipular. Las manos, los pies y el adulto son sus principales juguetes. 

PH: La Vanguardia

El juego se basa en sus capacidades para tocar, coger, ponerse objetos en la boca, sonreír a las personas y emitir sonidos y movimientos. Se recomienda ofrecer materiales de diferentes texturas que llamen la atención. Aprovechar los momentos de comida, baño, cambio de pañales para compartir risas, cosquillas o caricias.

Algunos juguetes podrían ser: sonajeros, móviles de cuna, peluches, mordedores, espejos, alfombras de actividad… A partir de los 6 hasta los 12 meses, se recomiendan pelotas grandes y pequeñas, sonoras y luminosas, muñecas de trapo, balancines… También se puede elaborar una panera de los tesoros con materiales de madera, ropa, metal, instrumentos musicales tipo sonajeros, palos de lluvia…

De 9 a 18 meses: El espacio y los objetos

Es el momento de introducir nuevos elementos en el juego que puedan girarse, rodar y seguir su trayectoria. También que hagan sonidos, así como potenciar juegos y espacios de aparecer y desaparecer, que el niño pueda esconderse o ponerse dentro, porque explora así su propio cuerpo. Con este fin, se pone dentro de diferentes espacios, se columpia… Es interesante introducir juguetes que se puedan romper. Su principal interés será comprender las partes de que se componen los juguetes. Rompe para explorar. Los tira, los monta, los desmonta…  

PH: La Vanguardia

Entre los juguetes recomendados hay peluches, cubos para encajar y apilar, telas , juguetes para morder, cochecitos, paseadores…

De los 18 a los 24 meses: Construir y demoler

En esta etapa el niño combina dos o más juguetes en un tema simple. Hace composiciones con los bloques de construcción. Reproduce con sus juguetes (como la cocinita, los coches o las muñecas, entre otros) el conocimiento que tiene de las actividades de la vida cotidiana, ya sea de la escuela o de casa.

PH: La Vanguardia

Algunas opciones de juguetes son: coches, camiones, triciclos, pizarras, pinturas, instrumentos musicales, juegos de encajar piezas, muñecas y animalitos.

De los 2 a los 4 años: Juego simbólico

Mientras que antes de los dos años el juego es fundamentalmente individual y de exploración, entre los 2 y 4 años se producen cambios relevantes: el interés del niño se centra en los juegos que impliquen saltar, correr, trepar, columpiarse… También ganan precisión en relación a la motricidad fina y eso les permite jugar a juegos de trepar, hacer encajes, construcciones… Hacen un juego simbólico más rico y reproducen muy bien las escenas de la vida cotidiana. Les gusta explorar situaciones nuevas, manipular materiales diferentes utilizando su creatividad, con la tierra hacen pasteles, con piedras construyen carreteras…

PH: La Vanguardia

Una buena opción son los triciclos, las palas, los cubos, los carretones, rompecabezas, cocinitas, pinturas, plastilinas, tambores, guitarras, muñecas…

Hasta aquí el juego: es hora de recoger

El espacio donde juega el niño ha de estar ordenado y no sobrecargado de estímulos. El hábito de recoger también es importante. Una vez se canse de jugar, le ayudaremos a recoger y guardaremos cada cosa en su lugar. «Con el tiempo conseguiremos la autonomía necesaria para que realice este hábito solo», aseguran desde Orió Serveis Educatius. 

Fuente: La Vanguardia

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Piel con piel con el recién nacido: cómo se hace y por qué es el mejor comienzo en la vida para tu bebé

El contacto piel con piel con el recién nacido en los primeros momentos de vida es muy beneficioso para tanto a corto como a largo plazo. Ese contacto precoz entre la madre y el bebé que acaba de nacer, en un ambiente tranquilo, reconociéndose, es uno de los momentos más intensos que puede vivir una madre.

PH: Bebés y más

Cómo practicar piel con piel con el recién nacido

No tiene mucha ciencia. Lo importante es que el bebé esté en contacto con el pecho desnudo de su madre, por lo que hay que colocarlo con la barriga pegadita a tu pecho. Preferentemente, el bebé tiene que estar sin ropa, con pañal, y podemos cubrir su espalda con una mantita para que no tome frío. 

Tendrás que sujetar al bebé con una mano juntando sus talones, adoptando la posición que tenía dentro del útero, y colocando la otra mano en su espalda.

Junto con el olfato, el tacto es uno de los sentidos más desarrollados en el bebé al momento de nacer, por lo que estar cerquita tuyo, sintiendo tu calor corporal y recibiendo tus caricias es el mejor lugar donde puede estar.    

Tanto si el bebé es prematuro como si ha nacido a término, esta práctica refuerza el vínculo afectivo entre ambos.

PH: Bebés y más

Por qué es lo mejor para el recién nacido

El piel con piel, o Método Canguro, surgió hace años en hospitales que no contaban con incubadoras disponibles para todos los bebés prematuros, y los resultados de esta práctica superaron muy ampliamente las expectativas de los médicos en la recuperación de los pequeños.

A día de hoy sus beneficios son indiscutibles, y siempre se recomienda poner en contacto piel con piel al recién nacido con su madre en el momento de nacer y siempre que se pueda. Entre sus grandes ventajas, podemos encontrar:

  • Mejora sus constantes vitales: el ritmo cardíaco y el ritmo respiratorio del bebé se vuelve más estable.
  • Ayuda a regular su temperatura corporal: en las primeras horas de vida, el recién nacido aún no tiene ajustados los mecanismos de termoregulación.
  • Mejor adaptación al medio: tras salir del útero materno, el pecho de mamá es el lugar más parecido a donde ha permanecido los últimos nueve meses.
  • Le ayuda a calmarse: el pecho de mamá le aporta tranquilidad y seguridad, reduciendo el estrés del nacimiento. El piel con piel está relacionado con una menor duración del llanto del bebé, en comparación con los recién nacidos que no tuvieron el contacto piel a piel con sus madres.
  • Mejora la tolerancia al dolor: estudios recientes demuestran que reduce la respuesta cerebral de los recién nacidos al dolor, recomendando que las primeras pruebas médicas como el test de Apgar en el momento del parto, así como más tarde la prueba del talón o durante la vacunación, se coloque al bebé piel con piel.
  • Favorece la lactancia materna: la cercanía al pecho, favorece que el bebé se sienta atraído al pecho por el olor y se enganche espontáneamente.
  • Beneficios a largo plazo: la confianza y el amor que se le transmite al bebé al practicar el piel con piel es una experiencia que influirá en el desarrollo de su inteligencia emocional y en su forma de establecer relaciones sociales con otras personas. 

También es lo mejor para la madre. El contacto piel con piel con su bebé recién nacido activa en el cerebro la producción de endorfinas, que aumentan la sensación de bienestar, y de oxitocina, conocida como la hormona del amor, relacionada con la afectividad y el vínculo.

PH: Bebés y más

Que no os separen

La primera hora de vida es sagrada para la madre y el bebé. Favorece el contacto precoz entre ambos, contribuyendo a establecer un vínculo afectivo que queda grabado profundamente en su cerebro.

Pero después del nacimiento, el contacto piel con piel sigue siendo muy importante, por lo que hay que favorecer su práctica siempre que se pueda, aunque el bebé ya no sea tan pequeño. Y por supuesto, es una práctica que también se recomienda que realice el padre. Recordemos que los brazos y la protección que le brindan los cuidadores es una necesidad básica de los bebés, tanto como comer o dormir.

Fuente: Bebés y más

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Menos pantallas: “Baños de bosque” y otras ideas para sumarles naturaleza a los chicos

Meryl Streep contó hace poco en una entrevista que, cuando tenía 10 años, fue un día a la casa de una amiga y encontró a su madre cortando unas pelotas marrones en la cocina. Cuando le preguntó qué hacía, la mujer le contestó “puré de papas”, a lo que ella respondió “¡Pero qué dices! ¡El puré de papas sale de una bolsa!”.

Internet está lleno de chistes sobre niños a los que se les pide que dibujen una gallina… dibujan un pollo asado en una bandeja. Ni que hablar que la enorme mayoría jamás ha visto nacer un pollito, salvo en YouTube. “Niños de departamento”, diría mi madre meneando la cabeza.

El desarrollo urbano, la vida actual y la extensión de los horarios de escolarización, entre otras cosas, históricamente han hecho que el contacto con la naturaleza sea cada día más difícil de sostener. Ya sea por la falta de tiempo, de espacios verdes al alcance de la mano o inclusive porque cada día nos cuesta más a los padres sacar a nuestros hijos de las pantallas y lograr que se entretengan observando un camino de hormigas. Si a esto le sumamos el confinamiento social por la pandemia, los espacios verdes quedan reducidos a un balcón, un patio o -con suerte- una plaza.

PH: Clarín Familias

Mejor ánimo, y otros beneficios «naturales»

Mientras tanto y en contrapartida (o quizá, en consecuencia), cada día son más los expertos que señalan que el contacto con la naturaleza es fundamental para el desarrollo de nuestros niños. No sólo mejora la salud, sino también el desarrollo motor (desarrolla la coordinación física, equilibrio y agilidad), fomenta la autonomía, la seguridad y la adquisición de valores. Favorece la imaginación y la creatividad, las habilidades sociales e incluso la capacidad de atención y el desarrollo cognitivo.

Algunos apuntan a que las razones de esto pueden ser biológicas: aunque el cuerpo humano esté adaptado al modo de vida urbano, el cerebro todavía añora estímulos que tienen que ver con la experiencia de vivir en la naturaleza. Allí es donde la especie humana ha desarrollado estrategias de adaptación más exitosas para su supervivencia.

Otros sostienen que el estar al aire libre produce un incremento en el número de conexiones neuronales, favoreciendo una organización cerebral rica y variada, y una mayor plasticidad del cerebro hacia el aprendizaje. Hay quienes lo relacionan también con la generación de endorfinas y con la exposición a iones negativos que mejoran la salud y el estado de ánimo.

PH: Clarín Familias

Más «baños de bosque», menos pantallas

De lo que no cabe duda es que el contacto con la naturaleza es necesario y sumamente positivo, al punto de que los efectos de su ausencia ya tienen nombre: «trastorno por déficit de naturaleza». Este término lo acuñó en 2005 el periodista estadounidense Richard Louve en su libro “El último niño del bosque”.

Su investigación concluía que los niños que viven alejados del contacto con entornos naturales se muestran más vulnerables a estados de ánimo negativos y muestran mayor propensión a la obesidad, el estrés, trastornos de aprendizaje, hiperactividad, fatiga crónica o depresión. Además, cuentan con menor capacidad de concentración, son más nerviosos e inseguros, y se aburren más.

Es por esto que los médicos recomiendan -cada vez más- paseos por la naturaleza a sus pacientes; lo que se conoce en el Reino Unido como “receta verde”, en Japón como “baños de bosque” o en Estados Unidos, como “vitamina N”.

PH: Clarín Familias

¿Una recomendación? Hacer el clic de dejar de «hacer cosas» en la naturaleza para simplemente «estar» en la naturaleza. Foto: Shutterstock.

Incluso, cada día más escuelas toman aspectos de pedagogías otrora alternativas como Montessori, e incluyen dentro del aula el cuidado de plantas y los animales como parte de las materias curriculares (resulta evidente que es mucho más difícil aprender la metamorfosis de la rana si nunca has visto un renacuajo).

Katia Hueso, bióloga, naturalista y cofundadora de la primera escuela al aire libre de España dice que la solución no está necesariamente en «mudarse al campo», sino en comprometernos a hacer un cambio de mirada hacia el mundo que nos rodea. Podemos introducir pequeños comportamientos para aprovechar al máximo los escasos momentos de vida al aire libre, así como también agudizar nuestro ingenio para hacer de ellos, una verdadera oportunidad de aprendizaje.

Los beneficios se ven muy rápido: un incremento en la exposición constante a espacios verdes provoca un descenso de los niveles de estrés de los adultos. En los niños se correlaciona con un incremento de su coeficiente intelectual y del desarrollo de la llamada “inteligencia naturalista”, así como con una disminución de los malos comportamientos. Es decir, nos beneficiamos todos.

Podemos introducir pequeños comportamientos para aprovechar al máximo los escasos momentos de vida al aire libre. Foto: Shutterstock.

PH: Clarín Familias

Más naturaleza, aún durante el aislamiento

  • Lo primero que recomienda Hueso es: hacer el clic de dejar de «hacer cosas» en la naturaleza para simplemente «estar» en la naturaleza. Dejar de planificar actividades y juegos de antemano al salir de paseo, y simplemente improvisar, dejarnos sorprender. Esa es la verdadera forma de “conectar” con el medio. Planificar sí salidas recurrentes, pero no hacer un listado de actividades a realizar. Así le daremos forma a la sorpresa, la creatividad, el descubrimiento.
  • Juegos de observación o de clasificación de nuestros hallazgos pueden ser entretenidos. Por ejemplo, en otoño solemos salir a recolectar hojas con mi hija con una botella forrada con cinta doble faz, y vamos pegando en ella todas las hojas que nos llaman la atención, y al regresar a casa las clasificamos por tamaño forma y color. Llevarles ropa cómoda que no nos importe que se rompa o ensucie, que sepan que pueden trepar, correr, embarrarse a gusto.
  • Si no disponemos de espacios verdes en casa (sumado al confinamiento por la pandemia de coronavirus, que complica y condiciona las salidas), podemos intentar acercar la naturaleza a nosotros: armar un rincón verde en el balcón, al menos para que los chicos puedan jugar con tierra. Hacer una huerta de aromáticas en casa, aunque sea en macetas, o hacer un germinador, nos puede dar el pie para hablar del ciclo de vida de las plantas, de la fotosíntesis, etcétera. Los chicos pueden tener plantas propias a las cuales regar y cuidar. Seguí leyendo cómo hacer papel plantable, y otras actividades de jardinería para chicos.
  • Hacer galletas de alpiste y colocarlas junto a un bebedero en el balcón para atraer a los pájaros; hacer o comprar un criadero de hormigas son otras ideas simples y divertidas que no requieren espacio.
  • Mi mayor recomendación es algo que solemos hacer en casa, porque somos muy bicheros, y realmente ha impactado en mi hija increíblemente: investigar sobre cada insecto, anélido o reptil que encontramos. Así hemos tenido como mascota por un día: sapos, caracoles, grillos, langostas, arañas, mariposas, vaquitas de San Antonio, bichitos de la humedad y hasta un gecko casero. Los observamos bajo la lupa, averiguamos qué comen, miramos videos educativos en YouTube sobre ellos y buscamos fotos en Pinterest bajo el microscopio. Esto último es una diversión asegurada.
PH: Clarín Familias

Naturaleza TV

A la hora de ver tele, podemos optar por presentar opciones a nuestros hijos que eduquen en el amor y el respeto por los animales y el medio ambiente. Dibujos animados como «Aventuras con los Kratt» o «Camaleón y las naturales ciencias», educan de manera seria, respetuosa y divertida.

Series como «Planeta Absurdo», «Criaturitas», «If I were an animal», «La tierra de noche» o «Nuestro planeta» son un verdadero regalo en estos tiempos.

En palabras de Hueso, “recuperemos la mirada inocente y la capacidad de asombro del niño que aun llevamos dentro, la curiosidad y la desinhibición para meter los pies en el charco de agua y jugar en el barro, porque al fin y al cabo, lo peor que nos puede pasar es que nos ensuciemos”.

Fuente: Clarín Familias

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Si quieres que tu hijo tenga más memoria y aprenda mejor, no descuides su escritura manual

Neuroinvestigadores y psicopedagogos están de acuerdo en que escribir a mano tiene evidentes ventajas frente al teclado. Entre ellas, la de favorecer un mejor conocimiento de la ortografía, una mayor facilidad y fluidez en la redacción de textos, mayor capacidad y comprensión lectora y mejora de la memoria. Pero la realidad es que la escritura a mano tiende a usarse cada vez menos en el mundo educativo. La experta Eirini Petratou, senior user research manager de BIC, nos explica las múltiples razones para mantener esta habilidad, «como herramienta fundamental para la alfabetización, pero también para el desempeño de las matemáticas».

Según recuerda Petratou, hay múltipes investigaciones que muestran que la fluidez en la escritura está fuertemente relacionada con la calidad y cantidad de textos complejos de los estudiantes. Especialmente, resalta, «la escritura cursiva (o itálica), que puede activar partes del cerebro vinculadas con la fluidez del lenguaje. De hecho, la escritura cursiva reduce las distracciones aumentando el enfoque y fomenta la creatividad. Por lo tanto, es importante no solo seguir usando la escritura a mano en el sistema español, sino también aprovechar su uso para facilitar el proceso de aprendizaje», advierte.

PH: La Vanguardia

La realidad es que los niños cada vez usan más las pantallas dentro y fuera del colegio pero, ¿por qué es tan importante que los niños sigan escribiendo a mano?

La escritura a mano es muy importante para los niños y su desarrollo cognitivo, ya que activa el cerebro más que el teclado e involucra habilidades motoras y cognitivas más complejas. Además, una buena escritura a mano contribuye a leer con fluidez porque activa la percepción visual de las letras. Asimismo, los niños que experimentan dificultades para dominar la escritura a mano pueden evitar escribir y, por lo tanto, producir un trabajo escrito deficiente. A estos niños les resultará difícil corregir su propio trabajo y es posible que les cueste detectar sus propios errores; además, su confianza puede decaer aún más. Los examinadores deben descrifrar lo que está escrito. De lo contrario, los alumnos pueden conseguir notas más bajas, incluso cuando el contenido sea bueno. Muchas de las evaluaciones estandarizadas a nivel estatal y ensayos sobre escritura a mano enfatizan la importancia de la escritura manual. Sin una rápida y legible escritura a mano, los estudiantes pueden perder oportunidades de aprendizaje y tener un rendimiento académico insuficiente.

¿Por qué es tan importante la grafomotricidad y por qué hay que trabajarla toda la vida?

Las habilidades grafomotoras son aquellas que requieren un alto grado de precisión control que deben adquirirse gradualmente a través de la práctica a lo largo de la vida. Las investigaciones muestran que las habilidades grafomotoras comienzan en las primeras etapas de la infancia, por lo que los niños adquieren gradualmente el dominio del espacio y los instrumentos. Lo primero que aprenden son los movimientos de las pinzas y el agarre de diferentes objetos que se hacen cada vez más pequeños. Con el tiempo, estos procesos se automatizan, lo que permite a los niños profundizar y mejorar el nivel de delicadeza y precisión necesarios para escribir correctamente. Los buenos instrumentos de escritura pueden ayudar con este proceso.

PH: What To Expect

¿Cómo incide esto en el aprendizaje?

El cerebro se involucra de manera diferente cuando escribimos algo a mano a diferencia de cuando lo hacemos a través de un tecleado o tocando una pantalla. Los estudios demuestran que la escritura mejora la memoria; los estudiantes retienen mejor el aprendizaje cuando trabajan con nuevas ideas a través de la escritura a mano en vez de teclear.

Además, la investigación muestra que hay algo especial en el desarrollo del lenguaje y en el acto de escrito a mano. En algunos estudios, los niños que practican la escritura manual se desenvuelven mejor en lectura y ortografía. Algunos expertos creen que formar letras a mano mientras se aprenden sonidos activa circuitos de lectura en el cerebro que promueven la alfabetización.

¿Se activan distintas regiones del cerebro al escribir a mano que al teclear?

Sí. En general, el hemisferio izquierdo controla el habla, la comprensión aritmética y la escritura. El hemisferio derecho controla la creatividad, la capacidad espacial, las habilidades artísticas y musicales. Durante las tareas de mecanografía y escritura se activan tres regiones del cerebro: el lóbulo parietal superior izquierdo, la circunvolución supramarginal izquierda y la corteza premotora izquierda cerca del área de Exner.

¿Es cierta la creencia de que escribir apuntes ayuda a aprender, a memorizar?

La escritura a mano aumenta la actividad neuronal en ciertas secciones del cerebro, de forma similar a la meditación. Qué duda cabe de que la escritura agudiza el cerebro y nos ayuda a aprender. La investigación muestra que escribir a mano es bueno para mantener la materia gris en forma e incluso puede influir en nuestra forma de pensar. Los movimientos secuenciales de la mano, como los que se utilizan en la escritura manual, activan grandes regiones del cerebro responsables del pensamiento, el lenguaje, la curación y la memoria de trabajo.

Sin embargo, cada vez nos alejamos más de la escritura, y cada vez tecleamos en mayor cantidad y con mayores errores ortógraficos en simples mensajes de texto, correos electrónicos… Escribir a mano, ¿favorece también una mejor ortografía o redacción?

Cada vez hay más datos que sugieren que un componente motor podría estar involucrado aún más en la adquisición ortográfica. Los movimientos específicos memorizados al aprender a escribir participan en el establecimiento de representaciones ortográficas en la memoria.

Además, la investigación muestra que el aprendizaje de la ortografía es más eficiente cuando está mediado por la escritura a mano que por otras prácticas como la ortografía en voz alta, cualquiera que sea la tarea de producción posterior a la prueba.

Fuente: ABC España

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“La lactancia no debe interrumpirse, incluso si la madre está infectada de COVID-19”: UNAM

No hay evidencia de la transmisión directa de la enfermedad del coronavirus de madre a hijo, aunque sí es necesario seguir medidas de seguridad como uso de cubrebocas, lavado de manos y pecho, desinfección del área y evitar el contacto del bebé con personas ajenas”, dijo María de los Ángeles Torres Lagunas, de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

PH: Infobae

De acuerdo con la especialista, la leche materna es fundamental para proteger la salud de los recién nacidos, por lo que la lactancia no debe ser interrumpida, incluso si la madre está infectada de COVID-19.

Asimismo, dio a conocer que las mujeres embarazadas tienen un seguimiento puntual en los hospitales para detectar síntomas como fiebre, dificultad respiratoria, cambio en los signos vitales o en la saturación de oxígeno, y si el bebé ya nació, el cuidado es para ambos.

Si tiene COVID-19 y está en el hospital, lo recomendable es separarla, mantener al bebé en un cunero y orientar a la madre para que extraiga la leche, que será almacenada para alimentar a su hijo. Este proceso debe hacerse con mucha precaución y con todas las medidas de seguridad”, detalló.

La doctora precisó en su participación en el programa La UNAM Responde, que en la leche no se ha detectado el SARS-CoV-2, está en las gotas de saliva que se expelen al hablar, al estornudar, en la nariz; por ello, es importante que la mamá use cubrebocas, además de lavarse constantemente el pezón y hacer los ejercicios para favorecer la salida de leche, y una vez que amamante, volver a asearse.

La jefa de la División de Estudios de Posgrado de la ENEO recordó que la leche materna es el principal alimento que se puede ofrecer, ya que transmite nutrientes, el aporte calórico requerido, factores inmunológicos y la proteína taurina. Además, enfatizó que también trae beneficios psicológicos, pues el contacto piel a piel y el calor es fundamental emocionalmente.

PH: Infobae

Por otro lado, sólo una de cada 10 mujeres trabajadoras amamanta a sus hijos en México, una práctica que si bien ha logrado incrementarse en el país sigue teniendo niveles muy bajos.

Cada vez mejora el tema en México pero aún falta mucho”, dijo este viernes a Efe Ana Paola Ruiz Magaña, socia fundadora y directora operativa del Proyecto de Apoyo a la Lactancia Materna (Palma).

En la semana mundial de la lactancia materna que se celebra entre el 1 y el 7 de agosto, la especialista en derechos humanos explicó que pese a la importancia que tiene la lactancia materna, en Latinoamérica los tabúes, la cultura y las condiciones laborales siguen siendo un freno para que esta práctica se incremente.

De igual manera, la Organización Mundial de la Salud (OMSrecomienda la alimentación de leche materna de modo exclusivo durante los seis primeros meses de vida y posteriormente se puede acompañar con otros alimentos hasta los dos años de edad.

Mientras que en México, según cifras de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) de 2018, entre los 0 y seis meses solo 28.6% de los niños es amamantado.

En tanto, la Encuesta Nacional de Niños, Niñas y Mujeres, asegura que 31% de los menores de 6 meses son alimentados solo con leche materna, mientras que la mitad de los recién nacidos no son lactados en la primera hora tras el parto.

Fuente: Infobae

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Seis actividades que ayudan a los niños con TDAH

El número de niños con un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no deja crecer. En España, los casos de TDAH se han multiplicado por treinta en los últimos años, sobre todo en niños de entre 8 y 12 años, y esta evolución no está exenta de controversia.

Para algunos expertos, hay una tendencia al sobrediagnóstico de TDAH porque vivimos en una sociedad que tiende a medicalizar cualquier malestar o conducta que se salga del patrón más común y cualquier niño inquieto o distraído acaba con la etiqueta de “hiperactivo”. Otros, como la neuropsicóloga María José Acebes, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, creen que el aumento de los diagnósticos tiene que ver con “el mayor conocimiento sobre este trastorno y los avances que han experimentado las técnicas diagnósticas”.

PH: La Vanguardia

TDAH es un trastorno grave que afecta a un 5 % de los niños y que persiste a lo largo de la vida. No obstante, con el tratamiento adecuado la mitad de los casos remiten en la edad adulta”, apunta Marta Calderero, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. Los síntomas –dificultades de atención, hiperactividad e impulsividad– suelen coincidir con algunas características habituales en los niños, pero que también se manifiestan en ciertas personalidades adultas. Por este motivo, a veces se corre el riesgo de confundir determinados rasgos propios del carácter con este trastorno. La mayoría de los niños son inquietos por naturaleza, pero no se trata de poner una etiqueta de TDAH a toda la infancia.

Según María José Acebes, “existen diferentes situaciones vitales, como por ejemplo problemas familiares o traumas emocionales, que predisponen al individuo a comportamientos similares a los síntomas característicos de un paciente al que le han diagnosticado TDAH”. Y añade que también determinadas condiciones médicas pueden provocar estas conductas que aparentemente se atribuyen al TDAH”.

De ahí que las especialistas subrayen la necesidad de ser cautelosos para evitar diagnósticos erróneos deTDAH. Así, solo se puede hablar de TDAH cuando esos síntomas “están presentes en dos o más contextos, en un grado que no concuerda con el nivel de desarrollo del niño, e interfieren significativamente en su funcionamiento social o académico”, aclara Calderero. Y considera un error diagnosticar TDAH a un niño solo por los síntomas si estos no afectan de forma significativa a su comportamiento en la escuela o sus relaciones con la familia y los amigos.

Las personas con TDAH tienen más dificultades para controlar su respuesta ante estímulos y distracciones, suelen incurrir en hiperactividad y presentan una mayor tendencia a precipitarse en sus decisiones y sus acciones. Además, se manifiestan frecuentemente con conductas impulsivas que dificultan la aplicación de refuerzos a medio o largo plazo, y que pueden llevarlos a subestimar las consecuencias de su comportamiento.

PH: Check Up News Room

Descargar energía y controlar impulsos

Ante este tipo de escenarios, los expertos recomiendan la práctica de actividades que requieran concentración y desarrollo de sus capacidades cognitivas, más allá de las académicas, en las que puedan descargar toda su energía aprendan a controlar sus impulsos. No obstante, Acebes advierte que no todas las actividades valen para todos los niños. “Es muy importante que les interesen y que tengan un cierto atractivo para ellos; solo si al pequeño le interesa lo que está haciendo y lo disfruta será beneficioso; por contra, obligarle a practicar atletismo o a concentrarse en una partida de ajedrez, si a él no le motiva, resultará contraproducente”, enfatiza la neuropsicóloga.

De ahí que aconseje a los padres mantener un diálogo continuado con los monitores y los responsables de las actividades, de modo que puedan conocer de primera mano las características específicas del niño y las tengan en cuenta por si, en ocasiones, deben darle más tiempo o dosificar la información que le dan. “Estos niños aprenden de otra manera y a otro ritmo, y por ello puede ser que necesiten una serie de ayudas o de adaptaciones en las actividades que hacen”, insiste.

Y ¿cuáles son las actividades más idóneas para trabajar la concentración y controlar los impulsos?

1. La música

Aprender a tocar un instrumento, así como leer y componer nuevas piezas musicales, es “especialmente beneficioso” para los niños con TDAH, ya que ello “se refleja en nuevas fibras nerviosas en el lóbulo frontal del cerebro; la relación entre la música y la génesis de neuronas y de asociaciones entre ellas proporciona habilidades cognitivas fundamentales para revertir alteraciones de la conducta como las propias del TDAH”, afirma Marta Calderero.

PH: La Vanguardia

2. Jugar con perros

Investigadores de la Universidad de California demostraron que la terapia asistida con perros puede ayudar a niños con TDAH a mejorar sus habilidades sociales y a reducir las conductas problemáticas. Los resultados del trabajo demostraron que los niños que habían sido tratados con perros experimentaron un aumento de la capacidad de atención y progresos notables en las relaciones con los demás.

Según explica Calderero, “divertirse jugando con perros ayuda al niño a ser más consciente de los momentos en los que pierde la atención o se comporta de manera impulsiva; por ejemplo, el perro reacciona buscando la atención del niño cuando este se despista; o, por el contrario, se queda quieto cuando el niño actúa impulsivamente saltándose las instrucciones; estas reacciones del animal ayudan al pequeño a corregir la conducta al momento y, por ende, a mejorar a largo plazo”.

3. El deporte

La práctica diaria de deporte beneficia la cognición y el comportamiento respecto al aprendizaje de niños y adolescentes de entre 6 y 18 años con diagnóstico de TDAH, según las conclusiones de un estudio llevado a cabo por científicos de la Universidad de Jaén (UJA).

Si durante unos 20 minutos realizan una actividad física de alta intensidad, su velocidad de procesamiento y su memoria de trabajo mejoran, así como también sus habilidades de planificación y de resolución de problemas. Desgraciadamente, estos resultados solo se mantienen a corto plazo, y no son permanentes. Por esta razón es recomendable que los jóvenes con TDAH hagan ejercicio físico de alta intensidad antes de estudiar para un examen y también durante las horas previas a la prueba de evaluación.

Lamentablemente, a medida que el niño se va haciendo mayor, y si sus calificaciones van empeorando, algunos padres optan por retirarlo de las actividades extraescolares deportivas y las sustituyen por clases de refuerzo de la materia suspendida. “Se trata de un error”, advierte Acebes, “porque es fundamental que un niño con TDAH haga actividad física regularmente; por eso hay que ayudarle a encontrar la disciplina que a él le guste y asegurarnos así de que disfruta del ejercicio y que no le supone una dificultad añadida”.

4. El mindfulness y el yoga

Disciplinas como el mindfulness y el yoga “entrenan a los niños en el reconocimiento de sus emociones, les ayudan a centrar la atención, a estar tranquilos y a aprender a estarse quietos”, explica Acebes. De hecho, una investigación con niños de entre 7 y 12 años, llevada a cabo por la unidad del trastorno por déficit de atención e hiperactividad del Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona), demostró que la conciencia plena (mindfulnessreduce la inatención, la hiperactividad, la impulsividad y la desregulación emocional de los niños con TDAH.

PH: La Vanguardia

Gracias a la conciencia plena, siempre practicada de manera relajada, los niños que padecen este trastorno pueden aumentar su inteligencia interpersonal. Mediante esta herramienta terapéutica, los pequeños reflexionan sobre su persona y se comprenden más a sí mismos. “Potenciar su inteligencia intrapersonal permite que sean más conscientes de sus estados y de las metas que desean alcanzar, y, en consecuencia, que sean capaces de planificar mejor su manera de actuar”, explica Calderero.

5. El ajedrez

El ajedrez es una actividad que requiere mucha concentración. Quizá por ello pueda parecer contraproducente para a un niño con TDAH. Sin embargo, siempre y cuando se ponga en práctica en un contexto terapéutico y supervisado por profesionales, se ha revelado como un ejercicio altamente eficaz en el tratamiento de este trastorno, como han demostrado en el Hospital Universitario Puerta de Hierro, en Majadahonda (Madrid), poniendo en marcha el programa Jaque Mate al TDAH.

En este sentido, Calderero explica que “el ajedrez permite trabajar la inteligencia logicomatemática y crear hábitos positivos durante el juego”, los cuales más tarde pueden ser aplicados en otros contextos de la vida diaria, como la evolución de mejores hábitos de estudio o un comportamiento más adecuado al interactuar con los demás, respetando los turnos de palabra.

6. Las artes plásticas

“Existen varios estudios que indican que los niños con TDAH tienen una especial tendencia a la creatividad”, explica Acebes, que recomienda las terapias relacionadas con técnicas plásticas y las califica como “estimulantes y motivantes”. Además, la neuropsicóloga destaca que las disciplinas artísticas requieren “concentración, la regulación emocional o de los impulsos, y una combinación de diferentes capacidades orientadas a la ejecución de un plan y la obtención de un resultado”.

Fuente: La Vanguardia

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Por qué no debés normalizar dormir mal, aunque tengas hijos chiquitos

Con la llegada de un bebé a la familia se alteran los horarios y caer en los brazos de Morfeo durante ocho horas seguidas suele ser una utopía. Aunque un recién nacido suele dormir entre 14 y 17 horas, los padres afrontan meses, o incluso años, de privación de sueño. Un estudio reciente indica que es un fenómeno que no solo ocurre durante los primeros meses de vida del pequeño. La realidad es que la pérdida de sueño satisfactorio puede durar hasta los seis años.

PH: Clarín Familias

Dormir menos y peor es algo con lo que cuentan la mayoría de adultos que afrontan la paternidad. Esto obliga a muchos padres a desempeñar sus rutinas diarias como “zombis” debido a los múltiples despertares nocturnos.

“Dormir menos de seis horas solo una noche es una privación aguda”, indica Robyn Stremler, enfermera y profesora de la Universidad de Toronto, en sus investigaciones sobre sueño y crianza.

Una situación que se convierte en crónica tras varias noches. Aumento de mal humor, pérdida de agudeza mental, peor capacidad para resolver problemas, o simplemente para entender a alguien en una conversación, además de agotamiento y falta de energía, son algunas de las consecuencias de la falta de sueño.

Según los expertos, entre los 3 y 6 meses de vida el sistema circadiano alcanza su madurez, lo que se traduce en que los bebés adquieren herramientas para mantenerse despiertos durante el día y consolidar el sueño por la noche.

Con medio año de vida, la teoría dice que la mayoría de los niños duerme de forma ininterrumpida. A esto hay que sumarle entre una y tres siestas, que comienzan a disminuir a los tres años. Si el balance de horas de sueño es mucho mayor al de los adultos, ¿qué ocurre para que los padres sientan una privación de sueño muy por encima de lo que marca la teoría?

“Los niños duermen mucho más que nosotros. En teoría no debería haber mucha afectación en el sueño de los padres”, expone Víctor Soto, coordinador del grupo de pediatría de la Sociedad Española de Sueño. Si ocurre, es por dos cosas: hábitos de sueño deficientes en ambos, niño y padres.

PH: Clarín Familias

Despertares nocturnos

“La expectativa de que el bebé a cierta edad duerma toda la noche es, en algún punto, un mito urbano. O peor, un producto de un modelo de crianza que busca acomodar cuestiones propias de la fisiología de un ser en desarrollo a la necesidad de los adultos. Claro que a todos nos gustaría dormir sin interrupciones, pero la realidad nos dice otra cosa”, dijo Vanina Schoijett, puericultora y creadora de “Duérmete Hannibal” -una parodia, y crítica, del libro “Duérmete Niño” del doctor Eduard Estivill-.

“Sí, existen los bebés que desde los pocos meses hacen tirones de unas cuantas horas por noche, pero sabemos que son los menos. Si no fuera así, no estaríamos hablando de esto ni sería un tema de preocupación”, dice la especialista, que detalló en otra columna sus sugerencias sobre cómo abordar el sueño infantil y los despertares nocturnos. Seguí leyendo sus consejos.

Malos hábitos de sueño

“Si tenemos un niño y queremos seguir acostándonos a la 1 de la madrugada, vamos a dormir mucho menos”, añade Soto. No obstante, lo cierto es que muchos progenitores aprovechan el momento en el que los hijos descansan para resolver asuntos domésticos difícilmente asumibles mientras los hijos están despiertos.

Dejando a un lado el factor adulto, la privación depende de otro elemento: que los hijos hayan adquirido un buen hábito de sueño. “El insomnio infantil es muy frecuente; pero una cosa es que sea muy frecuente y otra es que lo normalicemos”, argumenta Soto. El insomnio infantil se observa en niños que duermen poco o que duermen mal, y es importante saber si nuestro hijo duerme las horas suficientes. “Si un niño tiene necesidad de sueño fragmentado es que por la noche no duerme bien. Si ronca o se mueve mucho puede hacer que tenga un sueño muy alterado”, expone el pediatra.

PH: Clarín Familias

Dormir bien, una prioridad

Aunque la agenda diaria de los padres se ve mermada con las obligaciones diarias de la crianza, establecer unos buenos hábitos de sueño debe ser una de las prioridades. Por supuesto, es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica, y más cuando se tienen bebés con problemas para dormir.

Poner el sueño en el top de la lista de cosas importantes del día no significa que, de repente, se pase a tener noches reparadoras. Se trata de invertir tiempo en establecer hábitos y rutinas que favorezcan la conciliación del sueño en adultos y pequeños. Vale la pena, sobre todo si se tiene en cuenta que menos despertares nocturnos y un incremento de la duración del sueño se relaciona, no solo con el bienestar de los padres, también con una mejor conducta del niño.

“Los grandes estudios sobre sueño infantil coinciden en que los niños autónomos para dormirse tienen mejor autoestima, menos irritabilidad y mejor relación con los padres a los cinco años de vida”, indica Soto. Esto se relaciona con el desarrollo de la zona del córtex prefrontal durante los primeros años de vida. Es la parte más importante para la regulación emocional.

Pautas que pueden mejorar el sueño de los padres

Es importante minimizar el cansancio para poder aplicar las herramientas necesarias hasta que el pequeño sepa dormirse solo. “Hay niños que tienen mucha facilidad para dormir y otros a los que les cuesta más. No se trata de aplicar el método Estivill o el de Carlos González. Hay muchas alternativas”, asegura Soto.

En relación con este tema, Schoijett compartió sus 10 “verdades” que toda familia necesita saber sobre el sueño infantil, basada principalmente en que la idea de “dormir toda la noche” es falsa. Seguí leyendo más de su “decálogo”.

PH: Clarín Familias

Prohibidas las pantallas en la cama

La melatonina es la hormona responsable de inducir el sueño, y se segrega en la oscuridad. “Si nos exponemos a una luz brillante, como ocurre con las luces LED, estamos enviando una señal de que es de día. Esto bloquea la secreción de la hormona”, explica Soto. La consecuencia es que no se tendrá sueño, y el proceso de dormir ocurrirá mucho más tarde.

Por eso, una hora antes de dormir se recomienda no utilizar tecnología. “No debería existir tecnología en la habitación de nuestros hijos”, advierte el especialista, que propone también volver al despertador convencional, en lugar de despertarse con el móvil.

Cuento terapéutico

Dedicar media hora a los hijos antes de dormir tiene un efecto positivo también para los padres. “La capacidad de lectoescritura es una de las habilidades que más se correlaciona con la inteligencia, y compartir un momento íntimo de lectura entre padres e hijos enriquece el vocabulario y ayuda a desarrollar en el niño el gusto y el deseo de leer”, comenta en su libro Todos a la Cama, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao.

Además, la lectura antes de dormir ayuda al cerebro a concentrarse, favoreciendo que termine rindiéndose al sueño. Se trata de un momento de atención plena que ayuda a liberar la mente del estrés. “Leer un cuento antes de irse a dormir es una actividad de desconexión tanto para padres como para hijos”, comparte Soto.

Horario fijo y regular de sueño

Puede que al día le falten horas para completar las tareas previstas, pero si se descuentan horas de sueño para hacerlas será más difícil que el descanso sea de calidad las noches siguientes. Quedarse despierto hasta tarde interfiere en el ritmo circadiano, incluso se intenta recuperar el sueño perdido. Por eso la recomendación profesional es estar en la cama a la misma hora todos los días.

PH: Clarín Familias

Turnarse con la pareja

Establecer buenos hábitos de sueño en el niño puede ser una carrera de fondo y requerir que transcurran los días. Por eso, negociar turnos de sueño durante la noche con la pareja puede ayudar a conciliar el sueño de forma ininterrumpida, al menos durante unas horas.

No entrar en números rojos de sueño

La ciencia demuestra que dormir poco de forma continuada se asocia con una larga lista de afecciones físicas y mentales. Es lo que se denomina déficit de sueño. “No hay nada en nuestra vida diaria en lo que la falta de sueño no tenga un efecto negativo”, comenta la especialista en sueño y autora de Solve Our SleepWhitney Roban. “El sueño se considera el tercer pilar de la salud, junto con la dieta y el ejercicio”, añade.

Adelantar la hora de irse a la cama y tomar algunas siestas durante el día puede ayudar a mantener el balance hasta que se consoliden los hábitos en los hijos.

Fuente: Clarín Familias

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¿Es siempre la fiebre en un niño motivo de alarma?

Los episodios febriles son muy comunes entre los niños de 0 a 3 años. Suelen darse con más frecuencia en aquellos que acuden a centros de escolarización y, especialmente, durante la temporada de invierno. Aunque suelen poner en alerta a los padres, hay que tener en cuenta que no es una enfermedad grave, siendo solo la respuesta del organismo ante una infección.

PH: Adeslas Salud

La fiebre en los niños es la causa más frecuente de asistencia a las urgencias pediátricas en los primeros años de vida. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, cuando la fiebre no es muy alta y no afecta al estado general del niño, ayuda a desarrollar y fortalecer su sistema inmunitario y no necesita ser tratada, por lo que no siempre debe ser considerada como un motivo de alarma.

Infecciones por virus o bacterias suelen estar detrás de la aparición de la fiebre. Estas infecciones no tienen por qué ser importantes ni suponer un grave problema para la salud, pudiendo el propio sistema inmunitario del niño acabar con ellas sin necesidad de recurrir a un tratamiento farmacológico.

En aquellos casos en los que un niño sano tiene fiebre, habría que prestar más atención al estado general del niño que a la propia fiebre. Por tanto, si el niño no tiene un malestar general, no rechaza la comida e, incluso, juega, los pediatras apuntan a que lo más probable es que la enfermedad que ha generado la fiebre no sea grave. En estos casos, el tratamiento estaría únicamente dirigido a aliviar el posible malestar que pueda ocasionar la fiebre.

Entre los remedios que se pueden realizar de forma casera están mantener al niño bien hidratado (la fiebre hace que se sude más y se pierda más agua) y controlar que la temperatura ambiental sea agradable y evitar que el niño tenga mucha más ropa de la necesaria. Además, si los niños toleran el baño, este debería ser un momento de relajación para el niño, pero siempre con el agua a la misma temperatura del menor (no son necesarios los baños en agua fría). Habría que evitar, por otra parte, la utilización de friegas con alcohol, que a pesar de ser una creencia muy extendida, no aporta ningún beneficio al niño con fiebre.

El paracetamol o el ibuprofeno podrían ser de ayuda para mejorar el posible malestar que produce la fiebre en el niño. La recomendación de los pediatras es que su uso no se debe de alternar y que se deben administrar en base al peso del niño. Es importante saber que el paracetamol se puede administrar a partir de los 3 meses, mientras que el ibuprofeno a partir de los 6 meses de vida.

PH: KidSpot

¿Qué signos deben alertar a los padres?

La fiebre debe alertar a los padres de que es un síntoma de una infección o enfermedad grave y que debe ser evaluado por un médico pediatra cuando:

  • Tenga una duración mayor a 48-72 horas.
  • Se presente en un recién nacido o en un menor de 3 meses.
  • Sea muy alta: si supera los 39º C en un niño de 3 a 6 meses o 40º C con cualquier edad.
  • Exista irritabilidad o llanto muy difícil de calmar.
  • El niño tenga convulsiones o pérdida de conocimiento.
  • Haya somnolencia excesiva: es difícil que los padres puedan desperezar al niño.
  • Aparecen lesiones en la piel: en forma de manchitas rojas o moradas.
  • Exista dificultad para respirar: tenga silbidos cuando respira o tenga una respiración muy rápida.
  • Presente vómitos o diarreas persistentes: que puedan suponer una deshidratación para el niño.
  • Si no orina o la orina es muy escasa.

En estos casos hay que llevar a los niños al especialista para que se le realicen las pruebas pertinentes y se pueda obtener un diagnóstico de la enfermedad. De esta forma tratarán la enfermedad de base a la vez que prescribirán los fármacos necesarios para aliviar el estado general de los niños.

Fiebre y COVID19

La fiebre es uno de los principales síntomas de la COVID19, pero es un síntoma que comparte con multitud de enfermedades infecciosas y con gran capacidad de transmisión, aunque la gravedad de las mismas sea mucho menor. Para evitar posibles contagios, especialmente durante la pandemia, los padres tendrían que evitar llevar a los niños a escuelas de educación infantil o al colegio siempre que exista fiebre. También tendrían que considerar otros síntomas que podrían tener relación con la COVID19 como son: tos, congestión nasal, cansancio y vómitos o diarrea. Tanto si el niño solo presenta fiebre como si va acompañado de otros síntomas, el protocolo indica que los padres tienen que ponerse en contacto con el pediatra de Atención Pediátrica para que les dé las pautas a seguir.

En caso de que la fiebre y el malestar en el niño se presente una vez esté en el colegio o escuelas de educación infantil, los padres serán informados y el niño permanecerá aislado hasta que sea recogido por su familia. Posteriormente los padres, igualmente tendrán que contactar con su pediatra y seguir sus indicaciones. En caso de que se confirme que el niño está infectado por COVID19, los padres tendrán que comunicarlo al centro educativo para que este tome las directrices oportunas establecidas para estos casos.

Fuente: Adeslas Salud

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Piel con piel con el recién nacido: cómo se hace y por qué es el mejor comienzo en la vida para tu bebé

El contacto piel con piel con el recién nacido en los primeros momentos de vida es muy beneficioso para tanto a corto como a largo plazo. Ese contacto precoz entre la madre y el bebé que acaba de nacer, en un ambiente tranquilo, reconociéndose, es uno de los momentos más intensos que puede vivir una madre.

PH: Bebés y Más

Cómo practicar piel con piel con el recién nacido

No tiene mucha ciencia. Lo importante es que el bebé esté en contacto con el pecho desnudo de su madre, por lo que hay que colocarlo con la barriga pegadita a tu pecho. Preferentemente, el bebé tiene que estar sin ropa, con pañal, y podemos cubrir su espalda con una mantita para que no tome frío.

Tendrás que sujetar al bebé con una mano juntando sus talones, adoptando la posición que tenía dentro del útero, y colocando la otra mano en su espalda.

Junto con el olfato, el tacto es uno de los sentidos más desarrollados en el bebé al momento de nacer, por lo que estar cerquita tuyo, sintiendo tu calor corporal y recibiendo tus caricias es el mejor lugar donde puede estar.    

Tanto si el bebé es prematuro como si ha nacido a término, esta práctica refuerza el vínculo afectivo entre ambos. Tanto si el parto ha sido vaginal como por cesárea, el contacto piel con piel tras el nacimiento es el mejor comienzo en la vida.

Por qué es lo mejor para el recién nacido

El piel con piel, o Método Canguro, surgió hace años en hospitales que no contaban con incubadoras disponibles para todos los bebés prematuros, y los resultados de esta práctica superaron muy ampliamente las expectativas de los médicos en la recuperación de los pequeños.

PH: Scroll.in

A día de hoy sus beneficios son indiscutibles, y siempre se recomienda poner en contacto piel con piel al recién nacido con su madre en el momento de nacer y siempre que se pueda. Entre sus grandes ventajas, podemos encontrar:

  • Mejora sus constantes vitales: el ritmo cardíaco y el ritmo respiratorio del bebé se vuelve más estable.
  • Ayuda a regular su temperatura corporal: en las primeras horas de vida, el recién nacido aún no tiene ajustados los mecanismos de termoregulación.
  • Mejor adaptación al medio: tras salir del útero materno, el pecho de mamá es el lugar más parecido a donde ha permanecido los últimos nueve meses.
  • Le ayuda a calmarse: el pecho de mamá le aporta tranquilidad y seguridad, reduciendo el estrés del nacimiento. El piel con piel está relacionado con una menor duración del llanto del bebé, en comparación con los recién nacidos que no tuvieron el contacto piel a piel con sus madres.
  • Mejora la tolerancia al dolor: estudios recientes demuestran que reduce la respuesta cerebral de los recién nacidos al dolor, recomendando que las primeras pruebas médicas como el test de Apgar en el momento del parto, así como más tarde la prueba del talón o durante la vacunación, se coloque al bebé piel con piel.
  • Favorece la lactancia materna: la cercanía al pecho, favorece que el bebé se sienta atraído al pecho por el olor y se enganche espontáneamente.
  • Beneficios a largo plazo: la confianza y el amor que se le transmite al bebé al practicar el piel con piel es una experiencia que influirá en el desarrollo de su inteligencia emocional y en su forma de establecer relaciones sociales con otras personas. 

También es lo mejor para la madre. El contacto piel con piel con su bebé recién nacido activa en el cerebro la producción de endorfinas, que aumentan la sensación de bienestar, y de oxitocina, conocida como la hormona del amor, relacionada con la afectividad y el vínculo.

Que no los separen

La primera hora de vida es sagrada para la madre y el bebé. Favorece el contacto precoz entre ambos, contribuyendo a establecer un vínculo afectivo que queda grabado profundamente en su cerebro.

Pero después del nacimiento, el contacto piel con piel sigue siendo muy importante, por lo que hay que favorecer su práctica siempre que se pueda, aunque el bebé ya no sea tan pequeño. Y por supuesto, es una práctica que también se recomienda que realice el padre. Recordemos que los brazos y la protección que le brindan los cuidadores es una necesidad básica de los bebés, tanto como comer o dormir.

Fuente: Bebés y Más

 

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Mis hijos no dejan de pelearse: ¿cuándo y cómo intervenir?

¿Tienes la sensación de que tus hijos no paran de pelearse? ¿Estás harta de que se chinchen y no puedan jugar juntos y tranquilos? ¿Por qué no pueden simplemente jugar y llevarse bien?, te preguntas, quizá agobiado.

Si hay más de un niño en la familia es muy posible que se dé cierta rivalidad entre los hermanos. ¿Por qué sucede? A veces los niños necesitan contacto físico, conectar con su hermano, aunque sea de esa manera, explorar su relación o simplemente, están aburridos.

Según los expertos, cuando los niños se pelean están aprendiendo cualidades importantes, como por ejemplo a manejar las luchas de poder, a resolver diferencias y conflictos, a mostrarse asertivos, a poner límites y cuidarse, a negociar y alcanzar acuerdos… Pero, aunque es posible que contengan un aprendizaje positivo, las peleas también pueden ser momentos difíciles de manejar para los padres si no disponen de las herramientas necesarias para hacerlo.

PH: Raising Children AU

Cuando pelean los niños están aprendiendo a resolver diferencias, a alcanzar acuerdos

También es habitual que exista cierto dolor cuando las expectativas son demasiado altas, pues a menudo los padres ‒sobre todo antes de tener hijos‒ imaginan que sus vástagos serán cariñosos, tranquilos, justos el uno con el otro, que compartirán amablemente sus juguetes… Cuando la expectativa no está a la altura de la realidad pueden sentir malestar o incluso una sensación de pérdida de la imagen irreal que mantenían de sus hijos siendo agradables y amables el uno con el otro la mayor parte del tiempo.

Elisenda Pascual, psicóloga, terapeuta familiar y autora de Criar y jugar (Urano), afirma que las peleas entre hermanos son un indicativo de que los pequeños tienen algún malestar interno. Por ello, lo primero que debemos hacer es tomar conciencia de que “expresar este malestar es positivo”. La idea, según Pascual, es que las personas adultas que acompañan a los niños puedan traducir sus mensajes agresivos para poder comprender y ordenar lo que está sucediendo realmente. Esta terapeuta recomienda, ante todo, conservar siempre la calma: “Mantenerte en un lugar adulto y de neutralidad que, aunque complicada en esos momentos, es muy sanadora y pacificadora”.

Aunque no tenga muy buena prensa en nuestra sociedad, la agresividad de los niños tiene un lado positivo, asegura esta experta: “Está muy mal vista, y a la vez, es una herramienta y un recurso indispensable para la prevención de múltiples abusos. Si tus hijos o hijas la expresan muy a menudo (incluso entre ellos) es importante que puedas facilitarles un espacio‒y un tiempo‒ de presencia en el que puedan canalizarla en forma de juego: golpear cojines, tirar pelotas blandas, golpearos con churros de piscina, romper cajas de cartón, etcétera. ¡Qué no te de miedo su fuerza!”, aconseja Elisenda Pascual.

PH: First Cry Parenting

¿Y qué debemos hacer cuando la pelea se pone fea o explota frente a nuestras narices? ¿Existe una manera de intervenir para pacificar la situación y a la vez ayudar a los niños a aprender a regular sus emociones? La terapeuta aconseja, en este sentido, que seamos cuidadosos en nuestras intervenciones para que no acabemos robándoles a nuestros hijos la posibilidad de aprender a gestionar sus propios conflictos: “A menudo, las personas adultas intervenimos atropelladamente en los conflictos infantiles con nuestra mirada enjuiciadora y con el peso de nuestra moral adquirida”.

Alentrar de una forma tan directa e impaciente en sus dinámicas ‒por más conflictivas que sean‒ “usurpamos a las criaturas la posibilidad de encontrar sus propios recursos para la gestión de sus dificultades. Así, lo que acabamos consiguiendo es que se vayan haciendo dependientes de nuestro apoyo activoy vayan debilitando su propia capacidad resolutiva, que ellos poseen, adecuada a su etapa del desarrollo y muy distinta de la nuestra, sí, pero no por ello menos válida. Confiar en susrecursos y estar cerca para apoyarles siempre que nos lo pidan (o cuando entran en una situación de abuso onegligencia) es la mejor aportación que podemos brindarles”, aclara Pascual.

Cuando hablamos de conflictos entre hermanos, los expertos también advierten de que es importante evitar caer en la tendencia a sobreproteger a la víctima y culpar al agresor. “Lo que nadie nos cuenta”, puntualiza Pascual, “es que ante un conflicto infantil, normalmente hay dos víctimas, dos partes que sufren. Estas pueden tomar dos polaridades: la activa, que es la que proyecta su sufrimiento hacia la otra criatura; la pasiva, que es la que descuenta sus necesidades y se debilita ante la agresión de la otra parte.

En el caso de que las doscriaturas se coloquen en el lugar de la víctima activa, el conflicto toma una dimensión muy agresiva y ruidosa. Aquí tenemos que centrarnos en traducir el mensaje de fondo y preservar la integridad de las criaturas tratando de no intervenir como adultos. Pero si se colocan en el lugar de víctimas pasivas, entonces el conflicto va a brillar por su ausencia (cosa que nosdeja más tranquilos a los adultos, pero que no consigue conectar a los niños con su capacidad de defenderse yautoafirmarse).

También puede suceder que en el conflicto exista una criatura ‒o varias‒ en cada una de las polaridades. En este caso debemos afinar mucho nuestra intervención para que la mirada sea sostenedora y comprensiva para las dos polaridades, comprendiendo que no por hacer más ruido y mostrar más agresividad, uno es más malo que otro”, concluye la terapeuta.

Fuente: La Vanguardia

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